lunes, 16 de julio de 2018

Florderrei

Para Gonzalo Navaza (Fitotoponimia galega, 2006) el topónimo Florderrei (Riós y Vilardevós) no es un fitotopónimo que aluda a elementos vegetales, como podría parecer a primera vista, sino un topónimo creado a partir de un nomen possesoris de origen germánico, tal vez un Falderedi o un *Floreredi, nombre que permitió "logo de perderse a conciencia da súa orixe, unha interpretación popular como 'flor de rei', favorecida tal vez polo paralelismo co topónimo veciño de Monte (de) Rei" (pg. 278).

Por su parte, Fernando Cabeza Quiles no duda de que esta toponimia en Rei (Palas de Rei, Neira de Rei, Monterrei, etc.) haga referencia a posesiones de un rey, o tierras de realengo (Toponimia de Galicia, 2008 sub "Voz de Rei"). En general la mayoría de los investigadores dan por supuesto que la etimología de estos reyes de la toponimia es el latín regem, "soberano, rey". Y así es, pero sólo en algunos casos, en el resto, -rrei o Rei es un hidrónimo proveniente del término prerromano galaico-lusitano REVE, "río", estudiado por Francisco Villar y bien documentado en la epigrafía galaico-lusitana. Por este motivo, la afirmación de Navaza de que "temos tamén un hidrónimo Río de Florderrei (en Vilardevós), que toma o seu nome do da entidade de poboación máis próxima", es justamente al contrario, siendo la población la que toma el nombre del río.

REVE > REE > REI. Algo de esto habíamos visto ya cuando tratamos Bozarrei y el nombre del río de Lugo Rei Chiquito, que no describe evidentemente a un soberano pequeño, sino a un río pequeño. Se produce, entonces, una bonita interpretación popular del río como rey, pero sin base etimológica alguna.

Otra prueba fundamental de que el -rrei de Florderrei proviene del étimo prerromano REVE es que precisamente en Florderrei Vello apareció una de las aras dedicadas a REVE, el río divinizado, con el siguiente texto: REVVE REUMIRAIGO FRONTO... Presenta la particularidad de que el hidrónimo aparece duplicado bajo dos formas, una completa REVVE, y otra apocopada REU-. Como si dijéramos "AL RÍO REUMIR / RAMIR" o algo semejante. No son extrañas las tautologías en la toponimia; con ellas se acumulan en un mismo nombre de lugar variantes o traducciones de un mismo referente a las diversas lenguas que se van superponiendo en el territorio. Ahora veremos otro interesante caso de topónimo tautológico, el de Florderrei.

Ara a REVE en el Museo Provincial de Lugo. REO PARAMAEGO. (C) Andregoto Galíndez.

Visto el segundo elemento del compuesto, pasamos al primero, que podría corresponder al superestrato germánico suevo: fluss, "río". Habida cuenta de que el latín flos-floris, "flor", experimenta rotacismo radical, es muy probable que el sustantivo germano haya sufrido una identificación temprana con esta palabra latina, o bien experimentado la misma evolución con rotacismo. Así pues *Fluss Reve > Flos Rei > Flor de Rei, sería un hidrónimo tautológico en lengua germana y céltica o paleoeuropea. No obstante, el río galaico Florius ("Florius amnis" del Promontorio Céltico) documentado por Plinio, sugiere también la posibilidad de una forma céltica paleoeuropea *flos-flor, "río", cognada del germano fluss, "río".

domingo, 15 de julio de 2018

El hidrónimo Eume

El río Eume nace en Río Pequeno, que da paso al Pieles, en la Serra do Xistral (Lugo).

Minuta cartográfica del IGN.

