domingo, 23 de agosto de 2009

El machinazi del GOMM

Machinazi es el correspondiente masculino de feminazi, porque él lo vale, como en el anuncio de Loreal.

Y es que hay quien ve la paja en el ojo ajeno, y no la viga en el suyo.

Cuando los hombres se incorporaron a tareas desempeñadas por mujeres crearon sus correspondientes términos profesionales para designarse, así se inventaron "el auxiliar de vuelo" (azafato les sonaría mal), o utilizaron la moción de género para decir "soy cajero en un supermercado", y a todas nos pareció oportuno, ninguna argumentó que deberían llamarse "el azafata" o "el cajera".

Pues bien, este machinazi de Pérez Reverte, sigue a vueltas con su tema favorito, que consiste en que las mujeres no tenemos derecho a nombrarnos profesionalmente usando la moción de género (la jueza), ni a estar presentes en el discurso, sino que tenemos que saber reconocernos en el llamado masculino genérico, que básicamente es una realidad gramatical que se ha extendido para justificar el machinazismo.

En fin, un ganadero jamás dice "mis toros" para referirse a sus toros y vacas, dice con gran propiedad "mi ganado", y nadie le acusa de políticamente correcto o de ser un quedabién, faltaría más. ¿Tan difícil le resulta de entender al machinazi que cuando se dice "los hombres" o "los padres" las mujeres no nos sentimos incluidas? ¿Qué le cuesta decir "el género humano" o "la humanidad" o "los progenitores" o "los padres y las madres"? Nada, no le costaría nada, pero prefiere seguir en su postura machinazi, que le da para divertidos artículos dominicales cuando no tiene otra cosa que decir, recurriendo a la fácil parodia del "todos y todas estamos muy contentos y contentas".

No se trata de que las mujeres reivindiquemos nuestra presencia en el discurso de esa forma antieconómica y antigramatical, se trata de poder decir, como antes:

"Exien lo ver | mugieres e varones,
burgeses e burgesas | por las finiestras son,
plorando de los ojos | tanto avien el dolor.
De las sus bocas | todos dizian una razon:
¡Dios, que buen vassalo! | ¡Si oviesse buen señor!"
Poema de Mio Cid


Esto es hablar con propiedad señor machinazi, primero se mencionan los partícipes implicados por separado o de una forma que los aglutine a ambos (la burguesía) y luego se recogen en el masculino genérico "todos". Pero usted tendría que saberlo, que para eso forma parte de la Academia de la Lengua Española, o mejor, evitando ese femenino quedabién, del Gimnasio del Órgano, que no Miembro, Músculo Membranoso. Un lugar donde a nuestro machinazi se le permite entrenar su OMM, o sacarla a pastar, proponiendo la resurrección forzada de acercanza y la condena de presidenta. Entretenimiento que puede ser una forma de compensar la falta de ejercicio de su Miembro, tal vez por no haber encontrado tordas (sic) como las de antes.

Duros, godos y toros

Octodurum fue una ciudad vaccea que menciona Ptolomeo en Hispania, junto con Cauca (Coca, Segovia) y otras.

La evolución normal de OCTODURUM es Ottourum > Otorum > Otoro, puesto que la -d- patrimonial intervocálica se pierde, y parece que CT evolucionó hacia una articulación geminada -tt- que acaba simplificándose en -t-.

Sabemos que esta zona geográfica también recibió el nombre de Campos Gothorum, lo que sugiere que en algún momento hubo una reinterpretación culta del viejo Otorum motivada por la ocupación goda:

- "Campus Gotorum, id est Taurus" (Chronicon mundi, de Lucas de Tuy). Es un curioso testimonio donde se observan juntas las dos interpretaciones del topónimo Otoro, una manifiesta la tendencia a explicarlo por la presencia de godos, Otorum --> Gothorum, y la otra se limita a retraer al latín la forma con aféresis, Toro, mostrando así que en la concepción popular el nombre se veía motivado por el animal taurum.

Don Ramón Menéndez Pidal ya había demostrado que Toro es aféresis de Gothorum, concretamente aduciendo el estadio Otoro, y por lo que acabamos de ver Gothorum es una reinterpretación de Otorum procedente de OCTODURUM.

