lunes, 28 de diciembre de 2015

Excelsas centollas célticas

Fernando Cabeza Quiles en su último libro sobre la toponimia celta de Galicia tiene un interesante capítulo dedicado a esclarecer la etimología del microtopónimo que da nombre a la cueva del Rei Cintoulo, cuya lectura me ha recordado que a mí los nombres del Rei Cintoulo y el de la reina del marisco, la centolla, siempre me han parecido de estirpe y sabor célticos, tanto como que los pongo en relación con el nombre del padre del arverno Vercingetorix, Celtillus o Celtullus, que llevaba un nombre de pila céltico a más no poder. 

Se cree que el significado etimológico del término celta guarda relación con celsus y excelsus, "sublime, elevado, noble", definición que se aplica perfectamente a la carne de la excelsa centolla, y tal vez a los autoproclamados excelsos celtas. Este etnónimo ha originado desde la antigüedad antropónimos como Celtullus o Celtius; y por lo que respecta al primero de ellos, en virtud de la evolución documentada celt- > cent- (cfr. Celtas en la onomástica) se obtendría el resultado Centullo o Centollo, nombre que portaban varios señores de Bearn (Centulli) como continuadores de una tradición onomástica que hundiría sus raíces en un pretendido o verídico pasado celta.

Aquí por lo menos dos reyes, tres si contamos a Cintoulo, el godo Suintila y el suevo Hermengario, fueron denominados Cintollo, Cintolla o Cintolo (Eladio Rodríguez, Diccionario enciclopédico gallego), de lo que parece deducirse que el apelativo se les aplicaba precisamente por su condición real y excelsa, como al mítico rey, excelso y céltico habitante de la cueva mindoniense del Rei Cintoulo.

Topónimos: Centulle (A Laracha).


Un consejo con la centolla: que siempre sea celtulla o excelsa, es decir, gallega. Feliz 2016!

domingo, 27 de diciembre de 2015

Celas, A Vinxeira

Antes que un establecimiento eremítico el latín cella designaba una bodega (cella vinaria, sobre todo, pero también las había mellaria y granaria). Y el glosario de Du Cange en la entrada cellerium recoge como única acepción del término la de "cella vinaria". Por ello no hay que descartar que la toponimia de esta serie haya nombrado en primer lugar, antes que pequeños monasterios, establecimientos rurales agrícolas galaico-romanos dedicados a la elaboración y almacenamiento de vino. En particular Celas de Peiro (Culleredo), conocida por ubicarse en ella la torre medieval de A Vinxeira, podría ser uno de estos enclaves por su situación próxima a la villa romana de Cambre y a la necrópolis tardorromana de A Hermida (Luengo, Sepulcro romano hallado en el lugar de la Hermida, BRAG, 1942), además de que el topónimo A Vinxeira sugiere una forma bajolatina vinageria, "contenedor donde se guarda el vino". Para rematar, entre ambos lugares de A Vinxeira Grande y A Vinxeira Pequena se sitúan los de As Bodegas y A Viña. Todo ello sugiere que en la zona de Celas se ubicó, como decíamos, una villa tardorromana con torre, como la portuguesa de Centum Cellas, que daría paso a la estructura medieval de pazo con torre adosada, de la que hoy solo queda la torre, pues el pazo fue demolido el siglo pasado.


Perfecto y enigmático tímpano de la ermita de San Estevo de Culleredo en Tarrío, siglo XII. Una cruz latina de brazos con extremos trilobulados sobre un fondo de líneas entrecruzadas que representan esquemáticamente las armae Christi, tema inspirado según Yves Christe por los trofeos y estandartes militares romanos. No se descarta que haya sido en sus inmediaciones donde se descubrió la tumba romana descrita por Luengo.

lunes, 21 de diciembre de 2015

La décima ola

¿Qué no habrá dicho Murguía en su obra Galicia sobre el baño de las nueve ondas que se toma en la playa de A Lanzada en la medianoche de San Juan? Lo dijo casi todo. Habló del celta Taliesín, hijo de la novena onda, de la mágica medida del espacio que usaban los irlandeses para expresar la distancia protectora que debía separarlos del enemigo (situado más allá de la novena ola), del carácter simbólico del número nueve, producto de la multiplicación de tres por tres, número este último "sagrado entre los arios", de la creencia de los cristianos irlandeses en el milagroso poder protector de la distancia espacio temporal que separa nueve ondas. Expuso todo esto, pero se dejó en el tintero a la décima ola.

La décima ola u onda decumana es una antiquísima tradición marinera, una creencia según la cual el tamaño de las olas iba aumentando progresivamente desde la primera, que rompe en la orilla, a la décima, ya en alta mar, hinchada, plena y con una enorme potencia destructora. Tras ella, con la undécima, volvería a comenzar el ciclo de las diez olas que, según se creía, regulaba el flujo del océano.

En Portugal Nossa Sehora das Areas de Aveiro protegía a los navegantes "daquella decumana onda, que soverte os navios" (Santuário mariano, P. Agostinho de Santamaria). Tal era la superstición en torno a ella que Ovidio evitaba nombrarla: "fluctus supereminet omnes, posterior nono est, undecimoque prior" = "la ola que se alza por encima de las demás, la que es posterior a la novena, y precede a la undécima". Y Sebillot tenía anotado que en la Charente algunos marinos creían que la décima ola era la que se remontaba más alto (Le folklore de France. Vol. 2: La mer et les eaux douces).

En este contexto supersticioso, que trata de evitar el tsunami de la décima onda, se entiende que el ciclo de las otras nueve, ese espacio-tiempo que las separa, es una distancia de seguridad protectora, aunque muy al límite con la novena que ya presagia el fin de un ciclo y el comienzo de otro, tal vez con ese nuevo Taliesín que confían en engendrar las bañistas de A Lanzada.

El límite espacial y protector de la novena onda en la cultura céltica no se explica sin tener en cuenta el tabú supersticioso que pesa sobre la destructiva y última décima ola que forma la tempestad decumana, la tormenta perfecta.


Bibliografía: Alberro, El paradigma céltico de las nueve olas (Anuario Brigantino, 2005). 

domingo, 20 de diciembre de 2015

Ribereños amnésicos. El Río del Olvido

Witczak plantea en su artículo El Río del Olvido que el hidrónimo galaico-lusitano Limia / Lima, conocido por los romanos como Oblivio, "olvido", y por los griegos como Lethe, "olvido", aunque proviene de una base hidronímica paleoeuropea *leim-, "inundar", fue considerado por los propios galaicos y ya en la antigüedad como relacionado con términos provenientes de la raíz indoeuropea *ghleim, "olvidar". Es decir, Limia, Oblivio y Lethe significarían lo mismo en tres lenguas distintas, el olvido, la pérdida de la memoria.

Pero no hay necesidad de irse a las paleolenguas reconstruidas para evidenciar la relación lingüística entre los ríos y la pérdida de memoria; esta se debe a la homofonía entre el latín amnensis "ribereños, que habitan a lo largo de un río", un derivado del latín amnis, "río", y el griego amnesis, "pérdida de memoria, amnesia". Los primeros contactos de los colonos griegos con los romanos provocarían la confusión, entendiendo los griegos que los amnensis que habitaban junto al Limia eran amnésicos, tal vez por suponer que sus aguas tenían la propiedad de borrar la memoria del que las bebía, como las aguas de su río Lethes.

Las escasas y ambiguas muestras de folclore local que recoge Leite de Vasconcelos en su Religiões da Lusitania respecto a la capacidad del Limia u otros ríos portugueses de provocar amnesia no apuntan precisamente al carácter indígena de esta creencia, que se encuadrará en el mundo grecorromano, reactivada por el equívoco lingüístico que hemos presentado.

sábado, 19 de diciembre de 2015

Solo nos queda la palabra

Los profesionales de la arqueología están en pie de guerra contra el intrusismo profesional que sufren todas aquellas profesiones en las que el voluntariado puede suplir en parte las funciones del profesional, como es el caso de la profesión de asistente social. Y en este totum revolutum de peticiones justas surgen opiniones absurdas dignas de figurar en las antologías del disparate, como que solo el arqueólogo está legitimado para investigar e interpretar el pasado.