Respecto al hidrónimo Pieles, cabe suponer su origen a partir del latín pila, "concavidad para depósito de agua", en diminutivo plural: pilellas > pielas (con pérdida de la -l- intervocálica y simplificación de la geminada -ll- propia del gallego). Esta misma etimología ha de tener el topónimo zamorano Peleas, de pilellas con yeísmo (pileyas) y posterior eliminación de la semiconsonante antihiática. Dudo de que el hidrónimo Pieles no haya sufrido algún tipo de corrupción, puesto que en la documentación medieval galaica siempre encontramos Pielas, siendo imposible argumentar que se trate de un femenino plural en -es, como en asturiano:
  • arroyo de Piellas - año 841 (Lugo)
  • Lama de Pielas - año 977 (Xubia)

El uso de denominadores como Río Pequeno frente a Río Grande (por ejemplo, otro de los nombres del río Xubia) está motivada evidentemente por el tamaño del río (cfr. Rei Chiquito, en Lugo), pero no sólo, porque en el caso del Eume se aplica al lugar de su nacimiento. Desde esta perspectiva, la denominación Pequeno podría encajar en el sistema de linajes fluviales que he desarrollado a partir de la propuesta de los potamónicos parentales de Xaverio Ballester, esbozada en "Hidronimia paleoeuropea: una aproximación paleolítica" (2007) y en "Deva y otros devaneos arqueoibéricos" (2009).

Frente a las raíces reconstruidas de la hidronimia paleoeuropea a las que estamos acostumbrados, todas ellas relacionadas con conceptos hídrico-fluviales como "agua", "fluir", "cauce", "tragar", "moverse", etc. Ballester nota una tendencia a la denominación parental humana en el sistema de nomenclatura de los hidrónimos paleoeuropeos, que explica por un tabú lingüístico: "los yakutos llaman 'abuela' al río, mientras que todavía en época reciente los rusos llaman 'mamita' (matuska) a los grandes ríos". Según el autor, son las raíces ama, ana, aba, apa como términos de parentesco humano que designan a la madre, a la abuela, o al padre, las que aparecen en un subsistema de la antigua hidronimia europea. Como ejemplos recientes de que efectivamente se produjo este hecho está el nombre del río Marne < Matrona, y en Galicia los numerosos casos de Madre de Auga (A Mezquita), A Madredauga (O Saviñao), Rego da Madre (Foz), Regueiro da Madre (O Páramo), Fonte de Boamadre (A Teixeira), Fonte da Madroa (Vilariño de Conso) o mismamente el título poético de Padre Eume, que recuerda a la fórmula Tiberinus Pater de los romanos.

El origen del sistema de nomenclatura basado en los nombres de parentesco humano pudo haber sido causado por tabú lingüístico, como defiende Ballester, como mero tratamiento de respeto al río; pero también por equiparación entre los linajes humanos y los intrincados sistemas fluviales. Así, descubrimos que en la hidronimia paleoeuropea la nomenclatura de los ríos conserva trazas de una jerarquía de parentesco o filiación humana que no sólo se reduce al tratamiento de Madre / Padre.

Hay ríos que se consideran hermanas entre sí, como el Sor, que nace en Ambosores (latín sor = hermana) y compite en la carrera de la leyenda de "Las tres fuentes hermanas", o el Suir irlandés, que forma parte del sistema fluvial de las Three Sisters (tSiuir = hermana en gaélico irlandés). Respecto al Sor, JJ Moralejo no descartaba que la documentación medieval "Saur" fuese pseudo-latinización de un original Sor ("Hidronimia prerromana de Gallaecia", Onomástica Galega II, 2013, ed. Kremer). 

Hay ríos hermanos, como el Frade (Bueu), afluente del Bispo (trasladada la jerarquía familiar a la eclesiástica), o el Frei Bermuz, afluente del Eume.

Ríos que podrían ser nietos o sobrinos, si hacemos caso de la antigua forma Nepta > Neda, que podría ser el antiguo nombre del actual río Belelle: "incipit in ipsa aqua quae intrat in ipso fluuio de Nepta" (año 977, Xubia).

Ríos gemelos: posiblemente el topónimo Arauzo de Miel (Burgos), documentado como "Arabuzo de Gemielle" en 1062, proceda del término latino gemellus, en el sentido hidronímico que estamos proponiendo.

