viernes, 30 de diciembre de 2016

Padernelo, Padornelo, Paderne, Padrón y las rutas jacobeas

Nuestro admirado Juan José Moralejo escribió un excelente artículo sobre la etimología de los topónimos Padrón y su diminutivo Padornelo, plagado de interesantes referencias eruditas: "Empadronando a Padrón", publicado en la revista El Extramundi en 2004, y también recogido en su monografía Callaica Nomina. Entre las etimologías propuestas, prácticamente da como segura la que entronca estos topónimos con *petronum, "piedra con función monumental, es decir, de recordatorio de un acontecimiento, señalamiento de un límite, marca de una propiedad, orientación o referencia en caminos y cruces de caminos". Decía Moralejo que "la ausencia total de Patronus [como nombre propio] en la abundante documentación de antropónimos de época romana en Hispania no es la mejor recomendación para hacerlo responsable del abundante Padrón, Padrão y su diminutivo Padronelo, Padornelo" (op. cit., pg. 245). Además, añado, el significado del portugués padrão, "miliario", ¿de dónde vendrá con mayor probabilidad, de pater o de petra? El lexicógrafo Joaquim de Santa Rosa de Viterbo también recogió el significado del portugués padroom definiéndolo como "marco de pedra alta e corpulenta", y en su Elucidário encuentro la cita "fuit cautatum per Petrones", respecto a la delimitación de un couto, lo cual demostraría que petrones originó padrones, "marcos, miliarios", y su diminutivo padornelos.

En el Du Cange, sin embargo, se define petronus como "acervum lapidum", es decir, el montón de piedras que forma un amilladoiro. Esta última acepción que olvidó recoger el profesor Moralejo también sirve al contexto viario de los caminos, en concreto a la tipología de rutas de peregrinación, en las que abundan los acervos de piedras como el de Foncebadón (Camino de Santiago), los grandes amilladoiros de San Andrés de Teixido o el semidesaparecido de Pastoriza (romería de Nosa Señora de Pastoriza en A Coruña).

Y por otra parte, si bien Padornelo (Pedrafita do Cebreiro, en el Camino Francés) y Padronelo son diminutivos de Padrón, no es menos cierto que Padernelo (O Padernelo, Churío) ha de considerarse variante de Padornelo y, asimismo, diminutivo de Paderne. Y esto es así, además, porque ambos topónimos se sitúan en la misma vía de comunicación y a escasos kilómetros de distancia: en la maravillosa CP 905 de Betanzos a Irixoa, estudiada por Vales Villamarín como parte de una de las tres rutas jacobeas que pasaban por Betanzos, usando aquí, según el autor, un tramo de calzada romana. Este tramo, a pesar de que no se incluye en los modernos itinerarios, formaba parte del primer camino francés denominado hoy en día Camino del Norte.

La conexión de esta ruta jacobea con los milenarios caminos altos que discurren por los cordales de las sierras, bordeados de túmulos megalíticos, fue puesta de relieve por Vales Villamarín al indicar que la vía pasaba por las medoñas del Galiñeiro en Cambás, junto a la ermita de San Vitorio, enlazando con el campo de mámoas de Mántaras en donde se levanta la iglesia dedicada a San Antonio Abad ("Antiguas rutas jacobeas del territorio brigantino", Anuario Brigantino, 2002): "templo ojival de San Antonio Abad, denominado también de San Cosme, en el elevado monte de San Antón, feligresía de Santa María de Mántaras, edificación emplazada en las inmediaciones de otra necrópolis prehistórica, compuesta de un crecido número de "medoñas", de planta casi circular y violadas todas".

Tímpano del templo ojival de San Antonio Abad en Mántaras, Irixoa. En medio, San Antón con su bastón muleta en forma de tau y, bajo él, uno de sus cerdos pastando libremente (1); a la derecha, elemento vegetal, posible espiga de centeno con cornezuelo. (C) Dolores González de la Peña

Los hospitales dedicados al tratamiento del ergotismo o fuego de San Antón, provocado por el cornezuelo del centeno, fueron fundados por la orden de los Hospitalarios de San Antonio Abad y se levantaban en los caminos jacobeos, lo que significa que Vales Villamarín tenía motivos sobrados para considerar la CP 905 una variante del Camino Francés a Santiago de Compostela. Entre ellos, y saliendo de Betanzos hacia Irixoa, los odónimos Nosa Señora do Camiño, A Rúa, O Francés, y los mencionados Paderne y Padernelo, además de la iglesia de San Antonio.

Viejo letrero de azulejos indicando el lugar de O Francés al borde del primitivo Camino Francés del Norte, hoy CP 905. (C) Dolores González de la Peña

Junto a la iglesia de San Antonio acaba de identificarse el pasado año un probable menhir (o padernelo, según el léxico de la zona): "A pedrafita-menhir de San Cosme de Mántaras", Ángel G. Martínez y Ramón Boga, 2015, Fol de Veleno.

Menhir de Mántaras, Irixoa. (C) Dolores González de la Peña

Este primer camino francés fue también estudiado brevemente por Elisa Ferreiro Priegue en Los caminos medievales de Galicia, 1988, pg. 199, con la diferencia de que lo lleva por debajo de la iglesia de San Antón, por Paso Cativo hasta Serra da Loba. Todavía algún peregrino lo practica, y en espesas y oscuras noches cerradas de niebla no es difícil encontrarse con un inglés pidiendo alojamiento en Irixoa, siendo acogido, como tantas veces, por los hospitalarios de Casa Lourán.

(1) Como se señala en antiguos repertorios de farmacia, la manteca de puerco se utilizaba para curar las llagas de la erisipela y el ergotismo.

sábado, 24 de diciembre de 2016

Paiosaco

Dice Cabeza Quiles que el topónimo Paiosaco (Laracha y Arteixo) proviene del antropónimo Pelagius, que evoluciona a Paio en gallego, siendo por lo tanto un nombre de lugar motivado por el nombre del posesor de los terrenos. Conviene, sin embargo, apuntar lo que señalaron A. García Romero y J. Rodríguez Morales en 2001 en su estudio "Contribución al estudio toponomástico del Sur de Madrid. I. Toponimia de Móstoles", Anales del Instituto de Estudios Históricos del Sur de Madrid "Jiménez de Gregorio", respecto del hidrónimo Valdepelayos, que, siguiendo a Corominas, interpretan como un derivado de pelagum, "poza", lo cual sería también aplicable a algunos topónimos galaico-portugueses Paio, que harían referencia en algún caso a pozas o lagunas. Este podría ser el caso de Paiosaco, probablemente un antiguo pelagum sicco, poza o charca que acabó secándose.

En el mismo caso estaría el hidrónimo portugués São Paio de Agua Longa, que además de ser redundante como hidrónimo, nos da pie a plantear que la ingente cantidad de topónimos relativos a San Paio sean en realidad hidrónimos en los que la capacidad sanadora y milagrosa que se atribuye al agua, porque limpia, se resalta mediante el adjetivo santo, como en Aguas Santas, Fonsanta, etc.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Figura popular de peregrina, Palas de Rei

Peregrina o romera de Palas de Rei, Museo das Mariñas. (C) Dolores González de la Peña

A medio camino entre las figuras de contornos recortados azilienses y los ídolos del megalitismo sobre placas de pizarra, con marcados escotes en V y el contorno de la cabeza y hombros también con frecuencia recortado, esta curiosa figura de pizarra se encuentra en el museo de As Mariñas de Betanzos en la sección dedicada al vestido tradicional y parece representar a una mujer en hábito de peregrina, asomando las manos por el borde sinuoso de su capa. La mano izquierda, a menor altura, se apoya en un bastón; bajo la capa se observa la clásica botonadura del hábito de peregrino, rematado en el cuello por un pequeño volante fruncido; en las orejas luce pendientes.