Respecto a la legitimación para investigar, sobre el pasado o lo que sea, de momento cualquier persona puede hacerlo por su cuenta y riesgo, y tiene derecho no solo a ello, sino también a dar su opinión y a expresarla libremente, independientemente de su titulación, y de la credibilidad que vaya a otorgársele. Otra cosa es la especial protección del patrimonio cultural y arqueológico, en virtud de la cual no se permiten alteraciones de dichos bienes, prospecciones furtivas, excavaciones no autorizadas, etc. Pero no hay nada que impida, ya digo, por el momento, darse un paseo no invasivo, fotografiar un petroglifo, leer la bibliografía que se estime oportuna, llegar a las conclusiones a las que se pueda, según la capacidad de cada cual, y llegado el caso, publicarlas. Como no hay nada que impida, de momento, la existencia del periodismo de divulgación e investigación, con magníficos reportajes realizados por profesionales no titulados en las disciplinas que divulgan.

Cuando se dice que solo el arqueólogo puede interpretar el pasado, se nos niega a los demás, profesionales y no profesionales de las ciencias sociales, la capacidad crítica y de enjuiciamiento. Además, se pervierte el objeto de la arqueología, que no es la interpretación de los restos, sino su extracción y presentación estratificada. El análisis de los restos corresponde a otros profesionales, al historiador, al antropólogo. El arqueólogo realizará la excavación y podrá llegar a unas conclusiones que tal vez expondrá o quedarán en un cajón (la mayor parte de las veces), y sus conclusiones podrán ser aceptadas o no por la comunidad científica y la sociedad, de legos, sí, pero no carentes de capacidad crítica. Es lo que tienen las ciencias sociales, que no son exactas y formulan hipótesis, por lo que siempre caben alternativas.

Pero aquí, en el asunto del profesional más legitimado para reconstruir el pasado, el gran olvidado es el filólogo, puesto que su objeto de estudio es la lengua, vehículo del pensamiento, nada menos que el único instrumento vivo que nos conecta directamente con nuestro pasado más remoto como especie. El Indiana Jones de la filología no estudia vestigios mudos de civilizaciones, sino un elemento vivo, en el que todavía laten ecos de arcaicas estructuras de pensamiento, leyendas, cosmogonías, antiquísimos nombres de lugar que integran un peculiar registro arqueológico transparente solo para él, incomprensible para los demás. A veces, en los estudios arqueológicos se incluye una relación de topónimos como señal de la interdisciplinariedad del trabajo; en realidad bastaría con hacerse al revés, pues un estudio filológico completo (toponimia, folklore) haría innecesaria la excavación, que solo vendría a corroborarlo. Hace unos días apareció en A Coruña una canalización del siglo XIX en la calle Riego de Agua, ¿con ese nombre podría no haber habido una canalización, primitivo alcantarillado o albañal, en dicha calle? 

domingo, 13 de diciembre de 2015

Riazor

Según don Edelmiro Bascuas el topónimo Riazor (A Coruña, Porto do Son y Oza dos Ríos) junto con Riazó y Riazón "son variantes fonéticas de un diminutivo romance *Riuaceólum, del latín riuus, "río"" (Estudios de hidronimia paleoeuropea gallega, pg. 152). Siendo la hipótesis hidronímica incontestable, sí conviene matizarla: riazzo en italiano, según Domenico Guglielmini, se oponía a rivolo precisamente por ser el riazzo de mayor tamaño que el rivolo (Della natura de'fiume, 1697).

Parece que esta serie de hidrónimos se origina a partir de un morfema derivativo apreciativo, compuesto del despectivo -azo < -aceus + el aumentativo -ón. No serían, por lo tanto, diminutivos del latín riuus, equiparables al español riachuelo, como pensaba el profesor Bascuas, sino aumentativos de riuus, comparables con el español riachón.

Lugar de Riazor en Porto do Son, ubicado junto a la desembocadura del río.

Asimismo, en A Coruña, extramuros de la ciudad y en la esquina sur de la ensenada del Orzán se situaba el río de Riazor, hoy cegado o canalizado, pero que ha dejado su huella en la microtoponimia de la ciudad (playa de Riazor, estadio de Riazor).

Plano del siglo XIX de la batalla de Coruña o batalla de Elviña, que muestra el río de Riazor extramuros, desembocando al sur de la ensenada del Orzán.

Finalmente, ha de descartarse la aparente relación del topónimo Riazor con el ave denominada azor, y si acaso, formularlo como compuesto de ri-, forma apocopada proveniente del latín riuus, "río", más el hidrónimo paleoeuropeo Astur, base que aparece en la península ("Asturam flumen") y en el Lacio (Astura / Stura).

sábado, 12 de diciembre de 2015

Andrade y Tardinhade

De Castro Álvarez y López Sangil, en su estudio sobre el origen de la familia Andrade, "Genealogía de los Andrade", Cátedra. Revista eumesa de estudios, nº 7, formulan la pregunta del millón sobre el nombre que nos ocupa: ¿qué fue antes, el topónimo o el antropónimo? Es decir, conviene averiguar si el solar eumés tomó su nombre del apellido, o si por el contrario el topónimo pasó a integrarse en el nombre familiar para indicar su vinculación al territorio.

Los autores se inclinan por considerar que fue el topónimo el que se incorporó al nombre familiar, siendo un fenómeno bastante común a partir del siglo XIII la incorporación de topónimos a los apellidos. Como única hipótesis onomástica mencionan la de Isidoro Millán, que consideraba Andrade un topónimo céltico, de hecho vinculado con el irlandés ráth, "fortificación instalada sobre mota artificial y rodeada de foso y parapeto de tierra", comparable, en lo que respecta a este formante, con el galo Argentorate. El primer elemento, ande-, sería para Millán González-Pardo un prefijo aumentativo (Toponimia del concejo de Pontedeume y cartas reales de su puebla y alfoz, 1985, pg. 47-60).

A pesar de la sugerente propuesta de este último autor, también cabría considerar que Andrade, y muy especialmente el Andrade eumés, sea un topónimo procedente del latín antenatus, "nacido antes (de un matrimonio anterior), hijastro". Antenatus ha originado en los romances peninsulares varias soluciones del grupo triconsonántico que se produce al perderse la vocal pretónica: ant(e)nado / andnado > andrado / andado / alnado / adnado / annado. Mientras que su conservación es responsable de las formas más corrientes, entenado o enteado. En el siguiente documento de Celanova el nombre propio Antenato lo lleva precisamente el hijastro, por lo que se trata de un nombre propio motivado, "nostra mulier, abent filios IIIes; et alio nostro nomine suo Antenato Argivastro", y en otro documento de 1145, Coimbra, "ego Pelagius Filiol et uxor mea Maria Petriz ac mee antenate Maria Bella et Tarasia sive frater illarum Martinus", se establece la relación entre los hermanastros, entre las hijas entenadas y su hermano.

Es muy posible, pues, que el patronímico Antenati haya originado el topónimo eumés Andrade < antenati, "(propiedad) del entenado o hijastro", que denotaría el solar donde tuvo su asiento esta estirpe misteriosamente vinculada a la de los Freire, apellido que a su vez vuelve a reflejar relaciones de parentesco al proceder del latín fratre, "hermano". La estrecha relación entre ambas familias se pudo producir por el hecho de haber sido el primer Freire con respecto al primer Andrade, fratrem antenati > Freire de Andrade, esto es, hermano del entenado.

Otros topónimos Andrade de la zona que abarcó el señorío de Andrade, como Penandrade (Ferrol) o A Pena de Andrade (Moeche), denotarán la pertenencia del territorio a estos señores feudales eumeses, mientras que los Andrade de Toén, San Amaro y Santiago, aún teniendo el mismo origen etimológico en el latín antenati, harán referencia a otros entenados sin relación de parentesco con la casa de Andrade eumesa.

A Antenatus suele oponérsele el antropónimo Tardenatus, "nacido el último", aunque Antenatus no tenga el sentido de primogénito, sino el de nacido de un matrimonio anterior; en cualquier caso, Tardenatus también ha originado algún topónimo en el país vecino, como Tardinhade < Tardenati, "(villa) de un tal Tardenato".

domingo, 29 de noviembre de 2015

Ribeira da Toeleira, Neda

El extraño topónimo A Toeleira, en Neda, junto a la desembocadura del río Xubia en la ría de Ferrol, probablemente se relacione con la existencia de un tipo de molino denominado en la documentación catalana todelarium, todelerium, tuduler, todoller o toaller. Se trataría de un tipo de molino hidráulico, como el próximo das Aceas, situado en la otra orilla, por lo que la etimología del término podría estar emparentada con la base hidronímica paleoeuropea *TUD-, estudiada por Edelmiro Bascuas (Hidronimia y léxico de origen paleoeuropeo en Galicia, punto 60.1), de la cual provendría el topónimo medieval Tuela (Sobrado) < *Tudella.