Teniendo presente esta posibilidad, el hidrónimo Eume, bien haya sido en origen Ume (como defendía Isidoro Millán González-Pardo*), bien haya sido un compuesto bitemático E-Ume (como pensaba don Edelmiro Bascuas**), puede considerarse en relación con el hidrónimo euskera Urumea, compuesto cuyo segundo elemento es el sustantivo vasco umea, "niño, pequeño". Tiene sentido al observar el nombre que continúa llevando, en otra lengua, el río en su nacimiento, Río Pequeno, y asimismo se encuadra en la hipótesis que venimos exponiendo sobre la existencia de un subsistema paleoeuropeo de nomenclatura hidronímica basado en el de los linajes familiares humanos. Parece que el sustantivo ume / umea, "pequeño", conservado por la lengua preindoeuropea vascuence pudo haber estado diseminado por toda Europa, a la luz de casuística como Umia (Pontevedra), Uma (afluente del Tea), Eume (A Coruña), Irimia (nacimiento del río Miño en Lugo), Urumea (Navarra-País Vasco) y Umeälven (Suecia).

* Toponimia del Concejo de Pontedeume y Cartas Reales de su puebla y alfoz, 1987.
** Estudios de hidronimia paleoeuropea gallega, 2002.




viernes, 13 de julio de 2018

La niebla de la A8 en un documento del siglo VI

El fenómeno meteorológico de la niebla de la A8 entre Vilalba y Lourenzá, como era de suponer, no es nuevo (producto del cambio climático) ni desconocido, salvo para los que tuvieron la ocurrencia de llevar el trazado de la autovía por ahí. Ya existía en el pasado, y era tan persistente que daba nombre a uno de los montes que servía de límite al condado medieval de Montenegro, al que pertenecían Vilalba y Mondoñedo: "pertransiens ad Nepulario montem in directum, finitur ad flumen Euue, ibi intromititur in mare" (= pasando directamente el monte Neboeiro, se acaba en el río Eo, allí donde entra en el mar; fuente CODOLGA, año 572, Tumbo Viejo de Lugo).

Aunque no encontramos en la actualidad ningún monte Neboeiro en la zona de Vilaba, sí aparece un Leboreiro / Lubureiro / Lugureiro (variantes de la minuta cartográfica) junto a la villa, que podría provenir del latín nebulario, con sustitución de alveolares n->l- y líquidas -l->-r-. Hasta este punto baja en ocasiones la niebla desde O Fiouco, desparramándose por el otro lado hasta Ribadeo.

El Nepulario que citamos, vinculado a la zona del Eo, es distinto del que menciona Cabeza Quiles en su Toponimia de Galicia en la entrada Nibueiro (Teilán - Bóveda, Lugo), que supongo que se referirá a este otro texto: "per ipsum montem Uulturaria ubi (di)cent Nebulario et descendit ad illum rogium que descendit de Remesar" (fuente CODOLGA, año 791, documentación de Monforte).

La toponimia Nebueiro / Neboeiro / Nibueiro / ¿Leboreiro? nos remite, por lo tanto, a la niebla (lat. nebula), no a la nieve ni a las nubes, como podría parecer tras la pérdida experimentada por el gallego de la -l- intervocálica latina (nebulario > neboeiro). Con estas espesas brétemas está relacionada la figura mitológica del concitador de tempestades, que mejor que un Nubeiro, será un Neboeiro. Y hasta es posible que estos montes denominados así por la espesa niebla que los cubría se creyesen también habitación de los demonios tempestarios.

A falta de las medidas antiniebla prometidas en el tramo de la A8 donde habita el Neboeiro sugiero recurrir a los viejos remedios en caso de extrema necesidad:
  • Oración para pasar el Alto do Fiouco, en latín parece más efectiva pero puede que la memoria falle con los nervios (puede llevarse escrita, colgada del retrovisor):
Vobis praecipio immundissimi spiritus, qui has nebulas, seu nubes concitatis
"Os conjuro espíritus inmundos, que convocáis a las nieblas o a las nubes"
  • También podría funcionar este otro conjuro, elegido de entre los que recogió el Padre Cunha Brito ("Etnografía Minhota", Revista Lusitana 1912):
"Neboeiro, fuge dai,
Qu'ai bem na Maria Andrésa
Co'as papas na caldeira
P'ra te pôr na moleira!"