Es una figura excepcional por muchos motivos, principalmente por recordarnos que la mujer galaica siempre fue dada al viaje, a la aventura, lo que deja entrever un carácter independiente y valiente que ya llamó la atención de Valerio del Bierzo cuando reseñó la peregrinación de la galaica Egeria, que en el siglo V recorrió Tierra Santa escribiendo sus impresiones en el primer libro de viajes conocido.

martes, 6 de diciembre de 2016

Lagoa neolítica en O Petón da Campaíña - Corme

Ya hace algún tiempo que venimos informando de la existencia de lagoas de origen antrópico en nuestras montañas (Lagoas neolíticas de Galicia); primitivas obras de ingeniería hidráulica para captación del rocío o del agua superficial por escorrentía. Asimismo, hemos adscrito tentativamente la cronología de estos humedales al epipaleolítico o al neolítico pues por las inmediaciones de las lagoas discurren antiguas sendas naturales para el ganado, que transitarían las últimas sociedades de cazadores, y a menudo se localizan necrópolis megalíticas.

En la toponimia de la zona el nombre O Torno aludiría a uno de estos cattle-tracks, a un paso estacional para el ganado que, en la Prehistoria reciente, suponemos pastando en completa libertad y en estado salvaje en estos cotos de montaña de propiedad comunal hasta el momento de su cacería o reducción para aprovechamiento, como sucede todavía hoy en día en las rapas o curros. El Diccionario de diccionarios da lingua galega define tornar como "separar o apartar el ganado, impedir que se acerque a algún punto", siendo por ello los Tornos y Retornos de nuestra toponimia indicadores de vías naturales de tránsito utilizadas periódicamente por los animales en sus desplazamientos a los valles. Es precursor de esta línea de investigación el estudio de los Hubbard, Neolithic Dew-Ponds and Cattle-Ways, de 1905. 

Gran lagoa neolítica de montaña en Corme, junto al abrigo del Petón da Campaíña, en la zona denominada Ribeira dos Bolos Rubios. (C) Dolores González de la Peña

Por encima de Corme Aldea llama la atención la concentración de petroglifos en abrigos rupestres, siendo el más importante el del Petón da Campaíña, de adscripción epipaleolítica ("A media luz. Grabados de la Prehistoria reciente en abrigos galaicos", Fábregas y Rellán, Trabajos de Prehistoria, 2012) y estudiado someramente por Mañana Borrazás y Santos Estévez, "Arte rupestre no promontorio de Corme (Ponteceso)", Gallaecia, n  21.

Vista general del abrigo del Petón da Campaíña, Corme. (C) Dolores González de la Peña.

Según Fábregas y Rellán en el citado estudio, diversos autores como Tilley, Vázquez Rozas y De la Peña y Rey han comprobado que el paisaje inmediato a los paneles donde se graban los petroglifos suele trasladarse al panel; parece que de alguna forma ese peculiar paisaje está presente en la escena, plasmado, figurado o representado en el grabado.

Si sometemos el petroglifo del Petón da Campaíña a esta consideración podemos observar que la gran depresión hemiesférica del conjunto podría representar la laguna que venimos comentando, junto a la cual destaca un conspicuo afloramiento erosionado verticalmente; este afloramiento, asimismo, aparece insinuado en el plano vertical de la maqueta del paisaje representado en Petón da Campaíña, junto a la gran concavidad-laguna. A partir de ahí los diversos canalillos y cazoletas del plano horizontal podrían representar sendas naturales y la ubicación de otras estaciones y cazaderos (p. ej. O Torno). La hipótesis está muy lejos de estar contrastada, sin embargo no deja de ser sugerente que los petroglifos puedan haber sido diagramas o maquetas, a medio camino entre el mapa y la guía de viajes para antiguas sociedades de cazadores.

Afloramiento en la Ribeira de os Bolos Rubios, junto a la laguna.

sábado, 3 de diciembre de 2016

O pasado nas mans



El Museo de Pontevedra acaba de publicar los cortos que concursan al I Festival de Videoinvestigación sobre el patrimonio arqueológico de la provincia de Pontevedra dentro del proyecto de Telearqueoloxía, que busca acercar la disciplina arqueológica y su objeto de estudio a la sociedad, así como implicar a la gente en el proceso de investigación arqueológica. En la web del enlace anterior se pueden votar los cortos en las categorías de lascas y bifaces hasta el día 15 de diciembre.

Con su documental O pasado nas mans mi amigo Anxo Martínez de Alegría relata precisamente su (y nuestra) involucración como voluntarios y aficionados en la investigación arqueológica de nuestro entorno, pues, como señala él, egipcios y griegos nos quedan muy, muy lejos, y tenemos tanto patrimonio que aprender a valorar... por ejemplo, un castro galaico olvidado junto al patio de recreo. Así empieza esta extraordinaria historia, en las aulas, como debe ser, y continúa fomentada por las publicaciones del propio Museo de Pontevedra.

De la mano de Anxo, la mano de un peón voluntario que ha participado en todas las excavaciones arqueológicas con voluntariado de la provincia de Pontevedra de los últimos treinta años, pasamos por el Vigo romano, por el castro de Troña, por el yacimiento paleolítico de Porto Maior, y atendemos a sus sencillas y exactas explicaciones resultado sintético de amplios conocimientos y adecuado manejo de fuentes bibliográficas. Aprenderemos qué interés geoestratégico tenían los fenicios en Vigo, o cómo se lo montaban los primeros arqueólogos que excavaron Troña en el balneario de Mondariz (el documental tiene bastante presente el enfoque historiográfico), nos contará el folklore asociado a la Pedra da Serpe aparecida en Troña, y sabremos que Homo Heidelbergensis fue la especie humana que talló los bifaces más grandes de Europa en Porto Maior.


Las consecuencias del parón que sufrió la arqueología de campo institucional en Galicia en los últimos años o Internet, que propició blogs con contenidos de divulgación  arqueológica como Capítulo 0, también son objeto de análisis en O pasado nas mans.

Tocar el pasado lo vuelve presente, y de algún modo esa sinestesia nos transforma en inmortales.



martes, 1 de noviembre de 2016

El timón de Dombate


Fernando Alonso Romero sostiene que las leyendas de santos que navegaron en barcos de piedra, de las que únicamente se conservan cuatro en Galicia, la de Santiago Apóstol, San Andrés de Teixido, Nosa Señora da Barca y San Juan de la Misarela, fueron introducidas por inmigrantes bretones durante su exilio armoricano en el siglo V ("La barca de piedra de San Juan de la Misarela", Cuadernos de Estudios Gallegos, 1991).

El enigmático motivo de la embarcación de piedra, a pesar de la atractiva hipótesis de Alonso Romero, podría ser anterior y aparecer indirectamente en la decoración de algunos dólmenes de la fachada atlántica.

Réplica de The Thing, Dombate. (C) Dolores González de la Peña

No es un hacha, pero tampoco un cachalote, como suponía Cassen. La Cosa grabada en las enormes estelas premegalíticas reutilizadas en la construcción del dolmen de Dombate, ese objeto repetido, que genera él mismo las ondas al hendir el agua con su pala, es el timón que nos guía en la última travesía celtoatlántica hacia las Islas de los Bienaventurados.

La Cosa se revela, por lo tanto, como un símbolo ligado estrechamente a la iconografía funeraria marítima propia de nuestra cultura, que enlaza al mismo tiempo con el folklore y los monumentos relativos a la llegada a nuestras costas de santos en barcos de piedra. Podría ser, incluso, un exvoto mariñeiro que se rinde a la divinidad tras una buena travesía, o antes de emprenderla.

Timón de la barca de piedra del santuario de Muxía. (C) Dolores González de la Peña

Según Alonso Romero el timón de Muxía sería de espadilla, un sistema anterior al de codaste, que se impuso a partir del siglo XIII, por lo que el culto a Nosa Señora da Barca sería cuando menos anterior al siglo XIII. En mi opinión, sin verlo colocado en la embarcación resulta difícil decidirse por una u otra tipología.

Otra vista del timón del santuario de Nosa Señora da Barca.
(C) Dolores González de la Peña

En Dombate no ha pervivido folklore sobre embarcaciones de piedra, aunque saliendo de Dombate, un poco más arriba de Borneiro, ya se ve el mar. En gaélico Donabate o Domhnach Bat significa iglesia del barco; dan ganas de pasarse a los Gaelaico's, aunque sea sólo por esta vez.

sábado, 29 de octubre de 2016

El caldero de Labrada

En la Edad Media la ordalía o juicio de Dios podía ejecutarse mediante la prueba caldaria, o del aqua fervens. El presunto culpable introducía su brazo en un caldero con agua hirviendo, y según evolucionara la quemadura en los tres días siguientes, así se consideraría culpable o inocente. Según se cree, los juicios ordálicos son de origen germano, si bien en los propios códigos legislativos germanos se los considera pruebas vulgares, lo que abre la posibilidad de que se fundamentaran en costumbres y supersticiones previas imbricadas en la mentalidad popular.

