domingo, 19 de mayo de 2013

El menhir fantasma de A Faladora

Leo en un desplegable realizado por el Club de Montaña de Ferrol sobre la ruta del Camiño dos Arrieiros que a partir de la Cruz da Faladora hay "un posible menhir tirado camiño do repetidor". Para empezar el menhir está caído, porque lo que se dice tirado... es más bien imposible, a no ser que una de esas gigantas portadoras de megalitos lo haya arrojado al suelo, cansada de su carga.

Para continuar, no se trata de un posible menhir, es un menhir.

Este menhir es, ni más ni menos, que uno de los menhires que describió Barros Sivelo en Pena Faladora (Antigüedades de Galicia, 1875), considerados por él menhires de demarcación, y que años más tarde Federico Maciñeira no consiguió localizar precisamente por estar tumbado y prácticamente incrustado en la tierra, sobre todo por ser tan descomunal (casi alcanza cuatro metros de longitud) que parece un afloramiento de piedra.



 (C) Ángel Facio.

domingo, 12 de mayo de 2013

Un par de supersticiones inexistentes

Suspender muñecas de los telares

En los concilios compostelanos del siglo XI se registra la prohibición de unas extrañas costumbres:

  1. "Item interdicimus ut nullus Christianus auguria et incantationes faciat, nec lunae pro semina, nec animalia immunda, nec mulierculas ad telaria suspendere: quae omnia cuncta idololatria est".
  2. "Iterum interdicimus omnes Christianos auguria et incantationes, et lunae prosemina, nec ad animalia domanda, nec mulierculas ad telas alia suspendere".

Menéndez Pelayo traduce así el texto en su Historia de los heterodoxos españoles: "que ningún cristiano tome agüeros ni encantamientos por la luna ni por el semen, ni colgando de los telares figuras de mujercillas o animales inmundos". Por lo demás, todos los autores que se han preocupado del análisis de este testimonio coinciden en la suspensión del telar de una especie de fetiche ginecomorfo.

Pero puesto que no se conocen encantamientos por el semen, ni la costumbre de colgar de los telares muñecas, ni mucho menos animales impuros o inmundos, parece razonable someter a exégesis el texto compostelano, que muestra indicios de corrupción.

Es muy posible que estas supersticiones fuesen otras que todavía se observan y que nos aclara el Beato de Liébana: "mulierculas ad telas araneas vel pedes observare , & viros pro semine lunam & dies observare sive ad animalia domanda" = "las mujercillas observan las telas y las patas de las arañas, los hombres tienen en cuenta la luna y el día para sembrar o domar a los animales".

Hacer la vieja o el ciervo

Sobre esta supuesta superstición o tradición popular se han elaborado estudios amplísimos que la mencionan en relación con el carnaval y otras prácticas similares en que los hombres se disfrazan adoptando a menudo el aspecto de animales (cfr. por ejemplo el estudio de Caro Baroja sobre el carnaval y las mascaradas de invierno), en la creencia de que los cánones medievales que prohibían "facere vetula" o "facere cervulo" se referían a disfrazarse de vieja o de ciervo.

En latín clásico el término "facere" más ablativo es, además de un falso amigo, sinónimo de "sacrificare" = "inmolar". Con este sentido pasó al latín eclesiástico, en el que la prohibición "non licet calendis januarii vetula [vitula] aut cervolo facere" se ha de verter como "se prohibe en las calendas de enero sacrificar una becerra o un cabritillo", estando de más las glosas que interpretan el difícil tecnicismo facere como "formam induere" = "adoptar la forma de, disfrazarse de", o "vestiuntur pellibus pecudum" = "vestirse con pieles de animales". Por el contrario, son ajustadas aquellas otras que, aún teniendo menos fortuna, lo explican en su acepción original: "non liceat vitulo aut cervolo facere, id est sacrificare"; "Bucula, aut ceruolo facere, est bucula seu ceruolo sacrificare".

Para mayor claridad, en otras versiones el vitulo se reemplaza por una annicula, una becerra de un año (Diccionario de Sobrino), que era una de las víctimas preferidas en los sacrificios clásicos. En estos rituales, que no mascaradas, estaban presentes los suffitores, sacerdotes a cargo de incensarios o botafumeiros, y había acompañamiento musical (cornua incantant). Se celebraban diem Iovis aut Veneris, en honor de Júpiter y Venus.

"Flamen Dialis agnam Jovi facit", decía Varrón, pero siglos más tarde su lengua ya resultaba impenetrable para muchos. 

Estos cánones medievales, por lo tanto, no estaban prohibiendo las mascaradas de invierno, sino los sacrificios de animales a los falsos dioses durante las calendas de enero. De la misma opinión era el P. Tournemine, el cual, por lo que se ve, no fue conocido ni en su casa a la hora de comer; lo rescato del anaquel polvoriento porque se lo merece.

domingo, 5 de mayo de 2013

Queixeiro

Como topónimo, Queixeiro, como era de esperar, no se refiere a aquellos profesionales que se dedican a la elaboración de los quesos. A pesar de que el latín caseum ha evolucionado hacia el gallego-portugués queixo / queijo, y de que Queixeiro podría parecer un derivado de este término, en realidad estamos ante una evolución coincidente que parte del latín casaria o casarium (Ducange), sustantivos derivados de casa. Tampoco, por tanto, se halla en su base el latín capsa, "caja", como consideraban Meyer-Lübke y Moralejo Lasso (véase el apartado que dedica este último al topónimo Funqueixeira de Muras en su Toponimia Gallega y Leonesa).

En el año 785 se registra en un documento de Samos "Sancti Petri de Casario", que es el actual San Pedro de Queixeiro en Antas de Ulla.

Asimismo, en León el equivalente a la Funqueixeira de Muras aparece en un documento del año 875 como "Fonte Casiaria".

Respecto a la evolución fónica, debemos postular que hubo anticipación de la yod, lo que provocó en gallego-portugués la palatalización de la -s- y el cierre de las vocales centrales. Esta anticipación se ha producido también en el sustantivo italiano casiera, "casera" (propietaria de una vivienda), y no resulta extraña al gallego, donde taxario, documentado también como tasario, ha experimentado el mismo proceso, produciendo teixeiro (Veiga Arias: Algunas calas en los origenes del gallego). 

Entre los topónimos aparentemente relacionados con este lema suelen citarse Requeixo y Queixa (Chandrexa de Queixa), del primero ya hemos dado cuenta en la entrada O Requeixo y O Retiro, intentando asegurar su origen a partir del latín recessum, "lugar apartado, rincón".