sábado, 13 de septiembre de 2014

La Virgen de Altagracia - Garrovillas de Alconétar

Dice la tradición que la Virgen de Altagracia apareció en un hueco entre unas peñas. Hoy ese hueco está cubierto por el altar de la iglesia, y se accede a él introduciéndose por una puertecilla lateral para, inmediatamente, descender unos escalones. Es algo complicado, pero resulta mucho más difícil salir subiendo los peldaños completamente encogida para poder pasar por el vano de entrada sin darse el inevitable golpe en la cabeza.


En el interior de la cueva, que poco o nada tiene de gruta tal y como se conserva, se observan engastadas en el envés enlucido del frontal del altar dos piedras oscuras, de superficie pulida y forma cónica, que constituyen la manifestación aquiropoiética de la divinidad, la imagen de la Virgen creada milagrosamente, sin artificio o intervención de la mano humana, pues eso significa aquiropoiesis. Otros ejemplos de imágenes divinas proyectadas sin artificio en la piedra son los casos de la Virgen de Pastoriza y la Virgen de Chamorro (La Virgen de Pastoriza).


Nada más verlas en el habitáculo en que la tradición local sitúa la aparición de la Virgen, ocupando un espacio destacado en el envés del frontal, y sin función aparente alguna, por ejemplo de soporte de la mesa, me di cuenta de que podríamos estar ante otro caso similar a aquel que nos contaba el Rey Sabio en su cantiga 29: "Esta é como Santa Maria fez parecer nas pedras omagees a ssa semellança" (Esta trata de como Santa María hizo aparecer en las piedras imágenes a su semejanza).

Para mi sorpresa, el ermitaño me confirmó mi suposición: al preguntarle yo por las dos piedras me explicó que había otra leyenda local según la cual la Virgen se había aparecido en ellas.

Puede ampliarse la información etnográfica del lugar en el excelente artículo de Tomás Martín Gil, Excursiones a viejas ermitas: la de Nuestra Señora de Altagracia en Garrovillas. La visita al castro, a las tumbas antropomorfas, a los posibles aunque polémicos dólmenes del valle de Altagracia, y en general al conjunto del santuario prerromano, es recomendable realizarla en otoño o primavera, y por la tarde (salvo los miércoles) si queremos que el atento ermitaño nos instruya y guíe en el recorrido.