Podemos seguir con facilidad la evolución de la ordalía por la prueba caldaria hasta la representación cristiana del caldero infernal donde se cocinan los cuerpos de los difuntos pecadores, esperando, tal vez, salir incólumes del último juicio de Dios. Se trataría más bien, desde este punto de vista, de la escenificación de un purgatorio, no de un infierno.

Escena de la prueba caldaria de Santa María de Labrada, Guitiriz. (C) Dolores González de la Peña

Y hacia atrás en el tiempo, la ordalía por el caldero con agua hirviendo se puede rastrear, tal vez, en la iconografía y escenas representadas en la diadema de Moñes y en el caldero de Gundestrup, en los que extraños personajes teriomorfos que preludian a los demonios de Labrada, portan calderos para sumergir en ellos a los guerreros como enjuiciamiento final de su valía y honor. El purgatorio existe, y es celta.

No olvides rezar por las almiñas esta Víspera de Difuntos.

sábado, 22 de octubre de 2016

El molino de mano de Galicia Cen


Ayer asistí a la visita guiada por Manuel Gago, comisario de la muestra, através de los cien objetos que componen la exposición itinerante Galicia Cen. 100 Obxectos para contar unha cultura, que tuvo lugar en la sede de Afundación de A Coruña, seguida de una interesante mesa redonda en donde se puso de manifiesto la idea central de que los objetos transmiten una historia. ¿Pero se trata de una historia unívoca, igual para todos los receptores, o, según sostiene la Estética de la Recepción, los objetos pueden contar distintas historias en función de quién y cómo los observe? Un elemento esencial de esta exposición es su catálogo, en donde se nos ofrecen ya elaboradas las  historias que cuenta cada objeto, limitando en ocasiones la posibilidad de que podamos reconstruir otra visión o interpretación del pasado. Y esto se lleva a su extremo en el caso de la historia que Alfredo González Ruibal cuenta a propósito del molino de mano, la cual constituye un buen ejemplo del discurso patriarcal que impregna la reconstrucción histórica de nuestro pasado.

El molino de mano se exhibe como contrapunto formando parte de una instalación que busca dialogar sobre el empoderamiento femenino, junto a un vídeo que muestra a un grupo de madres protestando a gritos ante las rejas del Pazo Baión propiedad del narco Oubiña.

"Entre as ferramentas que aparecen en Galicia durante o Neolítico, talvez unha das máis esquecidas sexa o muíño de man. O esquecemento é inxusto, dada a importancia do útil, mais ten a súa explicación. Cando pensamos na pedra puída o primeiro que vén á cabeza son os fermosos machados neolíticos, un trebello case seguro que masculino, pois son os homes en case todas as culturas os encargados de facer roza e cortar grandes árbores. É tamén un obxecto de estatus. O muíño, porén, é un obxecto humilde: ao contrario que os machados, nunca se transformou en elemento de prestixio nin moeda de cambio. E seica o máis importante para explicar o seu esquecemento: non é un obxecto masculino, senón feminino. Muller e muíño ficarán asociados estreitamente durante toda a Prehistoria recente. Non nos decatamos, no entanto, de que as pedras de moer supoñen ademais unha nova xestualidade: a muller traballará a partir de agora de xeonllos, a vista no chan. Esta postura do corpo, que temos visto en tantas reconstrucións de museos, non é inocente, pois vai contribuír á creación das diferenzas de sexo que aparecen precisamente durante o Neolítico: os homes seguirán ergueitos —cazando, cortando, cultivando—. E, de aquí a pouco, mandando como líderes da comunidade".

En el texto se contraponen dos objetos prehistóricos como masculino y femenino, y se extraen conclusiones poco o nada contrastadas que prefiguran ya en el pasado remoto la moderna situación de desigualdad social de hombres y mujeres. A partir de la postura laboral puntual de rodillas, que adopta la mujer en la tarea de la molienda, se extrapola a todos los órdenes de la vida su inferioridad con respecto al varón.

machado neolítico - masculino - hermoso objeto de prestigio y estatus - postura erguida - liderazgo

muiño de man - femenino - objeto humilde y olvidado - postura arrodillada - sumisión

El encadenamiento falaz de conceptos se intuye por ejemplo con la consideración autoindulgente que califica al hacha de mano como objeto de prestigio porque es masculino, frente a la supuesta humildad del molino de mano, porque es femenino. Y es que la mentalidad patriarcal impregna, consciente o inconscientemente, los objetos masculinos de excelencia, relegando los femeninos a un ninguneado segundo plano. Desde esta calificación autoindulgente se razona en sentido inverso, llegando a  concluir lo que se pretendía, que la desigualdad actual de los roles de género surge en el Neolítico cuando la mujer asume una postura laboral arrodillada ante un molino de mano. Pero arrodillarse ante un molino no es arrodillarse ante un hombre. 

En Tell Abu Hureyra, un asentamiento neolítico del Éufrates a su paso por Siria, Molleson (una mujer) atribuyó las malformaciones del dedo gordo del pie observadas en los esqueletos femeninos a la actividad de la molienda (las mujeres arrodilladas se apoyaban contra los talones, con los dedos de los pies flexionados durante largo tiempo), mientras que las rótulas de los hombres, que solían presentar una muesca, fueron interpretadas por Molleson tendenciosamente como resultado de la posición en cuclillas para descansar. Las mujeres neolíticas de este yacimiento estarían explotadas por hombres que estaban todo el día sentados sin hacer nada. ¿No se trata de la misma visión patriarcal sobre el pasado? La posición en cuclillas, a ras del suelo y no erguida, es adoptada siempre por los hombres para trabajar en parada; si se sostiene en el tiempo acaba por resultar incómoda y colocan un diminuto taburete para sentarse. Las muescas masculinas de las rodillas son de origen laboral, pues nadie tiene callo de no hacer nada. Así, los huesos de Tell Abu Hureyra nos hablan de hombres y mujeres muy trabajadores, con dos diferentes y dignas posturas laborales a ras del suelo: ellos también trabajaban humillados, y mucho.

Hay un excelente artículo de Ángeles Querol, "Mujeres y construcción de la Prehistoria: un mundo de suposiciones", en donde desarrolla por extenso un análisis del rol femenino arrodillado que se ofrece con frecuencia en las reconstrucciones museísticas del pasado:

"¿En qué se basan por lo tanto todas estas reconstrucciones o construcciones sociales del pasado prehistórico? Por lo general en lo que ocurre en el presente o ha ocurrido en el pasado más inmediato, etnológico o no o, incluso, en lo que se imagina [el reconstructor] que "debió" ocurrir. Este "actualismo imaginativo" prácticamente inevitable resulta muy peligroso desde varios puntos de vista, ya que el público en general da gran importancia a la antigüedad de las costumbres o de los valores, y con tal antigüedad refrenda actitudes del presente que pueden llegar a ser poco recomendables, como por ejemplo, la agresividad, la desigualdad social o la subalternidad de unos individuos frente a otros, muy en especial de las mujeres frente a los hombres".

El texto del catálogo sobre el molino no mejora en la versión abreviada del folleto de la exposición: "tras estas pedras gastadas están as mans de afanosas mulleres que non deixaron trazos na historia. Sobre elas técese a invisibilidade que caracteriza sempre as clases subalternas". No mejora porque la invisibilidad femenina se justifica por subalternidad de la mujer respecto al hombre, y no por ser ellas (y ellos) figuras inasibles de un tiempo pretérito.

Dado el carácter didáctico de la muestra, y con el objeto de que los niños (ayer había uno, y francamente interesado) no se formen ideas equivocadas sobre la real diferenciación de roles y la pretendida y pretenciosa superioridad e inferioridad de unos y otros, sería conveniente seguir las indicaciones del estudio de Querol y revisar el contenido subliminal, denigratorio para la mujer, que se desprende de la instalación del molino de mano, en particular los textos del catálogo y del folleto, deconstruyendo asimismo esta historia indemostrable de sumisión y explotación laboral de la mujer por el hombre en las sociedades prehistóricas.






domingo, 9 de octubre de 2016

Pons Naviae

Los caminos de maniobras militares tendrían que estudiarse en relación con los itinerarios militares romanos, así por ejemplo el de León a Navia de Suarna, pasando por Leitariegos, Cangas de Tineo y Tormaleo hasta llegar a Navia tiene todas las trazas de seguir una ruta estratégica milenaria, cuando menos romana. De ahí que sea tentador ubicar la mansión romana de Pons Navia entre Lugo y Astorga en la misma Navia de Suarna.