Otra ribeira conservada en la toponimia del concello es el propio topónimo Neda, que como señala el profesor Porto Dapena, podría provenir de Am(e)neda, un derivado del latín amnis, "río" (Revista de Neda, año 2006: "Principios de toponimia: os casos de Neda e Xubia"). Neda sería, por lo tanto, una ameneda o "tierra ribereña situada a lo largo de un río".

Rúa do Castro, que atraviesa el antiguo castro marítimo de Neda, de forma ovalada, y en cuya croa se sitúa la iglesia de San Nicolás. La única calle que lo cruza termina en la puerta marítima que se abre al muelle de Subarreiros, desde donde todavía se puede percibir el desnivel circular de la antigua fortificación.

Fonte do Paraíso o da Cruz.

sábado, 21 de noviembre de 2015

Vacas

Dhenu, la palabra sánscrita que designaba a la vaca lechera, y también a la mujer, englobaba en una sola categoría indistinta al ganado hembra bovino y humano.


La dhenu está esperando en el cielo para complacer, cual walkiria, al hindú, y su aspecto es el de mujer vaca no porque sea un híbrido sino porque la mujer y la vaca fueron una misma clase de seres, una única categorización denotada lingüísticamente con una misma palabra, dhenu, vaca lechera, ganado bovino. El ciclo reproductivo de las vacas servía igualmente para clasificar a las mujeres según su edad: vandhya era una vaca estéril o una mujer estéril, menopáusica, no productiva y por ello prescindible en esta cultura que solía sacrificarlas a menudo en el cruento mundo védico, y hasta hace no mucho, por ejemplo armando una pira llamada koor en la que se inmolaba en determinadas ocasiones a una vaca o a una mujer vieja, tanto daba, ya que eran lo mismo, ganado.

La India no es el único caso, pero sí el más notorio. Szemerényi en 1977 ya había expuesto "that the IE term for 'woman, wife', *gwen-, was to be analysed as *gw-en-, a derivative of *gwu-, 'cow'". Los zulúes consideran que los seres humanos son ganado bovino, la expresión "imazi yami", literalmente "mi vaca", significa "mi mujer". Los luhyia de Kenia engloban en la categoría imirugo a las vacas, las gallinas, las mujeres y los niños. En la Irlanda medieval el valor de un cumal era indistintamente tres vacas o una esclava, equiparándose la mujer esclava y la vaca.

Con el tabú que pesa sobre las vacas en la India, posterior a la época védica, se pretendió proteger ante todo al ser humano, a la mujer vaca, prohibiendo su sacrificio. Sin embargo, de esa forma hipócrita a la que nos tienen acostumbrados las religiones, se ha llegado a una situación absurda en la que el hindú respeta al símbolo pero continúa abusando de la mujer, siendo la India el país con más casos de violencia ejercida contra nosotras (Violence against women in India).


domingo, 15 de noviembre de 2015

El martillo del Nubeiro

En Xoibán, concello de Vilalba, se cuenta que "en certa ocasión caeu alí un nubeiro, con figura de home, en coiro e cun martelo na man" (informante: Santiago Castro, de Igrexa, Xoibán, recogido en Xeografía mítica da provincia de Lugo (I). Cen lugares con lenda, de Xoán Ramiro Cuba Rodríguez y Antonio Reigosa Carreiras).

Esta descripción del Nubeiro o Tronante, el "genio de la treboada" (Diccionario de Eladio Rodríguez), como hombre desnudo sosteniendo un martillo nos recordará inevitablemente a la de la divinidad galaica que se custodia en la iglesia de Vilar de Perdizes (Portugal) conocido como dios Larouco. Larouco se considera un trasunto del dios galo Sucellus, y será este aspecto el que vayamos a matizar ya que existen, en mi opinión, otras divinidades portadoras de martillo más adecuadas.


Hace poco, releyendo la descripción del dios Thor de los sami, en la obra Lapponia, de Scheffer, ya noté las similitudes entre el dios Larouco galaico y Thor, la divinidad que provoca el fuego, el rayo, golpeando su martillo de sílex (pedernal) contra el hierro (eslabón). O si se prefiere, con el romano Júpiter. En la ilustración de la obra de Scheffer, Thor u Horagalles aparece sosteniendo un martillo y los fragmentos de sílex se incrustan en su cabeza. Asimismo, Larouco parece sujetar en su mano izquierda un eslabón para hacer fuego, mientras que su maza, en la derecha, tendría que estar hecha de pedernal. En cualquier caso, el paralelismo entre Júpiter - Thor / Horagalles - Larouco es incuestionable; son divinidades celestes que provocan el fuego del rayo y las tormentas. De ahí el refrán portugués "trovão do Larouco, tudo é pouco".

Lo sorprendente es que su recuerdo se haya transmitido en el profundo folklore de Galicia durante miles de años hasta la actualidad; miles de años durante los cuales el dios celeste del rayo, el Nubeiro, ha viajado en el tiempo por medio de la segura transmisión oral, y ha llegado incólume hasta aquí, ahora, desnudo, caído del cielo sosteniendo todavía su martillo en medio de una treboada en Xoibán.

sábado, 14 de noviembre de 2015

Devesa, Travesa, A Vesada

El Padre Sarmiento dudaba respecto a la etimología del sustantivo devesa; portugués defesa (con marcada pronunciación fricativa dental de la "v" etimológica, como se verá, que ha pasado a la grafía), extremeño dehesa (con pronunciación de  "f " como "h" aspirada).

La etimología de esta palabra lo tuvo francamente preocupado (Obra de 660 pliegos, ed. de Henrique Monteagudo, pg. 335) tal vez por las implicaciones sociales que el autor deducía de una u otra etimología respecto a la posesión del suelo: a la propuesta de que las devesas sean tierras defensas, "protegidas, privadas", suma la posibilidad de que el término devesa provenga de divisa, participio del verbo latino dividere, "dividir, separar, repartir", en cuyo caso el autor supone, no sé con base en qué aunque probablemente tenga razón, que las tierras devesas habrían sido comunales.

En el Elucidario de Viterbo hacer una defesa se explica por hacer una coutada, un coto que no se labraba y tal vez dedicado, como suponía el Padre Sarmiento, a las monterías de los ricos o a pastos para cría de ganado. A partir de este significado de acotar, separar una cosa de otra, también cabría considerar una tercera posibilidad, por la que me inclino, que devesa provenga de diversa, participio latino de divertere, "separar". En este caso estaríamos ante derivados del participio del verbo latino vertere, que ha originado otros topónimos gallegos como Travesa ( < transversa), o A Vesada / Avesada ( < adversa + sufijo redundante de participio). El primero sería sinónimo de vía (que conduce de un lugar a otro), y el segundo de avesar, voltear, poner del revés o en contra algo, se sobreentiende que la tierra, es decir, ararla. Por lo cual el aparente artículo del topónimo A Vesada no sería más que el resto evolutivo de la preposición latina ad reintrepretado como artículo femenino.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Punta Herminia, Ar-men

Punta Herminia es el extremo de la península que los ingleses llamaban The Groyne, el hocico de cerdo, en el sentido de promontorio o espigón. En ella, como es bien conocido, se sitúa el faro romano de la Torre de Hércules.

Además de por marinos ingleses, nuestras costas fueron frecuentadas por los expertos pilotos bretones que sin duda tomaron al faro coruñés como referencia y orientación en sus periplos. Por ello es factible que el nombre Herminia, que en principio resulta transparente y podría aludir a la existencia pasada de una villa propiedad de un tal Herminio, sea un exónimo; como The Groyne, Herminia podría haber sido el nombre con que los marinos bretones bautizaron el extremo de tierra donde se levanta la Torre, la Roca, en bretón Ar-men, nombre que también recibe otro mítico faro de Bretaña.


El estrecho contacto que mantuvieron entre sí los pescadores gallegos y bretones en las pesquerías de Terranova provocaría la adopción del exónimo por parte de nuestros marinos, por camaradería, y por la afición que tiene el hombre de mar gallego a adquirir todo tipo de préstamos del léxico de su oficio (cfr. el famoso filispín < full speed). Es un hecho que la toponimia de las costas está cuajada de exónimos, algunos han llegado a ser oficiales, pero otros se conservan oralmente y son utilizados solo por el gremio de los navegantes, permaneciendo ignorados para el resto.

Pero existe en Barreiros un lugar llamado Armén que más bien parece herencia de los bretones de Mailoc.

domingo, 8 de noviembre de 2015

Castañoso en el Libro de la montería

Sauna del Castelón de Castañoso. Fotografía por cortesía de Anxo Martínez.