Este -durum se trataría, en mi opinión, de un morfema derivativo latinizado, como en Argentodurum > Argentoyrio (Dauzat).

domingo, 9 de agosto de 2009

Íñigo = Mingo

  • En la Égloga sobre el molino de Vascalón (s. XV-XVI) el personaje de Íñigo Sitio es interpelado como Mingo.
  • Otra obra del s. XV, Las coplas de Mingo Revulgo, se atribuye a fray Íñigo de Mendoza por la relación que hay entre las coplas y algunos pasajes de La Vita Christi de Mendoza. Por otra parte Íñigo de Medoza es mencionado por Valenzuela como fray Mingo: "fray Ambrosio y fray Mingo, y otros célebres predicadores de otro tiempo".
  • En el Cronicón Burguense y en el de Cardeña se dan en el mismo orden estos tres acontecimientos: la muerte del rey García por su hermano en Atapuerca, la muerte de Santo Domingo de Silos y la muerte del rey Fernando, o los años que duró su reinado, pero el de Cardeña sustituye a Santo Domingo por Sant Yenego, de forma que serían equivalentes o intercambiables.
Julio Rodríguez Puértolas, partidario de la atribución de Las coplas de Mingo Revulgo a fray Íñigo de Mendoza, se expresa así respecto a la identificación de Valenzuela: "Fray Ambrosio Montesino y fray Iñigo de Mendoza, citados generalmente juntos en las modernas historias
literarias, aparecen ya unidos a mediados del siglo XVI. Creo que no es descabellado pensar en un lapsus calami por parte de Valenzuela, correlato de una trasposición mental entre el nombre de fray Iñigo y el título de las Coplas de Mingo Revulgo, con lo cual fray Antonio uniría así una
obra con su muy posible autor".

En mi opinión no hubo tal lapsus calami sino que Valenzuela estaba llamando a Íñigo por su correspondiente hipocorístico Mingo, hecho que se vuelve a repetir en el personaje de la Égloga del molino de Vascalón.

Íñigo prodede del nombre propio prerromano navarro o pirenaico Énneco (Enneces en el año 90 a. de C., Bronce de Áscoli), y Domingo (Mingo o Mengo) del latín dominicus (del señor), derivado de dominum (señor). Sin embargo en la documentación medieval, donde figuran abundantes patronímicos y nombres propios tomados de los nombres de los progenitores, nos encontramos casos curiosos en que parece establecerse la relación entre Énneco y Domingo o Mingo:

Semen Iengo (Ién(e)go es variante documentada de Énneco) fue padre de Mengo Semeno (año 1210, Monasterio de Fitero). Este caso podría ser el típico quiasmo en que el nombre y el apellido del padre se traspasan al hijo invertidos.
Enego Exemen Dominicus es el nombre de un tal Íñigo hijo de Domingo (año 1202, colección de documentos de la Corona de Aragón).
Don Enego Domenge Don Enego, es un extraño caso que reitera hasta la saciedad los nombres como si quisiera explicarlos recíprocamente (documentos de la Corona de Aragón).
Ego Honneka et filio meo Dominico, aquí Onneca, la variante femenina de Enneco, tiene un hijo llamado Domingo (año 1079, Valbanera).

Son casos muy insuficientes para establecer que Dominicus se utilizó también como latinización del nombre propio precedido del tratamiento de respeto domno Énneco, pero explicarían los que abren este artículo.

martes, 4 de agosto de 2009

Mariñán y Namarini

Si pasamos por el viaducto de Mariñán en Betanzos pensaremos inmediatamente que el topónimo se debe a la mariña que forma el río Mandeo (A Mariña betanceira), bien visible desde cualquier punto del itinerario. A pesar de esta evidente marisma, en los libros de toponimia podremos leer la clásica explicación que hace provenir el nombre del antropónimo latino Marinianus en caso genitivo (v. Cabeza Quiles). No hay, de momento, nada que nos indique qué etimología es la adecuada, pero la orografía del terreno y una posible concordancia sobreentendida con el sustantivo masculino locum, "lugar", inclinan la balanza a favor del hidrónimo.

Otra mariña importante en las costas gallegas es A Mariña lucense, cuyo nombre puede constatarse en el cognomen de una tribu mencionada por Plinio pasando el Navia, los Egivarri Namarini. Namarini es un compuesto de la preposición en + artículo a + marini, equivalente al gallego actual "na mariña" = en la mariña. Lo que nos obliga a suponer que ya en el siglo I existía la preposición en amalgamada al artículo a, y que:
  • o bien la evolución por asimilación progresiva del latín in (i)lla > inna > na se produjo instantáneamente con la romanización, nueve siglos antes de los primeros testimonios seguros que figuran en las Glosas Emilianenses (v. p. ej. "eno spillu", "ena felicitudine").
  • o bien en la lengua prerromana que se hablaba en el noroeste había una contracción autóctona ena / na. Ningún problema para esto último, porque Villar y Tovar nos facilitan parte de la argumentación: "resulta congruente ver [...] la preposición indoeuropea "en", como propuso A. Tovar para Namarini" (Indoeuropeos y no indoeuropeos en la Hispania prerromana, pg. 397).
La evolución de Egivarr- hacia Eibarr- / Ibarr- y el significado que el término ibarra conserva en euskera (ribera, vega, valle) sugieren que el cognomen Namarini (los de la mariña) sea glosa o explicación del nomen Egivarri (los de la ribera). Esta situación se presta a ser analizada como una muestra de la superposición de dos lenguas en la zona, en la cual el étnico más arcaico es glosado de forma redundante mediante un término transparente perteneciente a la lengua más reciente.