Puente romano de Santa María Madanela da Proba de Navia de Suarna.
(C) Dolores González de la Peña.

miércoles, 5 de octubre de 2016

Memento mori


La entrada del antiguo cementerio de Os Vilares (Guitiriz) está flanqueada por dos esculturas de calaveras sumamente realistas que nos recuerda la costumbre de exhibir la osamenta de los difuntos en los osarios de los recintos parroquiales bretones.

sábado, 1 de octubre de 2016

A Tolda, Toldaos

Tutulus en latín arcaico era el arx, la parte más elevada de un asentamiento. Para los clásicos la palabra guardaba relación etimológica con tutela y tutare, "defender".

En femenino la forma Tutula como topónimo con el significado de castro defensivo (en el lenguaje náutico tolda es el alcázar de una embarcación), y que tal vez se glose en la expresión de Hidacio castella tutiora, experimentaría lenición de la -t- intervocálica, Tódula, y, tras ella, la pérdida de la vocal postónica: *Todla > Tolda, con la misma metátesis que se produce en capitulum > cabildo, o en rotulam > rolda.

Los habitantes de una de estas Toldas son, evidentemente, los Toldaos, que también acaban por motivar toponimia indicadora de la pertenencia del territorio al grupo humano vinculado por la Tolda.

La distribución de la toponimia Tolda y Toldaos es exclusiva de la Galicia interior.

En masculino, tutulus designaba también el palio sacerdotal, un tocado consistente en un velo, y es seguramente el étimo del sustantivo común toldo, "cubierta de lienzo, dosel". Decía Edelmiro Bascuas que el topónimo A Tolda guardaba relación con los toldos; es cierto, pero desde el tutulus latino, que ya tenía ambos significados.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Peruleiro

Apenas se encuentra información sobre el origen de este topónimo coruñés, salvo un artículo en el diario La Opinión, en donde se formulan como posibles etimologías su relación con algún indiano retornado procedente de Perú (peruleiro), o que el microtopónimo proceda de la fusión del antropónimo Pedro Leiro, supuesto habitante del barrio. También se recoge la de Eladio Rodríguez, que reduce el significado del término a "altura, lugar elevado".

Lo cierto es que el Peruleiro se sitúa en una pequeña elevación, perceptible desde el Paseo de Ronda con Virrey Osorio. En su cumbre se recorta contra el cielo una solitaria y llamativa casa de indianos a la que se accede por una escalinata de más de cien peldaños. Esta vivienda pudo haber sido la del peruleiro, si el topónimo hiciese referencia al posible emigrante retornado. Pero como la colina se caracteriza por abundar en ella los afloramientos graníticos, es más probable que el topónimo sea un derivado en -eiro del romance pérula / pérola, "piedrecilla", forma diminutiva procedente del latín petra, "piedra", más sufijo diminutivo -ulus, -ula, -ulum. En gallego-portugués pérola ha evolucionado desde el sentido de "piedrecilla" al más especializado de "perla".

En resumen, un peruleiro o peroleiro sería, como topónimo, un orónimo referente a un lugar abrupto abundante en afloramientos pétreos.

Una de las subidas al Peruleiro, que todavía conserva la antigua escalera; junto a ella un enorme bolo granítico cortado para facilitar el acceso.

Afloramiento de granito en la loma del Peruleiro.

Viejo barrio del Peruleiro: calle de Camiño Pinar.

sábado, 27 de agosto de 2016

Sir Gawain y el Caballero del Sol

Greensleeves es una preciosa melodía cuyo título se viene traduciendo desde el inglés como Mangas Verdes. ¡A buenas horas mangas verdes!, porque resulta que en gaélico sliabh o slieve significa "colina" y grian, "sol"; el juego de palabras se origina por una circunstancia casual ya que el inglés sleeve, "manga", y el gaélico sliabh, "colina", se pronuncian igual, así como el inglés green, "verde" y el gaélico grian, "sol, dorado". Se trata de un caso de homofonía en lenguas distintas, quedando bastante claro que la intención del compositor, anunciada ocultamente en el título, no era cantar el gozo que le producía contemplar las absurdas mangas verdes del vestido de su amada, sino las soleadas montañas de su país en alguno de esos numerosos momentos históricos en que las relaciones políticas entre Inglaterra e Irlanda eran más que tensas. El autor sin duda disfrutó de lo lindo al escuchar a los opresores ingleses cantando extasiados el amor que sentían por la contemplación de... el bello paisaje irlandés.

De mayor trascendencia es lo que afecta al color real del imponente caballero que reta el día de Año Nuevo a los de la Tabla Redonda en la corte del Rey Arturo en la aventura de Sir Gawain y el Caballero Verde. Cuando se describe el color de su indumentaria, completamente greene, aparecen con frecuencia palabras que se refieren al oro, al rojo, al dorado y al brillo fulgurante. Esto ha llamado la atención de los estudiosos de este romance de caballerías, que no consiguen explicar cómo siendo totalmente verde, hasta su caballo era verde, se menciona profusamente el oro en la descripción. Hay, además, coicidencia de pareceres entre los expertos, que explican el reto como una lucha mítica entre el sol nuevo y el viejo, o, lo que tal vez es lo mismo, el cristianismo y el paganismo con su culto a un dios solar arcaico. En este contexto, cabe afirmar sin atisbo de duda que el color original del caballero contra el que se enfrenta Gawain era el dorado grian gaélico, mejor que el verdoso green inglés. Ya en la edición de Tolkien y Gordon se indica que la característica de su rostro, que posee la fiereza del fuego, se utiliza también en The Wars of Alexander para describir al dios Sol. Una obra irlandesa mencionada por Keating pudo haber sido la versión primitiva del Sir Gawain, es el Ridire na Gréine (= El Caballero del Sol), con la que enlazaría el romance de caballerías El Caballero del Febo.

La repercusión del error por homofonía en la asignación del color es enorme, como decíamos, pues se expande a numerosas novelas de caballerías, que se tiñen inexplicablemente de verde. Ahí están, por ejemplo Amadís, el Caballero de la Verde Espada, o el Caballero del Verde Gabán cervantino. No son greenmen, personajes del bosque y del reino vegetal, sino que en su origen y a poco que se indague, son dorados héroes solares.

Weston Joyce ha señalado ampliamente las formas coloniales anglificadas de la toponimia irlandesa, y en el caso que nos ocupa, greine, forma en genitivo de grian, "del sol", se transcribe y se entiende como el inglés green: Tullach-greine > Tullagreen.

domingo, 14 de agosto de 2016

En la biblioteca de Ilduara

Otro libro cuyo título se recoge en la donación fundacional del monasterio de Celanova, realizada por Ilduara y su hijo San Rosendo en el año 942, es el "Ebtamaron Geronticon".

Sin duda, se trata del Epitameron o Eptameron de Valerio del Bierzo, que contiene las Vitae Patrum (Geronticon), una de cuyas copias manuscritas se conserva en la Biblioteca Nacional (MS 10007).


En el Eptameron de San Valerio figura la famosa epístola sobre la beatísima Egeria en la que se resume su viaje por Tierra Santa. Gracias a esta epístola se pudo atribuir la autoría de la Peregrinatio a la monja galaica, así como establecer su patria en Gallaecia.

Resulta muy interesante que en la biblioteca de Ilduara estuviesen juntos el Eptameron de San Valerio, con la epístola sobre Egeria, y el propio Igerarium Geriae (el diario del viaje escrito por ella misma). Según Díaz y Díaz, es muy probable que San Valerio tuviese ante sí un ejemplar del diario del viaje de Egeria cuando escribía su epístola, y aquí, en Celanova, aparecen ambos; nada menos que los dos textos sobre el viaje de Egeria, no uno solo, como se viene creyendo, se encontraban en la biblioteca de Ilduara.