Decía Alfonso XI que el monte donde se sitúa el Castelón de Castañoso "es bueno de oso en todo tiempo, et a veces hay puerco". De ello damos fe pues en nuestra pasada excursión al Castelón nos encontramos con un jabalí, y tuvimos la oportunidad de ver los cortíns de piedra que se construían para proteger las colmenas del oso. Las vocerías o cuadrillas que iban armando estruendo para espantar a los animales hacia los puestos se situaban, según esta fuente, en Pacios, en el vado del arroyo de Cerredo, en Castañoso y en Silvachá. La situación fija de las vocerías siempre es estratégica, en lugares que por su topografía (v. Anotaciones al Libro de la Montería, de José A. Valverde) o por la existencia de estructuras facilitan la conducción de las presas con precisión hacia la trampa.

De todo ello ha quedado un vestigio en la toponimia del lugar, el nombre del monte frente al Castelón es As Trapelas, derivado de TRAPP-, "armadijo, trampa para cazar animales" (Corominas). Existen varios topónimos Trapa y Trapela en Galicia y Asturias que han de tener este mismo origen. Xulio Concepción en su Diccionario Etimológico de Toponimia Asturiana describe alguna de estas trampas, el "maíz sembrado en cortinos, como golosina de los xabalinos". De hecho, en el Libro de la montería algunas de las armadas se localizan en lugares denominados Trapa.

El testimonio del rey Alfonso XI, la toponimia y tal vez el propio Castelón, una exigua fortificación compuesta por solo dos construcciones visibles (y hasta 6 más sin excavar) encaramadas en lo alto de un enorme foso-terraplén, y que pudo haber sido un pabellón de caza, vestigio de pasadas monterías castreñas, sirven el paralelismo con los fullacht fiadh irlandeses, que se consideran campamentos estacionales de cazadores (Nancy Edwards, The Archaeology of Earl Medieval Ireland).


La configuración de la quebrada entre Castañoso y Silvachá, con el Castelón al fondo, en parte una fuerte pendiente natural, y en parte trabajada por el hombre con grandes fosos, con empinadísimas cuestas que convergen inexorablemente sin casi posibilidad de retorno a medida que nos acercamos al cortín y lo sobrepasamos, recuerda a una enorme trampa de caza, concretamente al antiquísimo tipo de las trampas de paredes convergentes, que aprovechaban el declive del terreno y sus precipicios para conducir al animal al foso. Si la de Castañoso carece prácticamente de muros de piedra es porque no los necesita en su totalidad, aunque sí se percibe un tramo en el que se refuerza una arista natural varios cientos de metros a base de tierra amontonada rematada por piedras, es la conocida como Rúa dos Mouros (A espectacular Rúa dos Mouros do Castro de Castañoso, blog Capítulo 0, Manuel Gago).

Bibliografía y notas: un estupendo artículo sobre estas estructuras cinegéticas que hunden sus raíces en la Prehistoria y son únicas en el mundo, exclusivas del noroeste de la Península Ibérica, es el estudio de Alberte Reboreda, Espacios lupinos de Galicia. En un excelente trabajo en colaboración con nuestros vecinos, "Os fojos dos lobos na Península Ibérica. Súa inventariação, caracterização e conservação", de F. Alvares y otros, se nos informa de que los más antiguos podrían haber sido construidos con tierra. Un indicador de la gran antigüedad de la estructura cinegética de Castañoso podría ser la próxima cueva de A Valiña, con restos de ocupación en el Paleolítico. 

San Patricio y el pío latrocinio de la cruz

"En cierta ocasión San Patricio se hallaba de viaje por la costa de Hibernia y encontró en un campo una cruz clavada ante dos sepulturas.

-¿Quién está enterrado aquí? - inquirió perentoriamente desde su carro.
-Yo, que soy un hombre gentil y pagano - respondió una voz desde la tumba.
-Entonces, ¿por qué está clavada la cruz ante tu tumba? - le preguntó San Patricio.
-Porque el hombre que está enterrado junto a mí era cristiano y le pidió a su madre que pusiera una cruz junto a su tumba, pero algún idiota la puso ante la mía - dijo la voz desde el sepulcro.

Al escuchar esto Patricio descendió de su carro, quitó la cruz del túmulo del pagano y la cambió de lugar, clavándola en el sepulcro del cristiano bautizado". 

Túmulo funerario neolítico rematado por una cruz, Cormoz - Francia.

Esta pequeña leyenda da cuenta del carácter pagano de la llamada cruz de los caminos, que a menudo se encontraba y se encuentra sobre antiguos túmulos prehistóricos (Cruz da Faladora). Asimismo, y a pesar de la elaboración de la historia, no logra ocultar la apropiación de este elemento por parte del cristianismo, y de una forma muy poco honesta: mediante un robo que a su vez se justifica con una mentira, achacando falsamente la colocación de la cruz en la tumba del pagano a un error o equivocación. Existen varias versiones de la leyenda (Vida tripartita; Jacobo de Voragine, Leyenda Áurea; John Colgan, Acta Sanctorum), en la de Pexenfelder la palabra error consta literalmente.

Pero antes se coge a un mentiroso que a un cojo. El cristianismo primitivo no veneraba la cruz, que consideraba un elemento pagano, concretamente, la representación antropomorfa de un dios pagano. Decía Minucio Felix en el siglo II en su diatriba contra los paganos: "nosotros [los cristianos] no adoramos ni deseamos las cruces. Vosotros sí, que consagráis dioses de madera, adoráis cruces de madera como si fuesen su representación. ¿Qué son estos símbolos, el estandarte Cántabro, y el  castrense, sino cruces doradas y ornadas?".

Así pues, los ligneos deos eran ídolos cruciformes de madera que esquemáticamente representaban una figura humana, como la del dios Thor de los sami fineses, hecha con el tronco y la raíz de un abedul.

 
El dios leño Thor tallado en el tronco y la raíz de un abedul, con su martillo de sílex y la cabeza incrustada de fragmentos de hierro, eslabón y pedernal que producen fuego. Scheffer, Lapponia.

Lo que se viene considerando casos de túmulos cristianizados, como el de Cormoz y el que está bajo el Cristo da Faladora en Mañón, podrían no serlo si originariamente tuvieron, tal y como se deduce de la leyenda de San Patricio, una cruz o representación antropomorfa de un dios clavada sobre ellos. Esta cruz, con el paso del tiempo, se iría sustituyendo por otras más elaboradas y ya de simbología cristiana cuando hábilmente el símbolo fue escamoteado por esta religión y considerado exclusivo de ella. En una vuelta de tuerca total se cierra el círculo del perfecto engaño al hacernos creer que son cristianizaciones lo que eran auténticos símbolos del paganismo idólatra.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Mar do Rostro, The Groyne

El nombre inglés de A Coruña fue The Groyne, y aunque parezca una simple pronunciación a la inglesa del topónimo Coruña no lo es, ya que groyne significa "groyne of a swyne, rostrum porcinum", es decir, fuciño de porco, hocico. En inglés groyne se usa también, y de aquí su aplicación a A Coruña, para designar promontorios, cabos, espigones, diques que proyectan su morro porcino contra el mar. Asimismo el gallego Fuciño de Porco designa sendos promontorios en Viveiro y Vilanova de Arousa (Manuel Rodríguez Rodríguez, Hidrotoponimia de la Ría de Arosa).

Respecto al topónimo fisterrán Rostro, Fernando Cabeza Quiles ya había señalado su remisión directa al latín rostrum, y la principal acepción que tenía en aquella lengua, "morro, hocico", circunstancia que conviene a su aplicación a espolones que penetran en el mar, igual que el nombre Fuciño de Porco.

Lo que resulta muy interesante es que el nombre inglés The Groyne no sólo se aplicó a A Coruña: en una nota a los poemas políticos de Thomas Wright (1859) leemos que en 1367 hubo un desembarco de tropas inglesas en la península, en "Le Groyne", que "est in mare ut rostrum porci", es decir, en el Mar do Rostro de Porco, Fisterra. Asimismo The Bruce corrobora la navegación en línea desde las islas británicas hacia el "Grunye of Spainye", evidentemente Finisterre, O Rostro.

lunes, 2 de noviembre de 2015

A Coruña

El sustantivo común y topónimo Corona, Coroa o Croa designa el conjunto de foso y terraplén o murallas de las fortificaciones castreñas: "uineam suam de Corona de Castro" (base de datos del CODOLGA, año 1258, Mondoñedo). La acepción original ha tenido que ser la orográfica, "elemento defensivo circular que protege un asentamiento", y de ella habría surgido la relativa al objeto heráldico. Lo demuestra la costumbre  romana de otorgar al primer soldado que rompía las defensas de una ciudad asediada una miniatura de sus murallas, que portaba sobre la cabeza como símbolo de su triunfo en el asalto. Es decir, la corona heráldica no es otra cosa que la representación en miniatura de la corona o muralla castreña, su símbolo; llevando literalmente una ciudad sobre la cabeza se indicaba que se poseía o se ejercía la dignidad de su representación.