jueves, 12 de julio de 2018

El ramo de San Andrés de Teixido. Una tradición cambiante

Allá por 1921 Don Federico Maciñeira y Pardo de Lama escribía con su estilo ampuloso que el romeiro que peregrinaba a San Andrés de Teixido debía volver con el ramo: "procedentes de las fragosidades de aquellas vertientes, véndense en el lugar, los días de romaxe, ramas de tejo y largas varas de avellano -de cuya naturaleza, al decir de la mitológica fábula, era también la vara con que Apolo obsequió a Mercurio (no olvidemos que arriba dejamos los amilladoiros o montones de Mercurio) sirviéndole luego de caduceo-, y los peregrinos las adquieren, atando las ornamentales ramas con largas cintas al extremo de la vara, a guisa de penacho, del cual cuelgan a su vez las metálicas efigies del Santo y algunas rosquillas de pan", y luego añadía en nota, "los romeros del norte de Galicia y de Asturias ya no llevan generalmente el ramo de tejo, pero sí la vara de avellano desprovista de todo adorno; lo cual nos indica cómo poco a poco va cayendo en desuso lo tradicional" (San Andrés de Teixido. Historia, leyendas y tradiciones, Litografía Roel, A Coruña, pg. 87-88).

Fotografía del ramo de San Andrés según la revista Galicia Terra Meiga.
Se pueden observar las ramas de tejo, la hierba de enamorar en flor y dos sanandresiños, la escalera y el clavel marino,
todo atado al extremo de la vara de avellano.

Casi un siglo más tarde la composición del ramo de San Andrés había variado un poco. En un incunable que poseo de la revista Galicia Terra Meiga. Revista de etnografía galega e o mundo celta, nº 1, mes de San Xoan, 2000, monográfico dedicado a "San Andrés de Teixido. Historias de Romeiros e Peregrinos", se describe como sigue: "el ramo de San Andrés se hace con una vara de avellano, ramas de tejo, la Herba de Namorar y los Sanandreses, que son figuritas de miga de pan elaboradas a mano por los artesanos del lugar y que hacen referencia a la vida del santo: la mano, la barca, el pez, el pensamiento, la figura del santo... y otras, ya que -como sabemos- San Andrés fue pescador" (pg. 8).

Como vemos permanecen los elementos vegetales, añadiéndose la herba de namorar, pero en cambio los dos colgantes del ramo, la efigie metálica del santo y las rosquillas (que todavía se venden para consumo engarzadas en una vara, unas blancas de azúcar y otras morenas), son sustituidas por una simbiosis de ambos elementos, los sanandreses, figuras de miga de pan que representan al santo y su vida. Entiendo que con esta sustitución se trató de abaratar costes ya que la efigie metálica podría resultar cara para el romeiro. También, o por lo menos en la fotografía del año 2000, han desaparecido las largas cintas con que se ataba el conjunto al extremo de la vara de avellano.

Me alegra conocer el importante detalle descrito por Maciñeira de que las rosquillas formaban parte del ramo, ya que emparenta al ramo de San Andrés con los espectaculares ramos asturianos, donde el pan es el auténtico protagonista.

Ramo asturiano de la romería de los Mártires de Valdecuna.
(C) María D. Rodríguez Fernández, de su blog Harina y gasolina, 2014.

El ramo asturiano, vestido de blanco, parece que lleva incorporado el hábito del romeiro que va a San Andrés; en realidad no es un hábito, sino el blanco sudario que viste al difunto peregrino en vida. Los panes en forma de croissants son, asimismo, equiparables a la cruz de San Andrés.

