jueves, 28 de marzo de 2013

Cultos y creencias en torno a los megalitos del área atlántica europea

El último libro de Fernando Alonso Romero, editado en 2012 por Andavira (nuestro querido Tórculo), es un compendio del folklore celtoatlántico a cerca de los megalitos. Si existe una enciclopedia sobre el folklore de los megalitos en Europa, ha de ser esta sin duda. A pesar de que la magnitud del tema convertiría de entrada la tarea en una empresa inabarcable, el resultado final es una obra sin fisuras ni lagunas, donde está todo.


De la mano del autor descubriremos un paisaje lítico fabuloso habitado por piedras animadas en las que pervive el espíritu de nuestros antepasados. Son piedras que nos hablan, oscilan, caminan, crecen, se reproducen porque son piedras con sexo, "macho" y "femia", propiciatorias de la lluvia y la fertilidad, que pueden sanar, pero también influir negativamente en el destino de las personas.

A la hora de encuadrar el origen del fenómeno del megalitismo en Europa, Alonso Romero en la introducción no descarta la Teoría de la Continuidad desde el Paleolítico (TCP) que sostienen entre otros autores, Mario Alinei y Francesco Benozzo. Si bien, en su justa medida, sin perder de vista el papel que la Diosa Madre mediterránea ha podido tener en la configuración de la Moura o la Vieja celtoatlántica. Parece que los primeros arqueólogos europeos, los Anticuarios, no andaban tan desencaminados al suponer que megalitismo y celticidad estaban íntimamente relacionados. Lo que cambia con la aproximación de la TCP es la profundidad temporal de esta relación, que deviene prehistórica.

A lo largo de su obra se pone de manifiesto que el folklore de un pueblo nos conecta con su pasado, que en el mismo puede conservarse "el recuerdo de creencias y tradiciones muy antiguas, quizá tan antiguas como la verdadera edad de los megalitos".

El capítulo que dedica a las piedras resonantes o faladoiras es, quizá, el más novedoso. En él están muy presentes las últimas investigaciones sobre la acústica de los templos del megalitismo, y la de las cuevas pintadas, en la que se basa hasta el aburrimiento el último libro de la saga de El clan del oso cavernario. Pero no es aburrimiento precisamente lo que se experimenta leyendo a Alonso Romero: las piedras que hablan son piedras campana o pedras do sino, hasta tal punto, que en la ermita de Bieuzy-les-Eaux (Morbihan) se guarda la campana de San Gildas, una piedra de unos 80 cm de largo por 43 de ancho que suena si se la golpea con dos pequeños guijarros que reposan sobre ella.

La lectura de este capítulo me ha sugerido la resolución de un pequeño enigma, y es que habría una relación etimológica entre el gaélico cloch, "piedra", el francés u occitano cloche, cloca, "campana", y el inglés clock, "reloj". Para Brand el hecho de que se traduzca el latín campana por cluggan en una versión sajona de un texto de Beda, sería prueba de que estas campanas fueron relojes antes que otra cosa. A lo que añado que serían relojes solares, por supuesto de piedra. "The word cloch [campana] seems to shew that a flat stone answered the purpose of a bell" nos dice el autor de A dictionary of the Welsh language, y casi acierta si hubiese dicho que una piedra cumplía la función de reloj.

"Post horam sextam per clockam seu horologium prefati monasterii signatam" dice un texto del monasterio de Sherborne. Así que puede que algunas estelas o pilares con grabados cruciformes hayan sido antiguos relojes de sol, como este de Cill Maolchéadair o Kilmalkedar, condado de Kerry (Irlanda).


Lo más sorprendente del reloj solar de Kilmalkedar es su anverso (The book of sun-dials, de Mrs. Alfred Gatti) en donde encontramos un motivo que se repite hasta la saciedad en la iconografía galaica (Xeometrías máxicas de Galicia, de Bieito Romero).

También es posible que la flat stone encastrada en la base del túmulo de Knowth haya sido una piedra horaria... un recuerdo del transcurrir del tiempo que nos acerca a la muerte. "The practice of cutting sun-dials on tombstones continued in Ireland up to the eighteen century" (Mrs. Alfred Gatti, ibid.)

 
(C) Anxo Martínez, 2011.

El reloj solar que quería Trimalción en su tumba es un vano intento de detener el tiempo o controlarlo; y esta es la razón por la que la gente todavía practica la superstición de deambular en sentido antihorario alrededor de los megalitos, sin resultado. Creo que solo Supermán ha podido invertir la línea temporal haciendo girar la Tierra en sentido antihorario.

Revisando mi archivo gráfico he encontrado esta magnífica clocha irlandesa que fotografiamos no sé en qué parte de Irlanda, creo que en Kells. Tampoco sabía en aquel momento si era un reloj de sol megalítico, pero ahora ya lo tengo claro.

Clocha de Kells. (C) Ángel Facio, 2011.

Es lo que me pasa cuando leo a Alonso Romero, intento hacer una reseña de su libro, y acabo por los cerros de Úbeda perdida entre piedras.