Antigua corona castrensis, muralis o vallaris sobre anillo de hojas de laurel. Museo Della Civiltà Romana.

Según Fernando Cabeza Quiles el topónimo A Coruña podría provenir, lo mismo que Coruña del Conde, del céltico Clunia, "pradaría, lugar húmido" (A toponimia celta de Galicia, Toxosoutos, 2014, pg. 235-246). En apoyo de su hipótesis, además del testimonio histórico de Clunia referido a la actual Coruña del Conde, cita el topónimo Coruñego o Cruñego, en el Bierzo, que también provendría de la misma base céltica, aunque en esta ocasión de forma indirecta, pues la forma Cluniaco haría referencia al monasterio cluniacense fundado por la orden francesa de Cluny.

Pero lo cierto es que la forma Cluniaco, y muy probablemente Clunia, es una latinización de un original Curunniaco > Cruñego, en recta evolución, tal y como se desprende del testimonio epigráfico siguiente:

CLOVTIVS CLVTAMI F
DVPLICARIVS ALAE
I PANNONIOR. SVSARR
DOMO. CVRVNNIACE

Se trata de un legionario galaico de la Legion X Gemina transferido al frente o ala de Panonia. Su grupo étnico era el de los Susarros (Bierzo) y su pueblo Coruniego. Este antiquísimo documento constituye una prueba irrefutable de que la toponimia del tipo que estamos analizando (Cruñego, Coruña) no remite a ninguna base céltica *CLUN-, sino a una base Curunia / Cruña, variantes cerradas de Coruña < coron-ia, "fortificación elevada, castro".

El sitio que ocupaba la Coruña original era llamado también Ciudad Alta, donde no existirían, evidentemente, praderías húmedas incompatibles con el asentamiento urbano. La Ciudad Alta se ubicaba en una elevación del terreno igual a las que ocupan las coronas castreñas, por ello el nombre de Ciudad Alta es redundante, al denotar la misma idea que el término patrimonial coroa / croa, "recinto fortificado en altura". También Brigantia, que podría haber sido el primitivo nombre de Coruña, significa la elevada. Estaríamos pues ante un caso extremo de redundancia, con tres topónimos sinónimos expresados en distintas lenguas: Brigantia - A Coruña - Ciudad Alta.

Ciudad Alta, A Coruña. (C) Instituto Geográfico Nacional de España, Francisco Coello, 1865.

Corona, "fortificación", podría ser el origen del título de Coronero, conocido por la epigrafía, y asimismo podría ser la palabra que se abreviaba en forma de C invertida junto al nombre propio de la fortificación. Este símbolo aparecería desarrollado en la frase "Nabiae Coronae".

El topónimo Cornella podría pertenecer a esta serie. En este supuesto, tendríamos que partir del diminutivo  *coronicula, según me indica amablemente Paulo Lema.

domingo, 25 de octubre de 2015

Pendia, Penso, Pendello

Pendia es un tipo de territorio que depende de otro, vinculado o estipendiario; un apéndice. Así se recoge en el glosario de Du Cange en las entradas Pendia, Pendicium, Penditia : "Territorium, districtus a potiori loco dependens". Proviene, pues, del latín pendere, "estar colgado de algo, depender".

A la vista de estas acepciones habrá que tener en cuenta la orografía del terreno y la existencia o no de una fortificación castreña a la hora de decidir si el topónimo Pendia y sus variantes (Penso y Peso en Portugal y Galicia) designan una elevación empinada que parece estar colgando o un poblado dependiente de otro principal. Almeida Fernandes ofrece también la posibilidad de relacionar los topónimos portugueses Penso y Peso, del participio latino de pendere, pensu, con la existencia en el lugar de dólmenes, cuya cubierta pétrea podría haber originado la designación al ser una gran piedra que cuelga o está suspensa de otras, como en francés pierres pendues. Pero también la relación de esta serie con los megalitos se puede explicar de otra forma, como se verá.

Las formas Pendello / Pendella y Pendón, más frecuentes en la toponimia gallega, desde mi punto de vista partirían del diminutivo apendiculum > (a)Pendello, con la consiguiente creación de la forma opuesta, el aumentativo Pendón. Designan alpendres o construcciones anexas a la casa principal (v. Du Cange sub appendaria y apendicula y pendello en el Diccionario de Diccionarios). Pendello todavía se utiliza como sustantivo, pues pervive en el nombre que reciben los alpendres de la feria de Agolada: Os Pendellos.

Interior del Anta do Pombal (Portugal) utilizado como alpendre.

La utilización de los dólmenes como alpendres o la consideración de que podían haber sido antiguos pendellos o anexos agrícolas se pone de manifiesto en los microtopónimos asociados a yacimientos megalíticos: anta de Pendilhe (Portugal), dolmen del Pendón (Burgos).

viernes, 23 de octubre de 2015

Pena Oubiña y Pennouindos

Con toda seguridad el topónimo coruñés y el orónimo leonés Peña Ubiña son célticos, más concretamente, del subtipo celta p, en el cual se produce la evolución de la labiovelar kw hacia p (*kwenn-, "cabeza, montaña", > pen-). Exactamente en Peña Ubiña, del céltico Penno Ouindos, "montaña blanca", se localiza el Monte Vindio donde astures y cántabros, buscando refugio, fueron cercados por los romanos y perecieron todos de hambre  en el año 25 a.C.


El topónimo es equivalente por lo tanto del galo Pennovindos, del galés Penwyn, y del antiguo irlandés Cenfinän, "montaña o cabeza blanca". Pero en el caso del antiguo irlandés, como lengua céltica del subtipo k, la evolución de la labiovelar kw- es hacia k-, kwenn- > kenn-, perdiéndose el apéndice labial. Este hecho por sí solo impide considerar a la lengua celta hablada en el oeste peninsular dentro del subtipo celta k o goidélico irlandés (gaelaico, según nomenclatura moderna) y complica el cuadro de las lenguas celtas peninsulares, donde coexistirían, como en las insulares, ambos subtipos.

Respecto a la evolución Ouindius / Vindius, "blanco, nevado", > ubiño y el femenino ubiña, con una aparente asimilación del grupo consonántico nd > nn, atípica en las lenguas románicas del oeste peninsular, que conservan siempre el grupo sin asimilar, podría explicarse por la presencia de la yod, que palatalizaría el sonido dental previo: ndy > ny > ñ. Y de hecho la forma que aparece en el historiador galaico Orosio, que se refiere al monte como Vinnio, podría estar indicando esta palatalización, o tal vez una simple asimilación progresiva nd > nn.

Por supuesto que también es posible la evolución desde el latín albina, "blanca" > oubiña, pero este calificativo es un supuesto no atestiguado, al contrario que Pennovindos o el calco latino Mons Vindius.

martes, 13 de octubre de 2015

The fomorians, master builders of megalithic monuments

In Highland Gaelic the mythic race or aboriginal people who inhabited Ireland and Scotland, the fomhair or famhair, were giants associated with underground places; like the mythic mouros of the Galician folklore, they were also master builders of megaliths.

Forno dos Mouros (Giant's Oven), Mañón, A Coruña. 

Theese three notes in common between fomorians and mouros is highlighted in the folklore and in the place names of archaeological sites: ring forts, barrows and dolmens are considered in Galicia, and in general in the North and West of Iberia, as mouro's buildings or their dwelling places. Indeed, the Irish name of the Giant's Causeway, Clochán na bh-Fomhorach, proves the identity between fomorians and giants as master builders of megaliths or cyclopean monuments (Carmichel, in Carmina Gadelica, thinks they were Titans or Cyclops, and it fits whith the one-eyed fomorians).


Liaght ny Foawr (Leachd an Fhamhair) or Giant's Grave in Kew, Isle of Man.

More surprising is the fact the words fomorian and mouro come from the same etymon. The numerous spellings of the first, and his meaning, suggest the eclipsis of an initial m-, from latin majorem, "great, ancestor": the suppression of the radical sound, by prefixing another sound of the same organ, like f-, doesn't occurre in writing, where both sounds are retained in Irish ortography. But in Welsh the sound eclipsed disappears in writing: maur, mor, vor, "great", from latin majorem. And in Galicia the word mouro, "giant, ancestor", from latin majorem, retains this odd meanings in folklore in spite of another identical word: mouro, "dark, moor", from latin maurum.

Galician mouro from Vilar de Perdizes (Portugal). Pre Roman stone carving with the chthonic god holding a hammer.

