lunes, 15 de febrero de 2016

La moura, el Cid y Bécquer

Hispanistas del calibre de Menéndez Pidal han estudiado la breve referencia a un antiguo mito que figura en el Cantar de Mio Cid (año 1207), en los versos "a siniestro dexan a Griza que Álamos pobló, allí son caños do a Elpha encerró", poniéndolo en relación con el folklore penisular de las ninfas y las xanas asturianas. Y aunque globalmente su interpretación es muy válida, el error del maestro fue empecinarse en el significado de caños como "cuevas", cuando la literalidad obliga a leer caños (de unas fuentes). El tema de la mujer encantada en el caño de una fuente, que se introduce por él en forma de serpiente, está todavía muy presente en el folklore de Galicia ("A fonte de Pormás", González Reboredo en Lendas galegas de tradición oral); y según recoge Taboada en Etnografía Galega, son mouras encantadas que se pueden desencantar dándoles tres o nueve besos cuando salen por el caño en figura de serpiente. Gracias al Cid conocemos el nombre de una, Elpha, y el de su encantador, Álamos. La técnica para encantarlas y desencantarlas puede consultarse y perfeccionarse en el folklore gallego citado.

A Bécquer le tuvieron que llegar noticias de esta misma leyenda que figura en El Cid, y no precisamente a partir del brevísimo esbozo que se apunta en El Cantar, conocido solo por eruditos posteriores. Bécquer narra la historia de la doncella encantada en una fuente, considerada un espíritu del mal, en su cuento "Los ojos verdes" (1861), que transcurre a los pies del Moncayo en la fuente de los Álamos, junto a Ágreda (que ha de ser la Griza del Cantar). Gracias a él y a esta extraña conexión un tanto surrealista, podemos situar el recorrido de los infantes de Carrión hacia el Robledal de Corpes por la falda sur del Moncayo, y colocar con precisión la vieja leyenda del Cantar en la Fuente de los Álamos de Ágreda.

El nombre de esta moura, Elpha, podría ponerse en relación con el apelativo de Artemisa, Diana o Xana, Elaphea, la cazadora de ciervos, aunque elaphe también es un género de culebras. En cualquier caso, en lo que al nombre se refiere la leyenda parece haber entrado por vía culta, superponiéndose a tradiciones locales.