El vínculo de San Valerio con la comunidad monacal del Bierzo, así como la donación de posesiones en  "Bergidum" por parte de Ilduara, que figura en la misma relación, me lleva a suponer que al menos estos dos ejemplares de su biblioteca procedían de alli, siendo tal vez el Eptameron el manuscrito original de San Valerio, y el Igerarium Geriae, el ejemplar que utilizó el santo para trabajar su resumen del viaje de Egeria. 

sábado, 23 de abril de 2016

El trilito del regueifeiro Pena - cementerio de San Amaro, A Coruña


En el histórico cementerio de San Amaro de A Coruña se encuentra la tumba del regueifeiro Pena, muerto en 1958. José Manuel Vázquez Varela le ha dedicado un pequeño estudio etnoarqueológico a esta peculiar inhumación cubierta por un megalito del tipo trilito, atravesado por el fuste de un cruceiro ("Etnoarqueología de la muerte. Una tumba singular del cementerio de San Amaro en La Coruña", Semata, 2005). En él se vincula la elección del motivo megalítico a la profesión de Pena, cantor del pueblo gallego, y a su ideología galleguista, en el sentido de que los monumentos funerarios megalíticos fueron considerados en esta época una expresión del celtismo, que a su vez fue y es un elemento diferenciador de la identidad gallega. Asimismo, Vázquez Varela sugiere que el monumento de Asorey a Curros Enríquez, en los Jardínes de Méndez Núñez, también con un fondo de trilitos, y anterior al de Pena, pudo haber servido de inspiración. El estudio finaliza con unas reflexiones sobre la apropiación simbólica de elementos del pasado como señas identitarias del presente.

A su interesante estudio me gustaría añadir que la inspiración para el trilito de Pena fue probablemente, el inexistente trilito de Noya que aparece en una ilustración de la obra de Barros Sivelo, Antigüedades de Galicia, del año 1875, ilustración que se repite con ligeras modificaciones en los libros de texto finiseculares de historia de España de Picatoste. Entonces la clasificación megalítica consideraba a los trilitos "erigidos para proclamar los jefes de las tribus, y dirigir arengas al pueblo" (Geografía crítica e histórica de la edad antigua y, principalmente, de España, de Gervasio Fournier, 1910). Me imagino al regueifeiro Pena siendo proclamado sobre el trilito, y dirigiendo a continuación una regueifa a su público desde este pedestal.

Trilito, de la obra de Gervasio Fournier.


martes, 19 de abril de 2016

Fraga de Novio, Noal - Porto do Son

Con este sorprendente topónimo por el que me pregunta el profesor David Pérez Iglesias, del IES de Porto do Son, cuyas instalaciones se sitúan según localización de Google Maps en plena Fraga de Novio, en lo que a simple vista me parece un precioso bosque donde pudo haber existido un castro costero, se reabre la discusión sobre la ubicación del antiguo lugar de Novium; puerto perteneciente al pueblo céltico de los ártabros mencionado hace dos milenios por el geógrafo Claudio Ptolomeo cerca del promontorio Nerio (Cabo Finisterre).

Varios autores han sugerido que el Novium galaico, procedente del celta *nowios, "nuevo", adjetivo que aparece integrando otros topónimos célticos como Novio-dunum (nueva ciudadela fortificada) en Suiza, podría haber evolucionado desde una supuesta forma en femenino, *Novia, hasta el resultado Noia. Para ello hay que suponer que el cambio de género del adjetivo se produjo al sustituirse un sustantivo masculino elidido pero sobreentendido, (castro) Novium, por otro femenino, igualmente elidido, como (villa) Noviam > Noia. Es decir, hasta ahora se reducía el Novium ptolemaico a Noia, pero el topónimo Fraga de Novio, si hubiese suficiente garantía de su antigüedad, es decir, si no se trata de un bonito nombre impuesto al centro educativo recientemente en recuerdo del Novium ptolemaico,  se lo pondría francamente difícil a los de Noia al ajustarse perfectamente al étimo y a la geografía de Ptolomeo. Incluso Noal vendría a reafirmar un estrecho vínculo afectivo con su Novio de hecho, al tratarse sin duda de un derivado de *nowios, No(v)al, esta vez con pérdida de la uve en posición intervocálica, situación que propicia, aunque no siempre, una pronunciación tan suave que el sonido termina por desaparecer.

Resulta muy interesante desde un punto de vista filológico ver la distinta evolución de la wau intervocálica en estos tres topónimos próximos, Novio, Noal y Noia. En Novio no se ha producido la esperable pérdida de la wau, *Noio, o la anteposición de la yod hacia Noivo, fenómenos cuya ausencia me obligan a sospechar que Fraga de Novio es un nombre moderno, calco del Novium mencionado por Ptolomeo. Serán los mayores del lugar los que tengan la última palabra al respecto.

Pero más interesantes aún son las sorpresas que se ocultan en insignificantes topónimos, en la microtoponimia, por lo que le quedo muy agradecida a David por su pregunta ya que me ha ayudado a reflexionar sobre esta pequeña incógnita histórica, y a sus alumnos por los magníficos vídeos de SonCine sobre etnografía y patrimonio. Una maravilla.

Aquí uno con un viejo conocido enseñando a ver la ría de Novium con otros ojos:

domingo, 10 de abril de 2016

Las redomas iraquíes de Ilduara

En el año 942 Ilduara realiza una enorme y detallada donación de bienes al monasterio de Celanova, probablemente la mayor que se haya hecho nunca en la fundación de un monasterio. Entre los bienes muebles destacan nueve redomas iraquíes (arredomas aeyraclis). Un recipiente que otras veces aparece en textos de la época como rothomas irachas, y que básicamente es lo que más tarde se conoció como pomos.

Redoma mesopotámica, abásida, c. siglo IX, tallada en cristal de roca. De la web de subastas de Christie's.

En el tesoro de Celanova, hoy custodiado en la catedral de Ourense se encuentran ocho piezas de cristal de roca que podrían haber integrado la colección de las nueve redomas iraquíes de Ilduara; faltaría una, que se habría perdido, roto, o pasado a otras manos.


Ajedrez de cristal de roca de Celanova. (C) Anxo Martínez-de Alegría.

En aquella época el juego del ajedrez era desconocido en el norte de la Península y en general en toda Europa, por lo que sus piezas de cristal de roca tallado fueron confundidas habitualmente con redomas o pomos. Estas habrían integrado el patrimonio de la noble familia de Ilduara en calidad de gemas, hasta que fueron donadas a Celanova.

Son unas piezas excepcionales, ya que solo existen otras semejantes en el Museo Diocesano de Lleida, procedentes de Áger, en Cataluña.

¿Cómo explicar la presencia de estas piezas en la dote de Ilduara? Existen, desde luego, varias posibilidades. Además de la hipótesis del saqueo de Casamar y Valdés mencionada en la bibliografía, se me ocurre otra a partir de la existencia, en la biblioteca de Ilduara, de un manuscrito probablemente ológrafo titulado Igerarium Geriae, es decir, el Igerario, de Egeria, la noble peregrina galaica que en el siglo IV viajó a Tierra Santa, hasta Mesopotamia, trayendo a su regreso el diario de su peregrinación, y tal vez estas delicadas figuritas de cristal, herencia que permaneció un tanto fragmentada en la línea familiar hasta el momento de su donación al monasterio de Celanova.

Bibliografía: "Saqueo o comercio, la difusión del arte fatimí en la Península Ibérica", de Casamar y Valdés.


Folios con la donación de Ilduara. Ms. 18387 de la Biblioteca Nacional: copia fiel de varios manuscritos de diversos monasterios, perteneció a la biblioteca de Gayangos. Letra de mediados del siglo XVIII. 

sábado, 9 de abril de 2016

Celtic knots


Capitel de Santa María del Azogue, Sanabria, con el mismo esquema de tejido entrelazado que el motivo representado en el torques de Xanceda (Castelo de San Antón).


Fondo de Vila

Fondo de Vila y sus variantes, como Fondevila y Fondo da Vila, parecen topónimos transparentes, tan transparentes que hasta se visa su contenido. Cualquiera está en disposición de explicar que son opuestos a Cima de Vila, y que respectivamente significan la parte baja y la más elevada de una villa. Y ahí quedaría el incipiente estudio, sin nada especial que añadir.

Fondo de Vila y Cima de Vila, Láncara.