The tripartite scheme of the Irish and Galician theogony, chthonic titans (fomorians / mouros), heavenly gods (Tuatha Dé Danann / christians) and human beings or heroes (descendants of Míl Espáine) appeared first time in the Theogony, a greek poem by Hesiod (7th century BC). This fact suggests that the celtic mytholohy and the greek one came from a common old european heritage.

Posted for Atlantic Bronze-Iron Connections.

jueves, 8 de octubre de 2015

Atocha

A Tocha o Atocha es un topónimo gallego-portugués y también una conocida advocación mariana madrileña. Recuerda por su significado a la que llevan Nossa Senhora das Candeias o Nossa Senhora da Luz en Portugal, y Notre Dame des Trente Cierges (de los treinta cirios) en Francia. Se forma por la unión del artículo femenino al sustantivo tocha, "antorcha, vela, lámpara".

En Portugal existen por lo menos dos santuarios dedicados a Nossa Senhora da Tocha, en Cantanhede y en Vizela. Como no son infrecuentes las apariciones de la Senhora sosteniendo una tocha o cirio encendido en la mano, como es el caso de Nossa Senhora do Carvalho en Bugellas, y es corriente mantener sus imágenes iluminadas con candelas, puede asegurarse que la leyenda de Cantanhede, que explica la erección del santuario a imitación del madrileño, no tiene una base histórica.

"Nossa Senhora do Pilar vê-se de pé sobre um pilar, como Nossa Senhora da Tocha com uma vela na mão, e a Senhora do Sobreiro com um sobreiro ao lado".


Nossa Senhora da Tocha de Vizela, sosteniendo una vela en la mano derecha.
(C) 7 Maravilhas Vizela.

Hoy A Coruña recupera un viejo microtopónimo de la ciudad en el que se pluraliza la forma sincrética y ya opaca semánticamente Atocha, resultando As Atochas, incorrecto gramaticalmente desde un punto de vista diacrónico, ya que el plural sería As Tochas.

Lo más probable es que el microtopónimo coruñés, como el ferrolano Atocha, estuviese motivado por la existencia en la zona de algún tipo de alumbrado público urbano a base de antorchas, previo a los sistemas de gas y electricidad modernos. También caben otras posibilidades: la de la advocación mariana que hemos examinado, pues en A Coruña existía en Atocha una ermita dedicada a la Virgen; o que el nombre de lugar indicara la instalación de un punto de referencia visual luminoso, puesto que tocha es sinónimo de facho.

Deben descartarse las etimologías eruditas de siglos pasados que explican el hagiotopónimo Tocha por, supuestamente, provenir la imagen de la Virgen de Antioquía, o por ser Madre de Dios (Theotokos en griego). Lo más razonable sería partir del latín torquere, "retorcer", de donde el francés torche < torqua, "tea encerada" (Du Cange), que habría pasado al galaico-portugués to(r)cha. Asimismo, el castellano atocha, "esparto", carece de capacidad motivadora para crear el hagio y microtopónimo Atocha.

domingo, 4 de octubre de 2015

Maceira, Mazaira y Maciñeira

Maceriae dicuntur longi parietes quibus vineae vel aliud clauduntur (Du Cange, sub maceria 3). Resulta evidente que los topónimos Maceiras y variantes son arqueotopónimos que designan cierres, muros de piedra seca: así Chousa da Maceira (en Laracha y O Páramo), o Cortiña de Maceira (Paderne) serán topónimos redundantes en los que los más recientes chousa y cortiña reproducen el significado del antiguo sustantivo maceira, cierre de piedras. Este sustantivo que no se registra en los diccionarios cayó en desuso no sin antes dejar amplia huella en la toponimia galaica (unos 200 casos recoge la base de datos Toponimia de Galicia de Maceira, más 87 Mazairas en Ourense y 41 Maciñeiras en el norte de A Coruña y Lugo). 

Necesariamente ha de ser así, porque el sustantivo homónimo maceira, "manzano", derivado romance del latín mattiana, dificilmente puede motivar por si mismo, y aislado, un nombre de lugar. Se trataría, pues, de un caso similar al nombe de lugar Pereira, que no guarda relación con el frutal, sino que proviene del latín petra, "piedra".

Almeida Fernandes proponía el étimo mattea o mattia, "pedra", para explicar los topónimos portugueses Maciço y Maceiro. No es el único autor discrepante con la hipótesis fitotoponímica, porque antes Rohlfs abiertamente había sugerido que los Maceiras gallegos y portugueses provenían del latín maceriam, "muralla, cierre, ruinas". Pero sin duda los argumentos más relevantes se encuentran en los estudios de Badia i Margarit ("Els noms de lloc catalans Maçana (y afins) a la llum de la documentació llatina medieval"), y de Balari i Jovany, parte publicada por el autor en su obra Orígenes históricos de Cataluña, 1899, y parte dada a conocer por el propio Badia, que publica las notas inéditas de Balari sobre Maçana.

Balari consideraba que tanto maceria como macenaria designaban una 'paret (delimitació d'horts i tancats) feta de pedres en sec'; por su parte Badia incluye a esta serie toponímica en la categoría de los orónimos, posiblemente en relación con maça, "fita, molló". El carácter de hitos o mojones de alguna de las Maceiras gallegas se podría validar con la existencia de una pedrafita en el lugar de As Maceiras (O Saviñao), no obstante, los contextos de la documentación medieval apuntan claramente a restos arqueológicos de cierres, murallas de piedra.

Además, el diccionario de portugués de Cândido de Figueirido recoge maçanaria como "obra de pedreiro". Es posible, asimismo, que el étimo maceria existiese también en lusitano: el texto de Lamas de Moledo en donde se menciona un "macareaicoi petranioi" se referiría a una de estas maceiras de piedra. Tal vez el propio y descomunal pedrón que soporta la inscripción. En esta línea, la toponimia de la serie Maceira sería cuando menos prerromana.

martes, 29 de septiembre de 2015

Paleocomunicación humana

Acaba de salir un nuevo artículo sobre el origen del lenguaje humano en la nueva revista Science Advances: R. Quam, I. Martínez, M. Rosa, A. Bonmatí, C. Lorenzo, D. J. de Ruiter, J. Moggi-Cecchi, M. Conde Valverde, P. Jarabo, C. G. Menter, J. F. Thackeray, J. L. Arsuaga, Early hominin auditory capacities. Sci. Adv. 1, e1500355.

Se echa muy en falta en la bibliografía la obligada cita al trabajo de Wiley y Richards, precursores en el campo de investigación de la acústica y de las repercusiones que las barreras o limitaciones físicas del hábitat tienen en la comunicación de los animales, unas repercusiones que sirven en gran medida a los autores del reciente trabajo para formular sus conclusiones. El viejo artículo de Wiley y Richards es del año 1978: "Physical Constraints on Acoustic Communication in the Atmosphere: Implications for the Evolution of Animal Vocalization", Behav. Ecol. Sociobiol. 3, 69-94. Y fue citado nada más y nada menos que por 737 trabajos científicos posteriores. ¿Descuido? Lo dudo.

La revisión de Wiley y Richards pone de manifiesto que la degradación o desvanecimiento de las señales acústicas durante su transmisión permite a los sujetos juzgar la distancia a la que se encuentra el emisor. Esta función es tan importante para la supervivencia del individuo y del grupo que, apuntan, las señales acústicas en la comunicación animal podrían haber evolucionado para incorporar emisiones que se degradasen de forma predecible en relación con la distancia de separación de los individuos.

Por lo tanto, una especie humana que dispusiese de modulaciones suficientes para cumplir esta función de posicionamiento en un hábitat determinado podría tener la capacidad de emitir y percibir determinados rangos de frecuencias, las requeridas en ese hábitat, pero aunque esas frecuencias coincidiesen con las del lenguaje humano actual no significaría que esa especie humana tuviese la capacidad de hablar. Estaríamos ante un caso de preadaptación: primero surge una adaptación acústica al medio para expresar el posicionamiento, y después ese mismo rango de frecuencias es utilizado para comunicarse, para hablar. ¿Cuándo? Todavía no lo sabemos.

sábado, 26 de septiembre de 2015

Camariñas

A Camariña (Alfoz y Sarria) y Camariñas, en la Costa da Morte, no parecen guardar relación con la planta llamada caramiña o camariña pues de ser así se esperarían topónimos con formas abundanciales, como Caramiñal. Parece más probable que esta serie derive del latín camara, "construcción abovedada". Para García Arias los topónimos asturianos como Camarín, Camarina, Cámaras o Camarón designarían capillas, construcciones dedicadas al culto por depositarse en ellas imágenes o reliquias de un santo.

