domingo, 12 de noviembre de 2017

El espejo en la Torre de Hércules (2)

Siguiendo con la posibilidad ya expuesta en El espejo en la Torre de Hércules de la existencia de un espejo metálico (perteneciente a un antiguo telescopio) en el faro romano de A Coruña, refrendada por diversas leyendas y tradiciones que refieren la capacidad de ver a través de él a grandes distancias, transcribimos a continuación un fragmento de la descripción de la ciudad de A Coruña del capellán de San Esteban de Abella D. Pedro Antonio de Mendoza y Ozores. La descripción completa de la ciudad se encuentra en el legajo que conforma el Diccionario Geográfico de Tomás López, cartapacio referido a las provincias de Ourense y Pontevedra (ms. 7304 de la Biblioteca Nacional de España). Estas notas fueron remitidas al geógrafo por el capellán Mendoza en el año de 1778, y en ellas se narra un completo viaje por varias ciudades de Galicia que presumiblemente el párroco llevó a cabo varios años antes. La descripción, por tanto, es anterior a la época en que se restauró la Torre de Hércules.

"... voy dando vuelta a la izquierda y tiro al Orzán, donde vi un brazo de mar. Y allí para con unas ondas furiosas en donde no entran embarcaciones por haber muchas peñas. A la punta de este mar bravo está una torre de cal y canto hecha, llamada Torre de Ércules, hecha por el mismo Ércules (según dicen). Arriba hay un farol que de noche guía las embarcaciones para por la otra banda de un brazo de mar se entren en la Coruña tirando a la Calle Real como abajo diré. De lo alto de esta torre hay un espejo que mirando a la mar se ven los navíos que pasan al Ferrol y a la Graña, y en este espejo advierto una: cuando la mar está sin nieblas se ve Inglaterra, hombres y mujeres que vienen a la playa. También alcanza ver Francia".

El nivel de detalle del resto de su recorrido y giros a derecha e izquierda por la ciudad es tal, que no dudo de que haya visto el espejo, e incluso mirado a través de él para ver los barcos entrando en la ría de Ferrol. Nos habla por ejemplo de su entrada a la Ciudad Vieja por la puerta "de Ayres", de la Colegiata de Santa María del Campo, de los molinos de viento que molían en una gran máquina la harina, de la plaza "da Fariña", y del lugar donde se situaba la horca.

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