Pero el estudio se quedaría cojo si no se añade que en latín fundus villae era el solar o territorio que ocupaban los edificios y terrenos de una villa, constituyendo una propiedad o heredad. Así, la mayor parte de la toponimia gallega del tipo Fondo de Vila, o incluso Fondo de Aldea, O Fondo, etc. se referían al principio al concepto romano de fundus como propiedad ligada a un solar, pasando a entenderse más tarde como si fuesen derivados de profundus, cuyo significado en cierto sentido se acerca al de fundus, pues supone la fundación de la entidad territorial en estrecho contacto con el suelo, lo inferior. En este momento de deslizamiento semántico del fundo (heredad) al fondo (situación) surgirían como topónimos complementarios algunos de los Cima de Vila yuxtapuestos a los Fondo de Vila.

viernes, 8 de abril de 2016

Túmulo en A Panda da Serra Faladora


Podría tratarse del túmulo 30 de la numeración de Maciñeira (Bares, pg. 49 y 50), que en 1900 presentaba una curiosa corona de losetas de pizarra. Ya en 1933, cuando lo volvió a ver, la corona había sido destruida por los chalgueiros, que habían dejado al descubierto parte de la cámara. De no ser el túmulo 30 con uno de los ortostatos desmontado totalmente y extraido de la cámara, con lo que se pondría de manifiesto la continua expoliación del yacimiento, podría tratarse de un nuevo túmulo no identificado por Don Federico, tal vez con un menhir o marco hincado en su frente. Se sitúa próximo a los tres túmulos de Forno dos Mouros, entre ellos y el Cristo da Faladora, pero en la parte superior o Panda da Serra y cerca del nacimiento del rego Casateites. Dicho hidrónimo podría estar motivado por la proliferación de dólmenes en ese sector de la sierra Faladora, consideradas las estructuras megalíticas como casas techadas o cubiertas con losas.

jueves, 7 de abril de 2016

Compostela, la ciudad compuesta

La ciudad de Santiago "prius uilla burgensis, deinceps municipium fuerit, quod Compostella nuncupabatur" (año 1082, base de datos del CODOLGA). Primero fue un burgo, y después un municipio, razón por la cual pasó a llamarse Compostela; evidentemente por el carácter híbrido o compuesto, resultante de la amalgama de esas dos formas de gobierno y administración, que diríamos ahora, de entidades locales tan dispares, y que antiguamente recibía la denominación de Civitas Composita. Participio del verbo componere, sí, pero no en el sentido de "arreglada, dispuesta, adornada", como se venía suponiendo, sino en el de "unidad integrada por diferentes  elementos" (v. el topónimo francés La Compôte = la compota). 


lunes, 4 de abril de 2016

Centroña

La villa romana de Centroña (Pontedeume) es el único exponente hispano de villa marítima de recreo abierta al mar mediante un pórtico columnado, como las lujosas villas romanas a mare. Su situación sobre un acantilado le permitía disfrutar de excelentes vistas al mar, y al mismo tiempo, ser ostentosamente visible; características que refieren los autores que han estudiado las villas marítimas de recreo romanas (por ejemplo, Fermín Pérez Losada y otros en "Toralla y las villas marítimas de la Gallaecia atlántica", 2008).  Poseía además rica ornamentación de mosaicos en sus termas privadas. Por todo ello no es extraño que lleve el nombre de Centroña, o villa Centronii. Es de lo más normal si tenemos en cuenta que Centronius fue un afamado arquitecto conocido por la sátira que le dedica Juvenal. Imparable constructor de las residencias más suntuosas de su época, no escatimaba en el empleo de los materiales más nobles, haciéndolos traer de distantes lugares, lo que prácticamente le llevó a la quiebra.

Una villa construida por Centronius era, por lo tanto, el no va más arquitectónico, y parece lógico suponer que la sin par villa de Centroña o lleva su sello o se asemejaba mucho a su estilo constructivo, de ahí que es muy posible que el topónimo, también único en Galicia, sea un raro caso en el que la villa se designaba por el nombre de su famoso constructor, no por el de su posesor, como solía suceder.

Prototipo de villa romana marítima porticada, Capo di Sorrento, Italia.

Kircher y otros autores como Lanciani consideraron que en Italia Centroni y el lugar de Centrone, cerca de Ponte Lucano, se denominaban así por ser las villas Centronii sobre las que escribió Juvenal.

viernes, 1 de abril de 2016

Altamira

Vengo de ver Altamira, me refiero a la película con Banderas haciendo de Sautuola, claro está, ya que la cueva no la veré en mi vida, y no lo lamento porque para la preservación de sus pinturas ha de permanecer cerrada. Éramos cuatro en la sala el día del estreno de una película que se dejaba ver, sobre un tema que según parece despierta extraordinario interés a nivel mundial, llegando a obsesionar a Obama, a Bill Gates y a afamados chefs neoyorquinos deseosos de poner un restaurante en Santillana si se les garantiza a sus comensales entradas a la cueva cerrada al mundanal público. Tal vez un bufet en la gran sala de los bisontes polícromos sería mejor solución. Por supuesto que el restaurante neoyorquino y la visita de los millonarios yankis generarían cuantiosas riquezas y numerosos puestos de trabajo en Cantabria: un chef, tres pinches y cuatro camareros.

Este verano también éramos cuatro los visitantes que accedimos a Hornos de la Peña, sin necesidad de sorteo, ni subasta de entradas al mejor postor con menú degustación neoyorquino incluido. Y solo por tres euros.


La exigua concurrencia en ambos lugares está directamente relacionada con el interés que despiertan el arte paleolítico en particular y el patrimonio cultural en general: cero patatero. Y sin embargo, eppur si muove un apelotonamiento tremendo en Altamira y en otros sitios que da la impresión de lo contrario. Pero es una impresión falsa, la afluencia se debe al márquetin ramplón que se dirige a los instintos primarios del individuo; Altamira es lamentablemente un producto turístico de esos que muestran una catedral yuxtapuesta a una ración de percebes y un albariño, o presentan el acceso a una cueva con arte rupestre clausurada para la preservación del mismo como un destino elitista exclusivo solo para millonarios que van a hacer la digestión eructando mientras contemplan bisontes. La película de Banderas, hay que decirlo, se integra en esta campaña promocional que presionará hacia su reapertura. Y podría hasta ser legítimo este afán de lucro, si no fuera porque la cueva de Altamira no es un hotel de lujo privado que pueda imponer libremente tarifas disuasorias, reservarse el derecho de admisión o lo que le pete. Altamira es Patrimonio de la Humanidad y por ello accesible a todos o a nadie, sin distinciones.

martes, 29 de marzo de 2016

El gran foso del castro de As Travesas, Carral

Otra sorpresa que nos depara la historia de Setestrelo del Códice de Roda (folio 198r) es la del intento de asedio del romano Octaviano sobre las huestes del sidéreo Setestrelo, establecidas en algún lugar de Sumio (Carral). Para su ataque Octaviano construyó un enorme foso ("et fecit fossato magno et uenit ad Septemsiderus et paussauit sua hoste ubi dicitur Sumio").  Pero ni el enorme foso ni las tácticas militares romanas pudieron contra las oraciones que Setestrelo dirigió a su dios, y las tropas romanas fueron derrotadas milagrosamente. Algo extraño ocurrió, desaparecieron, fueron aniquilidas, por eso el lugar recibe el nombre de Sumio; evidentemente la etimología que se propone del topónimo es a partir del latín sumire, "consumirse, desaparecer".

La historia se encuadra en el género de los dindshenchas, antigua disciplina bárdica que explicaba con más o menos acierto la etimología histórica de los topónimos de los principales lugares, importantes por haber tenido lugar en ellos relevantes acontecimientos; aunque a veces operaba al revés, construyendo fabulosas historias mediante etimologías inciertas o directamente inventadas a partir de la resonancia del topónimo.