En el Diccionario de Diccionarios cámara es el habitáculo principal de una vivienda; en uno de los documentos recogidos por López Ferreiro se describe una cámara "feyta aboueda". La misma fuente en las entradas camariña y camareta recoge las acepciones de "alcoba cerrada con tablas" y "monte bajo poco elevado". 

En teoría cámara podría haberse aplicado también a los edificios abovedados o fornos que formaban las saunas castreñas, o incluso a cámaras sepulcrales megalíticas. El topónimo con la forma evolucionada Cambra, con caída de vocal postónica que origina el grupo m'r, resuelto en mbr, se encuentra en Ponteceso, Mondariz, Lugo, Sarria y Betanzos (As Cambras). De la comparación entre estos casos y las formas en diminutivo se desprende que en estas últimas se evita la caída de la vocal átona, *Cambriñas, por lo que el doblete A Camariña / A Cambra no se debe a una mayor o menor presión culta que mantenga o descuide el vocalismo del étimo. Se trataría de una evolución fónica divergente debida a la estructura morfológica de la palabra.

No dejan de ser interesantes por su aplicación al caso las notas de Souillet sobre el topónimo bretón Camaret, tal vez ligado al céltico cambo, "curvo", bretón camm, "curvo" ("Camaret", Annales de Bretagne, 1951), sobre todo en lo que se refiere a su uso como orónimo, registrado también en el gallego camariña, "monte bajo poco elevado".

Pertenecen a la misma serie los topónimos gallegos: Camarón (San Amaro), Camarada (Cesuras, Malpica, Betanzos), As Camaretas (Pastoriza), As Camareiras (Castro de Rei), As Cámaras (Monfero).

viernes, 25 de septiembre de 2015

Arte neandertal

En 2012 con las dataciones que ofrecían Pike y otros expertos en su estudio sobre los orígenes del arte rupestre paleolítico en Europa quedó establecido que las cuevas cantábricas presentan las manifestaciones artísticas con la cronología más antigua de Europa, superando en 7.000 años las fechas de la cueva francesa de Chauvet; es el caso, por ejemplo, de uno de los discos rojos de la Galería de la Cueva del Castillo, pintado hace más de 40.830 años (Pike y otros, "En los orígenes del arte rupestre paleolítico: dataciones por la serie del uranio en las cuevas de Altamira, El Castillo y Tito Bustillo", Monografías del Museo de Altamira, n 23).

En estas fechas nosotros, es decir, el ser humano anatómicamente moderno, llamado por otros Cro-Magnon, todavía no había pisado Europa, de hecho faltarían varios miles de años para que nuestra especie dejase su huella en el registro fósil de este continente, que por entonces estaba poblado exclusivamente por otra especie humana hoy extinta, el Neandertal (ponencias de Cabrera Valdés y Vega Toscano en las Actas de la reunión científica "Neandertales cantábricos, estado de la cuestión", Monografías del Museo de Altamira, n 20).

El Neandertal, que ahora ¡va y resulta que pintaba! A partir de los datos cruzados aportados por los estudios de Pike, Cabrera y Vega Toscano, se puede afirmar sin la menor duda que fue esa otra especie humana la que encontró o inventó una forma de expresión artística y simbólica que constituyó el punto de partida o inspiración de la nuestra. Ahora ya no podremos seguir considerándonos la cima de la evolución, ni continuar excusando nuestra abyecta maldad como especie con esas frases de autocomplacencia sensiblera en las que admitimos ser capaces de las peores atrocidades porque creemos ingenuamente que nuestra, hasta hace poco exclusiva, capacidad artística e intelectual nos redimirá de todo lo malo. Como si una sinfonía lo arreglase todo.


La Cueva del Castillo es un enclave Patrimonio de dos Humanidades porque hubo allí otra humanidad que dejó un incomprensible mensaje estampado en rojo, en forma de hileras de discos, improntas de manos, y signos tectiformes de más alto contenido simbólico que el facilmente inteligible arte figurativo posterior realizado por los Cromañones, de facies completamente distinta.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Valadouro, Fazouro, Riouro

Del latín vallatum, "circundado de un foso o vallum", se pasa al romance valado que mediante el sufijo derivativo -ouro / oiro ha originado el topónimo Valadouro, o el sustantivo valadoiro, "quebrada, ladeira". Tal vez deverbales, de vallare. Otro resultado románico que recoge Du Cange es valat, que encaja en el nombre de la vía romana llamada por los árabes Al-Balat. Desde esta perspectiva el nombre no sería árabe más que en el artículo, y se explicaría por la técnica constructiva de las calzadas a partir de una fosa abierta en el terreno.

Por lo que respecta al supuesto nombre paleoeuropeo del río Ouro que discurre por O Valadouro desembocando en Fazouro, es muy posibe que estemos también ante una falsa segmentación a partir de un étimo Riouro, un derivado del latín riuum, "río", mediante el sufijo -ouro / oiro. Lo mismo que Fazouro, derivado de faucem, "desembocadura, boca, foz", mediante el mismo sufijo.

Resulta evidente que en los tres casos se ha producido una reinterpretación del sufijo -ouro como el sustantivo ouro, "oro", procedente del latín aurum. Siendo, pues, un caso de etimología popular por homonimia.

Podemos aventurar, por lo tanto, que O Valadouro no es literalmente un valle por donde discurre un río llamado Ouro, sino una trinchera orográfica, un foso natural o valado del paisaje.

lunes, 14 de septiembre de 2015

La estela megalítica del Castelón de Castañoso

Acabo de ver el magnífico documental de Soledad Felloza y Manuel Gago sobre la sauna castreña del Castelón de Castañoso, en A Fonsagrada. Y más que con la conservación del horno de falsa bóveda por aproximación de hiladas, más que con la conservación de la pedra formosa del atrio, aunque fragmentada, más que con todo esto, ya en sí mismo excepcional, me quedo con la gran losa del suelo, que me recuerda a la enorme estela megalítica reutilizada como suelo del cairn bretón de Petit Mont.


Marco Virgilio Quintela y Manuel Gago en el cairn-sauna del Castelón de Castañoso. Imagen capturada del vídeo de Soledad Felloza, publicado en el blog Capítulo 0.

Estela de Petit Mont, Arzon.

"Mystici sunt lapides, et ad diversa medicamenta salubres. Gigantes eos olim adportaverunt ex ultimis finibus Africae regionis illic, ut balnea infra ipsos conficerent, cum variis infirmitatibus gravarentur. Lavabant namque lapides cum variis herbarum confectionibus et fundebant in balnea unde curabantur aegroti; nec ibi lapis qui careat medicina"

Es un antiguo testimonio del folklore británico sobre los megalitos sauna, del que hay alguna versión más, como la de Robert de Glocester:

"Thike stones for medycyne, and in Yrlond hem sette,
While heo wonenden in Yrlond to make here bathes there,
Ther undir forto bathi wen thei syk were.
For heo wuld the stones wasch and there enne bathe ywis.
For is no stone ther among that of gret vertu nys"

Se viene considerando una fábula carente de fiabilidad, sin embargo es muy probable que en algunos recintos megalíticos se hayan realizado rituales curativos con vapor de agua y hierbas medicinales infusionadas, a la vista de las grandes pilas que se encontraron en el interior de alguno. No obstante, el testimonio refiere más bien un baño de vapor que se esparce por una cámara, sin necesidad de que el sujeto enfermo se sumerja.



Pilas en los megalitos de Dowth y Knowth, Irlanda. Podrían servir para contener el agua mezclada con las hierbas que se calentaría para producir vapor introduciendo piedras al rojo.

Integradas en las saunas castreñas y en su exterior aparecen pilas de mayor tamaño que las irlandesas, como en Coaña o Santa Mariña de Augas Santas, que en este caso servirían para refrescarse tras el baño de vapor.

Algunos autores, como Villa Valdés y el propio Quintela en el vídeo, consideran que estas construcciones eran espacios sagrados donde tendrían lugar ciertos rituales: "la posición forzada de retorno al exterior [a través del pequeño hueco de la pedra formosa] evoca de forma muy expresiva el instante del nacimiento" ("Santuarios urbanos en la protohistoria cantábrica: algunas consideraciones sobre la forma y función de las saunas castreñas", BRIEA, n 77).