Otro importantísimo elemento descrito por Maciñeira era la costumbre de colgar la efigie del santo en el ramo. Se trata de una tradición milenaria que, según Daniel García de la Cuesta ("Jesucristo era un madero y María era una piedra", 2018), podría remontar al culto oriental de Cibeles y Atis, introducido en Roma en el siglo II a.C.: "llevaban el tronco [que representaba a Atis] hasta el templo [...] de lo alto, entre las ramas, dejaban colgando una figurita de Atis". 

domingo, 8 de julio de 2018

miércoles, 4 de julio de 2018

Dos talasónimos recuperados en la desembocadura del Eume

Cualquier día de estos tengo que dedicar una entrada al nombre del río Eume, que creo de origen preindoeuropeo, emparentado con el hidrónimo vasco Urumea, y con el Umeälven de los saami (Laponia), y por supuesto, con nuestro Umia. No parece posible defender que el nombre de nuestro río sea de origen bretón, como sostiene Víctor Alonso Troncoso en su estudio "El relato eumés de las tres fuentes hermanas: ¿un antiguo mito fluvial?", Anuario Brigantino, 2016. Según este autor, y da la impresión de que se basa en un trabajo del profesor J.J. Moralejo que cita entre paréntesis, los nombres del Eume, Sor, Landro y Masma pudieron haber sido traídos por los colonos bretones que se asentaron en el norte de Galicia y oeste de Asturias en el s. V d.C. Moralejo nunca afirmó tal cosa en su "Hidronimia prerromana de Gallaecia", Onomástica Galega II, ed. Kremer, 2013.

Recuperamos con su ubicacion original dos talasónimos de la desembocadura del Eume en el mar: el Areal das Croas en medio de la foz (nº 16 del dibujo) y el Areal das Vacas al final del puente, en el lado de Cabanas (nº 9 del dibujo), zona de la actual rotonda.


(C) Juan Valentín García, capellán de Pontedeume, 1798, para el Diccionario Geográfico de Tomás López, provincia de A Coruña. BNE MSS/7297, folio 260.

En el primer caso, y a pesar de lo interesante que sería el microtopónimo As Croas como indicativo de un castro sumergido (una de las legendarias ciudades asolagadas de las Rías Altas) del que sólo son visibles sus croas o partes más elevadas, que emergen del mar, finalmente nos inclinamos por el sentido metafórico de croa, "elevación", en alusión al bajío arenoso que queda al descubierto con marea baja (1), rechazando por casi inviable que haya habido un asentamiento castreño en medio de la desembocadura del Eume. Aunque quedaría precioso, como un Mont Saint-Michel bretón, pero para eso ya tenemos a nuestro San Miguel de Breamo, tal vez de origen bretón (si seguimos la idea de V. Alonso Troncoso).

Vítor Garabana, en el grupo de trabajo Toponìmia da Gallaecia (Facebook), me informa amablemente de que As Croas son dos, A Grande y A Pequena, ya geolocalizadas en la web Nomes na Costa Ártabra. Microtoponìmia da costa (talasonìmia). En su artículo "Os talasónimos da costa Ártabra. Colleitas de nomes mediante entrevistas ás xentes do mar" (Madrygal, 2014, 17), habla de "brañas y croas no interior das rías", lo que sugiere la aplicación de descriptores terrestres a accidentes marinos, por similitud. Aunque cabe la posibilidad de que esas brañas y croas, hoy en el interior de algunas rías, hubiesen sido tierras interiores asolagadas.

Por su parte, el Areal das Vacas podría venir motivado por la existencia de vacas mariñas, término que según Carme Ríos Panisse, Nomenclatura de la flora y fauna marítimas de Galicia II (1983), en Pontedeume y Ares tiene el significado de morsa, y en Sada, además, el de foca. Por lo tanto podríamos estar ante un vestigio fosilizado como microtopónimo de la existencia pretérita de estos mamíferos marinos en la ría. La misma autora también recoge vaca con el significado de buey (marisco), pero no en la ría de Ares.

(1) Dicionário, Estraviz, sub croa.



lunes, 2 de julio de 2018

Una leyenda sobre la formación de las Rías Altas

En Google Earth cualquiera puede ver perfectamente que el origen geológico de las Rías Altas y el de las Baixas es distinto.