Lo interesante de esta leyenda es que su autor, en el siglo X, por lo que parece buen conocedor de Carral, documenta la existencia en Sumio de un magno foso que relaciona con un acontecimiento bélico, así como la súbita aniquilación de los enemigos romanos y probablemente de su construcción defensiva, de ahí surgiría el topónimo Sumio. Y he aquí que inmediato al área que ocupa la parroquia de Sumio en Carral se localiza el castro de As Travesas, uno de los mayores de la provincia, con un enorme foso cuya colmatación deliberada, como ritual bélico, es sugerida por Manuel Gago en la entrada Historia de foxos, de su blog Capítulo 0, siguiendo los resultados de las excavaciones de Xurxo Ayán en Neixón, Antón Malde en As Travesas, y Filipe Santos en Torre de Moncorvo. 

viernes, 25 de marzo de 2016

Hijos de las estrellas

En el pensamiento mítico galaico, más que modernos hijos de Breogán, los gallegos fuimos hijos de las estrellas.

Descendemos de la constelación de Setestrelo, de las siete estrellas (septem sideris) que forman las Pléyades o Atlántides, seis estrellas visibles y una casi invisible a simple vista. En el folklore europeo la invisibilidad de una de las siete hermanas se explica de diversas formas, por ejemplo en el Kalevala las Pléyades son siete huevos, seis de oro y uno de hierro (La gallina de los pitos de oro). En nuestra particular cosmogonía uno de los siete hijos del rey Setestrelo murió en Sigüeiro, junto al Tambre, lo que causa su invisibilidad. La historia se cuenta en el Códice de Roda, y fue editada por primera vez por Juan Gil Fernández ("Textos olvidados del Códice de Roda", Habis, 1971). Nos refiere la existencia de un rey galaico llamado Septemsiderus (Setestrelo) que dominaba en toda Gallaecia, en siete antiguos conventos jurídicos romanos que repartió entre sus siete hijos estrella: Bracarus, Flavius, Teudericus, Galaa, Sequarius, Gemulus y Cesarius. Estos son los nombres de las siete estrellas hermanas a las que tocó en reparto el Setestrelo o territorio galaico, que se perfila como un reflejo terrestre de un orden sagrado superior o estructura celeste.

Estela funeraria de Mazarelas, Oza dos Ríos. Se exhibe en el Castelo de San Antón y prefigura el destino astral del difunto, representado en la parte superior rodeado de estrellas.

Todavía hoy nuestro escudo de armas luce el Setestrelo, las siete estrellas de la antigua división conventual de Gallaecia, reducidas más tarde a las siete estrellas de la división provincial de Galicia (Coruña, Betanzos, Santiago, Lugo, Mondoñedo, Ourense y Tui). Nuestra división territorial fue, pues, heredera de una antigua cosmogonía sideral, como pone de manifiesto el Códice de Roda con la leyenda de Septemsiderus.

Al mismo tiempo, algo que Gil echaba de menos en esta leyenda, una muestra de tradición jacobea, que tendría que estar muy presente por desarrollarse la historia en Gallaecia, apunta camuflada en el nombre del hijo-estrella Gemulus, trasunto de Hércules ("erat fortiosus, in singulas manos binas portauat columnas", "fecit bobata Sancti Petri" = Templo de Hércules en Sancti Petri).

Gemulus o Gemellus es otro de los nombres de Géminis, la doble estrella que en la mitología grecorromana no solo equivale a los gemelos Dióscuros, Cástor y Pólux, también a la díada formada por Apolo y Hércules, que en el texto de Roda es claramente la elegida. Por ello no se sostiene el culto a Cástor y Pólux que Américo Castro suponía en Galicia perviviendo en el de Santiago Apóstol. Siendo la doble estrella Gémulus la díada formada por el Sol y Hércules,  cuyo culto sí era conocido en Gallaecia, en todo caso la devoción a Santiago Apóstol sería una cristianización de ella, y habría formado parte de una cosmogonía estelar y solar previa, en la que se estructuraban diversos elementos celestes como proyecciones terrestres: el Setestrelo como constelación y división territorial, o el brazo de la galaxia denominado Camino de Santiago y el camino de peregrinación terrestre que recibe el mismo nombre.

No debe extrañar que la estrella heráldica sea proyección terrena de la celeste; así por ejemplo también las siete estrellas del escudo de Madrid se identifican, junto con la osa (no oso), con las Pléyades en un documento posterior (Obras de Quevedo, Butrón y otros ingenios, ms. 18308 de la BNE, pg. 184).


En fin, la concepción de nuestro origen como sideral tiene su antecedente más inmediato y archiconocido en la herejía priscilianista, que, a su vez, podría ser un culto sincrético de mitos anteriores. Creía Prisciliano que las almas de los seres humanos eran cuerpos astrales que descendieron a la tierra a través de siete estrellas. El mito de Setestrelo recogido en el Códice de Roda ha de entenderse, según creo, en el contexto herético priscilianista que impregnó la religión de la Gallecia romana.

La implantación del culto a Santiago Apóstol no ha conseguido erradicar la creencia galaica en la transmigración astral de las almas, que descienden del cosmos a la Tierra y vuelven a él por el camino de estrellas llamado Vía Láctea, creada accidentalmente por Hércules cuando era amamantado por Hera; hoy ese mismo sendero estelar recibe el nombre de Estrada o Camino de Santiago, y por él continúan subiendo al cielo las almas de los difuntos, através de una puertecita que se abre y cierra continuamente en alguna parte de la catedral compostelana (Monteagudo, pg. 46). Como entrenamiento sirve realizar el viaje en vida, simbólicamente, mediante la peregrinación a Santiago o a San Andrés por vía terrestre.

BIBLIOGRAFÍA: para ampliar el tema del culto astral en Gallaecia, y sus bifurcaciones priscilianistas y jacobeas, así como un estudio pormenorizado de las estelas astrales galaico-romanas, "Estela funeraria romana de Mazarelas, cultos astrales, priscilianismo y outeiros", L. Monteagudo, Anuario Brigantino.

domingo, 13 de marzo de 2016

Penalada y Perlada

Si hubiera que destacar una característica de los megalitos esta sería que son construcciones realizadas con enormes piedras trasladadas, y no aprovechando piedras nativas o inmóviles, como se decía antiguamente. Este hecho está tan presente en la tradición que el folklore refiere leyendas de mouras o gigantas que al mismo tiempo que hilaban en su rueca, llevaban al niño en el colo y transportaban sobre su cabeza los esteos megalíticos.


Moura constructora de megalitos, según dibujo de Fernando Alonso Romero.

Estas leyendas no solo se han trasmitido por el folklore, en Galicia los topónimos Penalada y Perlada están motivados por la presencia actual o pasada de megalitos considerados bajo su condición de ser piedras trasladadas desde otro lugar, es decir, petras latas, de latum, participio del verbo polirrizo fero, "trasladar". Transfiero y traslado remiten, aunque no lo parezca, a un mismo verbo desde un punto de vista diacrónico.

En Francia abunda la toponimia del tipo Peyrelade en relación con enclaves megalíticos, pero los filólogos del país, y en general los hispanistas, explican el adjetivo lata por el homónimo latus, -a, -um, "ancho". Y si bien las piedras de cobertura de los dólmenes son piedras anchas, no lo es menos que el nombre se aplicaba a todo tipo de megalitos, anchos y estrechos (menhires). Es en la interrelación entre estos topónimos y el folklore atlántico de los gigantes que trasladan megalitos con su enorme fuerza donde se manifiesta el origen del topónimo a partir del participio latino lata, "trasladada".

En el Catastro de Ensenada la delimitación de Rodís (Cerceda) pasaba por "una medorra que se halla en el sitio de Monte da Perlada".

domingo, 28 de febrero de 2016

El espejo en la Torre de Hércules

Es posible ver Irlanda desde la Torre de Hércules; Ith la vio. El Rey Sabio también refiere la existencia en la Torre de un potente espejo que permitía ver a grandes distancias los barcos que se acercaban a la costa.

La existencia del espejo mágico se considera fabulosa, o producto de la confusión entre el latín speculum, "espejo", y specula, "atalaya, torre de vigilancia". Aunque algún arqueólogo como Miguel San Claudio (Torre de Hércules) sospecha que el discutido espejo, de haber existido, podría haber tenido la finalidad de reflejar la luz del faro intensificándola. En favor de esta hipótesis especular considera que los numerosos fragmentos de placas de metal pulido por una de sus caras, con un acabado sobredorado, que aparecieron en las excavaciones del cubo de la Torre, no habrían pertenecido a una estatua, sino a un espejo de metal con función intensificadora de la fuente de luz del faro.