La conexión atlántica surge cuando comparamos estos monumentos con las antiguas saunas finesas, cuyo horno estaba construido en forma de falsa cúpula por aproximación de hiladas y eran semisubterráneas. Allí tenían lugar todos los nacimientos y allí también se bañaban los cadáveres antes de su entierro. Situadas, como las castreñas, en la periferia del asentamiento, eran lugares sagrados donde comenzaba y terminaba la vida. Con frecuencia el Kalevala considera a la sauna como un espacio único de carácter sagrado y espiritual. Así, en el testimonio de Estrabón que detalla cómo los lusitanos tomaban baños de vapor al estilo lacónico en estas saunas que revela la arqueología, podría haber un error de transliteración por lapónico (fineses) mediante el cual se atribuyeron a los lacedemonios o espartanos costumbres laponas o finesas, como esta de la sauna, o la de bañar a los niños en agua fría (Scheffer, Lapponia).

Notas sobre la historia y carácter sacro de la sauna finesa: Pia Maria Lindman, "Sau-nə [Finn]: a Finnish steam bath in which the steam is provided by water thrown on hot stones", 1999.

 Horno de la sauna de Castañoso.

 
Horno de sauna finesa, Lipasvaara. (C) Paulaharju Samuli, 1907.

domingo, 13 de septiembre de 2015

Lugo: la legendaria ciudad asolagada de Lucerna


A Mosqueira, murallas de Lugo. Semanario pintoresco español, 6/10/1850, n.º 40, página 1. (C) BNE.

"Les tors sont hautes, ke resemblent clocier: grans sont les motes et parfont li vivier" = las torres son tan altas que parecen campanarios, los fosos son grandes y profundo el canal. Descripción de Lucerna según el Anseïs de Cartage.

Antón Santamarina en "A lexendaria vila de Lucerna" parece que se propone aclarar la etimología del misterioso topónimo Lucerna; hasta en tres ocasiones su breve artículo anuncia el esclarecimiento del nombre sin resolverse en aportación filológica alguna. Ya casi al final leemos que con el estudio de Bédier "non queda mesmo así aclarado o nome desta lexendaria vila. Compre, xa que logo, recurrirmos á prehistoria e á etnoloxía", pero la última expectativa que se nos abre queda ahí, y el artículo concluye, como el trabajo de Bédier, dejándonos in albis, sin étimo para Lucerna a no ser el topónimo suizo, lo que supone trasladar el enigma onomástico a otro lugar.

La etimología del topónimo y sustantivo lucerna no tiene nada de misteriosa; se trata de un derivado del latín lux, "luz", y tiene por lo tanto significados similares: "lámpara, linterna, luminaria". Lo interesante de su etimología es que en la antigüedad se creía que el sustantivo y topónimo lucus también provenía de lux, lucis, tal vez por antífrasis, precisamente porque en los lucos no entraba la luz ("Lucus, a non lucendo").

Aunque es muy probable que esta etimología de Lugo en relación con lux sea incorrecta, el hecho de que en la antigüedad se creyese en la relación etimológica entre Lucerna y Lugo proporciona apoyo para su consideración como sinónimos intercambiables. Según esta posibilidad, las menciones a la legendaria ciudad de Lucerna, fundamentalmente del Pseudo Turpín y de la épica francesa, serían variantes del topónimo galaico Luco > Lugo.

La prueba real y tangible de que esto fue así se encuentra en la División de Wamba, en concreto en los textos posteriores que la repiten transmutando su verdadero nombre: "Luco teneat de Laguna usque Busam, de Monte Soto usque Quintana" / "Lucerna tenga desde la Laguna fasta en Losa e de Monte de Soto fasta Quintana". Lugo y Lucerna eran un mismo lugar, tanto es así que en ocasiones hasta se habla del "obispado de Lucerna" trasladado a Oviedo, dato histórico que se corresponde con la traslación de la sede de Lugo a Oviedo.

Tras la toma de Lucerna por Carlomagno con la ayuda del apóstol Santiago la ciudad quedó desierta, surgiendo en su interior un extraño estanque donde había grandes peces negros: "gurges atri amnis in medio eius surrexit, in quo magni pisces nigri habentur".



Reconstrucción del mosaico de Batitales (Lugo) con busto de Neptuno entre grandes peces negros (delfines), realizado a partir de animales o partes de animales marinos, camarones en la barba, antenas de langosta, percebes y pinzas de crustáceos como cuernos y orejas, barbos como hombros. (C) Lugotea.com


domingo, 30 de agosto de 2015

Merlín, Merla y Pech Merle

La arqueóloga Mónica Montero Borrazás me pregunta por la etimología del topónimo Merlín (Agolada) por si el nombre estuviese relacionado con los yacimientos castreños de la zona.

En primer lugar, resulta complicado sostener que sean zootopónimos ya que dificilmente la presencia esporádica del ave denominada merlo puede originar y mantener un topónimo, por lo que tendremos que buscar otras explicaciones.

En algún caso en que funcionan como hidrónimos, Rego Merlán (Boqueixón), Rego da Merla (A Pontenova), Fonte das Merlas (Ames), Fonte da Merla (Vigo), A Fonte do Merlo (Val do Dubra), parece posible la proveniencia de una base hidronímica paleoeuropea *MAR-, "masa de agua,  lago, mar" (Bomhard y Kerns, The Nostratic Macrofamily, pg. 653). En la base de datos del CODOLGA aparece indexado un documento de 1143 con el testimonio "aqua de Merula" / "aqua Merula" (Lourenzá).

Y en relación con el campo toponímico de las construcciones fortificadas, en Portugal se documenta un Merlín junto a un castro: "in ripa de Cadavo in villa Merlim subtus alpe Castro Maximo territorio Bracarensi" (año 1082, Braga: CODOLGA). En estos casos podríamos estar ante onomástica proveniente del bajo-latín merulum /merla, que el glosario de Du Cange define como sommita di muraglie non continuata, ma interrotta con egual distanza, y que a su vez es un derivado del latín arcaico moerus, "muro", cuyo diptongo oe evoluciona en latín clásico a u (murus) y en general a e en los romances (cfr. poenicum > punicum / fenicio). Serían correlatos en otras lenguas románicas el italiano Poggio della Merla, con vestigios de murallas de un castro, y el topónimo francés Pech Merle, cuyo primer elemento deriva del latín podium, "elevación, colina",  y el segundo podría estar aludiendo a la pared rocosa interrumpida por las aberturas de las cuevas, una de las cuales es famosa por el arte rupestre paleolítico que contiene. 

viernes, 28 de agosto de 2015

La vida es sueño paleolítica

En una vuelta por la tienda del Museo de Altamira veo que Lewis-Williams ha publicado con David Pearce ya hace tiempo, en 2005, la continuación del clásico La mente en la caverna, que se centra en el Neolítico. Así que me compro y comienzo Dentro de la mente neolítica: la noción del cosmos estratificado en niveles comunicados por vórtices se origina a partir de experiencias universales resultado de la estructura de la mente humana; la consciencia humana es un continuum o espectro que va desde los estados alterados de consciencia, o lo onírico, a lo racional y científico, y cada sociedad o cultura establece por consenso los cortes pertinentes que delimitan los rangos de lo real y lo imaginado; el chamán es capaz de pasar de un nivel cósmico a otro utilizando técnicas de trance o éxtasis (estados alterados de consciencia) ayudado por animales espíritu que lo guían en su camino; en las cuevas franco-cantábricas se plasmaron escenas de estos viajes transcosmológicos. Hasta aquí todo es posible y hasta bastante probable. Donde me estoy atascando es en la neolítica domesticación del uro, que según los autores se produce no para aprovecharlo económicamente, sino que con su doma se pretendía exhibir el poder real y elevado estatus del chamán o chamanes que tenían a este impresionante animal como espíritu-guía. ¿También con la domesticación de las ovejas y de las gallinas ponedoras se buscaría impresionar a los legos? ¿Habría que domesticar a los buitres si un chamán los tuviese como guías? No lo creo, pero pelillos a la mar. No es fácil formular casi de cero una nueva hipótesis que explique el complejo enigma del arte paleolítico y neolítico sin meter la pata en algún punto.

A Lewis-Williams y a Pearce les falta concretar en qué nivel cosmológico se situaba a sí mismo el ser humano en el Paleolítico, a qué otros niveles pretendía acceder, y por qué usaban estados alterados de consciencia para entrar en ellos. En mi opinión les faltó leer a Calderón, ver Matrix, o examinar con más detalle la creencia universal de que la vida es, o podría ser (no lo sabemos con seguridad), un sueño, y su corolario, que morimos al despertar de ese sueño. Pero el chamán, como Segismundo o Neo en Matrix, es capaz de despertar dentro del sueño sin morir, ver la realidad y volver al sueño para contárnosla. El chamán no practica el falso arte de ensoñar de Castaneda, sino el de despertar.

Chamán en la galería final de Hornos de la Peña. ¿Estará la realidad al otro lado de la grieta?