Las Rías Altas -sobre todo se perciben mejor las del Golfo Ártabro (Ferrol, Ares, Betanzos y O Burgo)-, siempre estuvieron en contacto con el océano, observándose un páleo-Golfo Ártabro idéntico al actual y sumergido por deslizamiento y ligero estiramiento de la plataforma continental a unos 150 km al norte de la costa, entre los puntos 1 (páleo-Cabo Ortegal) y 2 (páleo-chaflán de A Costa da Morte).

Por su parte, la costa oeste de Galicia, que llegaba hasta el punto 3 (páleo-Cabo Finisterre) a 600 km de la costa actual, sufrió un estiramiento mucho mayor, así como una fractura o rift en forma de depresión longitudinal paralela a la costa actual (punto 4) que cortó abruptamente los ríos del frente atlántico, que en algún caso cayeron en cascada al océano, como el Ézaro o Xallas. Esto explica por qué los ríos que forman las rías de la costa oeste de Galicia son cortos y encajonados; en realidad estamos viendo una pequeña parte de su recorrido, su nacimiento y tramo inicial, pues la desembocadura original hoy está sumergida 600 km al oeste, bajo el punto 3. Concretamente bajo mi número 3 intuyo lo que podría haber sido la desembocadura del páleo-Ulla en la páleo-Ría de Arousa.

Bajo el punto 3, desembocadura del río Ulla, a 700 km de Monterroso; sobre él, el cabo Finisterre cuando era todavía más finis terrae. (C) Google Earth y A. Galíndez.

Evidentemente, toda la parte de Galicia sumergida por estos antiquísimos procesos geológicos nunca tuvo nombres, pues por entonces, en eras geológicas de incierta denominación, no existíamos los seres humanos. Aunque quizá sí quede constancia de eventos posteriores consecuencia de estos procesos, pero ya dentro de una cronología humana, en forma de vestigios toponímicos y leyendas. 

Aunque resulte evidente esta interpretación de la imagen de satélite, a partir de la cual se deduce que las tierras sumergidas en el punto 3 formaron parte de Galicia hasta que se desprendieron de ella, conviene citar la opinión de un experto como Vidal Romaní: en 1996 plantea que la tectónica de placas dio lugar a “dos grandes eventos geodinámicos de la costa gallega [...]. En la costa oeste se producirá un estiramiento y adelgazamiento de la corteza que es la causa del fraccionamiento de la misma en un rosario de bloques que llega desde 600 km al oeste de la costa atlántica hasta la Galicia continental. En la costa norte, y como resultado de la colisión entre la placa euroasiática y la placa de Iberia, tendrá lugar entre el cretácico y el eoceno un breve intervalo de subducción, a consecuencia del cual se producirá el levantamiento del borde costero con la elevación del cabo Ortegal y la emersión de la rasa cantábrica, junto a la formación de la fosa oceánica que delimita la península Ibérica en su parte norte entre los Pirineos y cabo Ortegal” (1).

Son, pues, dos procesos distintos: en la formacion de las Rías Baixas hay estiramiento y ruptura, que crea dos perfiles de costa distintos (actual y sumergido), y en las Altas, elevación, lo que permite la conservación del perfil de costa duplicado en lo que hemos denominado páleo-Golfo Ártabro, con pequeñísimas diferencias que pasamos a evidenciar gracias al folklore de las Rías Altas.

Es muy conocida la leyenda etiológica según la cual Dios (sospechamos que está cristianizada, y que en la versión primitiva fue A Vella) descansó en la costa gallega apoyando su mano en la tierra; la huella de los dedos de Dios son los surcos de las Rías Baixas.

Es mucho menos conocida la leyenda de Abad (Moeche) de la carrera de las tres fuentes hermanas, estudiada por Bouza-Brey 1942, Risco 1962, y en 2016 por Víctor Alonso Troncoso en un artículo publicado en Anuario Brigantino ("El relato eumés de las tres fuentes hermanas: ¿un antiguo mito fluvial?").

La leyenda presenta la peculiaridad de que es única en el folklore gallego (2). En mi opinión se relaciona con la formación de las Rías Altas en época remota.