Pero la utilización de speculos formados por láminas o lentes de bronce que necesitan ser constantemente pulidas para evitar la corrosión es característica prácticamente exclusiva de los telescopios refractores. A uno de ellos podrían pertenecer esas placas de bronce pulidas por una de sus caras que aparecieron en las excavaciones del cubo de la Torre, lo que otorgaría base real a la leyenda del espejo que permitía ver reflejados en él objetos muy distantes. Historia que justamente sería la descripción de un speculum o telescopio refractor, de tecnología nada complicada y perfectamente posible en la antigüedad (aproximadamente siglo V ya que la primera mención al espejo es de Orosio).


En la antigüedad specula o turris speculatoria era un observatorio, y también un observatorio astronómico, dotado posiblemente de primitivos instrumentos de observación a larga distancia (speculos). Y San Agustín denominaba a los astrónomos stellarum speculatores, probablemente por examinar los astros mediante speculos. Del fallido intento de construcción de un espejo telescopio en Salamanca, en el siglo XVII, por parte de un grupo de científicos que fue boicoteado por la Santa Inquisición, da cuenta Mauro Castellá, que los califica de nigromantes (Historia del Apóstol de Iesus Christo Santiago Zebedeo).

 Fragmentos del posible espejo del telescopio de la Torre de Hércules.
Museo Arqueolóxico Castelo de San Antón

viernes, 19 de febrero de 2016

Lauda de Pastoriza


En la iglesia de Pastoriza (Arteixo) se encuentra la primitiva lauda sepulcral del abad Anes (?) que murió el 6 de diciembre del año 881 (fecha en era hispánica "dccccxviiii" a la que hay que restarle los 38 años de diferencia respecto a la cronología actual). Podría haber sido trasladada del próximo monasterio de San Tirso de Oseiro (latín ossarium, "cementerio"). Otros topónimos del mismo origen podrían ser Oseira y Brañosera (Palencia), con una elevada concentración de túmulos megalíticos, y La Osera (Ávila), una necrópolis vettona de más de 2000 tumbas, aunque también cabría considerarlos zootopónimos, del latín ursaria, "lugar de osos".

lunes, 15 de febrero de 2016

La moura, el Cid y Bécquer

Hispanistas del calibre de Menéndez Pidal han estudiado la breve referencia a un antiguo mito que figura en el Cantar de Mio Cid (año 1207), en los versos "a siniestro dexan a Griza que Álamos pobló, allí son caños do a Elpha encerró", poniéndolo en relación con el folklore penisular de las ninfas y las xanas asturianas. Y aunque globalmente su interpretación es muy válida, el error del maestro fue empecinarse en el significado de caños como "cuevas", cuando la literalidad obliga a leer caños (de unas fuentes). El tema de la mujer encantada en el caño de una fuente, que se introduce por él en forma de serpiente, está todavía muy presente en el folklore de Galicia ("A fonte de Pormás", González Reboredo en Lendas galegas de tradición oral); y según recoge Taboada en Etnografía Galega, son mouras encantadas que se pueden desencantar dándoles tres o nueve besos cuando salen por el caño en figura de serpiente. Gracias al Cid conocemos el nombre de una, Elpha, y el de su encantador, Álamos. La técnica para encantarlas y desencantarlas puede consultarse y perfeccionarse en el folklore gallego citado.

A Bécquer le tuvieron que llegar noticias de esta misma leyenda que figura en El Cid, y no precisamente a partir del brevísimo esbozo que se apunta en El Cantar, conocido solo por eruditos posteriores. Bécquer narra la historia de la doncella encantada en una fuente, considerada un espíritu del mal, en su cuento "Los ojos verdes" (1861), que transcurre a los pies del Moncayo en la fuente de los Álamos, junto a Ágreda (que ha de ser la Griza del Cantar). Gracias a él y a esta extraña conexión un tanto surrealista, podemos situar el recorrido de los infantes de Carrión hacia el Robledal de Corpes por la falda sur del Moncayo, y colocar con precisión la vieja leyenda del Cantar en la Fuente de los Álamos de Ágreda.

El nombre de esta moura, Elpha, podría ponerse en relación con el apelativo de Artemisa, Diana o Xana, Elaphea, la cazadora de ciervos, aunque elaphe también es un género de culebras. En cualquier caso, en lo que al nombre se refiere la leyenda parece haber entrado por vía culta, superponiéndose a tradiciones locales.

domingo, 14 de febrero de 2016

Infesta y Angustia: dos topónimos viarios betanceiros

Uno de los nombres comunes con que se designaban las calzadas romanas en época imperial era "via lata", que en contra de la opinión mayoritaria, no significaba "vía ancha", sino conducida, dirigida o encaminada, de latum, participio latino de fero, "dirigir, encaminar, conducir, hacer ir, llevar". Es la misma formación que aparece en Agolada < aqua lata, "agua llevada, conducida", en referencia a un acueducto o canalización artificial. Como topónimo la frase via lata ha sobrevivido en el nombre de Los Llanos de la Violada (Huesca), alterado por etimología popular, como si en el lugar se hubiese producido un acto de violencia de género.

Pero latum, el participio latino de fero, verbo polirrizo, seguramente cayó en desuso por no guardar relación morfológica con la forma principal, de ahí que se haya creado un participio o adjetivo analógico como infestus (de infero, con el mismo significado que fero), guardando la misma relación que existe por ejemplo entre modero y modestus.

Via infesta será, pues, exactamente lo mismo que via lata, un camino dirigido hacia algún punto, llevado, proyectado hacia, guiado, conducido; por oposición a las vías de tránsito naturales. Una idea similar la expresamos con el moderno viaducto.

Otro nombre que con frecuencia aparece vinculado a las calzadas es el de "via Agustea", por Augusto, su promotor. De ahí que el aparente hagiotopónimo A Angustia, situado en plena Nacional VI que sigue parte del trazado de la calzada romana hacia Lugo, sea más que sospechoso: otro claro caso de etimología popular gracias al cual se conserva fosilizado y prácticamente indemne, sin evolucionar, el latín Augustea > Angustia. Encontramos apoyo para esta hipótesis en un documento de San Millán (Logroño) del año 800, "deinde ad colina et vadit ad via Angustina" (año 800), en el que resulta forzado suponer una vía estrecha o angosta, obviando la posibilidad de que se trate de una alusión a una vía Augústea, es decir, a una calzada de romanos.

Distribución de la toponimia (A) Infesta, (As) Enfestas, Enfestiña, Enfestela, Infesto, etc. que podría sobreponerse a la de las vías romanas de Galicia.

domingo, 31 de enero de 2016

Perillo, in periculo maris

Lo más probable es que el topónimo Perillo (Oleiros), así como Perlío (Fene), y Perillón (As Somozas), Perillona (Monte da Perillona, Arteixo), Perillán (Ponteceso), sean evoluciones romances del diminutivo latino petriculum, "roca, escollo, prominencia rocosa".

Y esto nos lleva a uno de los tres lugares en que se apareció según diversas leyendas hagiográficas el arcángel San Miguel, al monte de "Seint Michel del Peril" ("feste Saint Michel del Peril" - Chanson de Roland) entre Bretaña y Normandía, actual Mont Saint Michel.

Péril como orónimo procedente del latín petram es más que posible, pero su carácter de nombre de lugar ha pasado inadvertido o se ha puesto en tela de juicio al interpretarse exclusivamente como su homónimo péril procedente del latín periculum, "peligro". En la documentación medieval aparece frecuentemente latinizado como "in Periculo Maris monte" = en el monte llamado Peligro del Mar o Peligro Marino. No es el único caso: otro topónimo francés relacionado con la base latina petram es Péry (Suiza), que en la Edad Media también se latinizó como Periculo.

A partir de esta errónea reconstrucción medieval del antiguo topónimo Péril como procedente de periculum, "peligro", en lugar de un más que probable petriculum, "escollo [marino]", la leyenda no ha hecho más que incrementarse con añadidos relativos a la peligrosa ubicación intermareal del islote. La posibilidad de que Péril o Péril de la Mer (= escollo marino) hayan sido los antiguos nombres del islote se ha obviado al no advertirse su opaco vínculo con el latín petram; así los expertos consideran que el punto de partida original era Periculo Maris, un mero descriptor, no un topónimo, que a modo de título acompañaba a la advocación para indicar la peligrosa peregrinación al monte rodeado de mar.