"Naceron tres fontes moi xuntas, como tres irmás e o mar prometéulles que lles daría unha persoa todolos anos á primeira das fontes que chegase deica il. As tres puxéronse a camiñar, mais coa envexa que se tiñan, algo cansas, botáronse a dormir, mais antes acordaron que a primeira que espertase había chamar polas outras. Espertóu unha, e en lugar de compril-a promesa de espertar ás outras, marchóu ela soia, caladiñamente e procurando que non a viran. Logo espertóu outra, e vendo que non a chamaran, marchóu furiosa, anque tamén caladamente, pra que non o soupese a terceira. Cando ésta acordóu, atopouse soia, e emprincipióu a correr como unha tola, choutando por riba de montes e penedos, e chegóu primeiro que as irmás. É o río das Pontes de García Rodríguez, que todolos anos tén de renda unha persoa que lle dá o mar, e por eso brúa tanto e é tan falso".

En el mito, como se ve, sólo se identifica claramente al río Eume, que aparece mencionado como "río das Pontes de García Rodríguez". Para las otras dos hermanas se han supuesto el río Sor y el Landro o bien el Masma, pues todos nacen próximos (en O Xistral). Pero dado que las hermanas corren juntas, podría defenderse con seguridad que una de ellas haya sido el Xubia, que además pasa por Moeche. En cuanto al Sor, cabe señalar su homonimia con el latín sor, "hermana", y el hecho de que su curso se forma en Ambosores (¿dos hermanas?) donde se juntan dos ríos. Xaverio Ballester tiene un interesante estudio (Deva y otros devaneos arqueoibéricos, 2009) sobre la tendencia paleoeuropea a nombrar los ríos como si se tratara de linajes humanos: el Marne ( < Matrona). En el sistema fluvial de las Three Sisters irlandesas (rios Barrow, Nore y Suir), el Suir lleva un nombre que en irlandes significa hermana (3).

Volviendo a nuestro mito fluvial: la carrera de las tres hermanas es una carrera geológica para formar la paleotopografía de las Rías Altas. Uno de los ríos alcanza el mar antes que los demás, y de ello queda constancia en la leyenda y en el perfil del antiguo Golfo Ártabro sumergido a 150 km de la costa actual, donde se observa un sistema fluvial primigenio ligeramente distinto al moderno, cuya estructura, de haberse mantenido en el tiempo lo suficiente, pudo haber sido observada por el ser humano y plasmada en forma de mito.


Alonso Troncoso encuentra evidencias de esta leyenda en las Islas Británicas, lo que le sirve, junto con el folklore de las ciudades asolagadas, para formar la hipótesis de su introducción en Galicia cuando el establecimiento bretón del siglo V d.C. En mi opinión, tanto el tipo de mito de la carrera de los tres ríos como el de las ciudades asolagadas, a ambos lados del océano Céltico, corresponden a mitos etiológicos de sociedades que presenciaron modificaciones importantes de su entorno natural costero.


Podemos concluir afirmando que las dos leyendas etiológicas sobre la formación de las rías gallegas (los dedos de la mano de Dios y la carrera de las tres fuentes hermanas) representan los dos diferentes procesos geológicos de formación de las Rías Baixas y Altas de Galicia.

(1) De Méndez y Rey, "Perspectiva histórica del conocimiento geológico de las rías gallegas", Journal of Iberian Geology, 2000.
(2) Me indica amablemente el profesor Marcial Tenreiro Bermúdez que la misma leyenda aparece diseminada en Portugal. Efectivamente: fue estudiada por Leite de Vasconcelos en sus Tradições populares de Portugal 1882 ("o somno dos ríos"), y en ella participan, según las versiones, tríadas de ríos diferentes. Guadiana, Tejo y Douro (v. de Mondim da Beira); Tamega, Douro y Tejo (v. de Famalicão); Douro, Tejo y Minho (v. de Porto); Mondego, Zezere y Alva (Serra da Estrela). La distribución de la leyenda en el ámbito galaico-lusitano imposibilita, en mi opinión, justificar su filiación bretona al aparecer en el país vecino, donde no hubo presencia histórica de colonos bretones.
(3) "On the rivers of Ireland, with the derivations of their names", Owen Connellan, 1869.