Mostrando entradas con la etiqueta gramática. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta gramática. Mostrar todas las entradas

martes, 19 de marzo de 2024

Ergatividad-causatividad en las glosas emilianenses euskeras

Recuperamos para o blog un artigo que publicáramos no 2006 na web Celtiberia.net. Nel dábamos conta dun feito gramatical ben curioso, ata o de agora non percibido no que atinxe á categoría gramatical "voz" do euskera, que se amosa na Idade Media, a partires do que imos ver, como unha lingua con voz causativa-pasiva expresada con intervención do caso ergativo. A devandita particularidade é común a outras linguas transeuroasiáticas e podería ser de axuda tela en conta na cuestión da filiación da lingua vasca.

Conceptos previos: causatividad, estructura biactancial, estructura monoactancial, acusatividad y ergatividad según la teoría tradicional


Causatividad: la acción verbal se contempla como provocada por un agente externo, una causa última que la produce. Así “Andrade construyó el puente” tiene una estructura profunda con un agente externo o causa última (Andrade) y un actante que en diversa medida sufre o ejecuta por orden “Andrade hizo que alguien construyese el puente”.

Estructura biactancial: la acción expresada por el verbo incumbe a dos actantes o protagonistas. Supongamos una acción “matar” y dos actantes “león” y “tigre”. Es en este tipo de estructuras donde se hace necesario especificar qué actante es el agente (A) y cuál el paciente (P). Lo más práctico es marcar uno y dejar el otro sin marca (principio de economía lingüística). Es por culpa de este tipo de estructuras, según la hipótesis tradicional, que existen lenguas acusativas y lenguas ergativas, según se elija señalar uno u otro.

Estructura monoactancial: la acción expresada por el verbo sólo afecta o incumbe a un actante. Supongamos una acción como “dormir” y un único actante o protagonista “ratón”. No cabe ninguna duda de a qué actante incumbe la acción (más o menos activa) expresada por el verbo. Llamamos sujeto (S) al único actante.

Lenguas acusativas según la hipótesis tradicional: son las que deciden marcar el paciente para distinguirlo del agente. El león (A) mata al tigre (P). Obsérvese que en las estructuras biactanciales del español P se marca con la preposición “a”, y en cambio A no se marca. Por otra parte en las estructuras monoactanciales S tampoco se marca, ya que no hace falta distinguirlo de nada al ser único actante (El ratón duerme). Así pues, las lenguas acusativas tratan de la misma forma S y A (sin marca), y P de forma distinta (con marca).

Lenguas ergativas según la hipótesis tradicional: son las que marcan el agente en las estructuras biactanciales para distinguirlo del paciente. El euskera es una lengua ergativa, veámoslo con un ejemplo, una acción “matar” y dos actantes “gato” y “ratón”: “Katuak (A) sagua (P) hil du (acción verbal)” = El gato ha matado al ratón. Obsérvese cómo en las estructuras biactanciales el euskera marca A con una terminación especial –k, y no marca P. En las monoactanciales tampoco marca S, pues no es necesario diferenciarlo de nada (es único actante): “Katua hil da” = El gato ha muerto. Por tanto las lenguas ergativas tratan de la misma forma S y P (sin marca), y A de forma distinta (con marca).

Acusatividad sintáctica: la equivalencia entre S y A en las lenguas acusativas se comprueba sintácticamente en pruebas de elisión, y por tanto S y A son la misma función sintáctica. Supongamos una oración monoactancial “El ratón (S) se enfadó”, y una oración biactancial “El ratón (A) mató a la pulga (P)”, si las coordinamos el resultado será “El ratón se enfadó y mató a la pulga”, con elisión de A en el segundo miembro de la coordinación. Para que se pueda producir elisión de un elemento éste tiene que haberse mencionado antes, y lo que es más importante, tiene que desempeñar la misma función sintáctica en uno y otro lugar. Por tanto deducimos que el ratón (S) del primer miembro y el ratón (A) del segundo son equivalentes sintácticamente.

Ergatividad sintáctica: esperamos que las lenguas ergativas, por su parte, también identifiquen las funciones S y P dando muestras en pruebas de elisión. Esperamos encontrar casos como el siguiente ejemplo teórico:

1er miembro: Luis-k (A) Ana (P) encontró
2º miembro: Ana (S) huyó

Dado que las lenguas ergativas, según definición, tratan igual S y P, en la coordinación resultante podría elidirse S en el 2º miembro pues ha sido mencionado previamente desempeñando la misma función sintáctica (P): Luis-k Ana encontró y huyó (Ana). Nótese que en español el único elemento que se podría sobreentender ahí es Luis, y en las lenguas ergativas Ana. Pues bien, lo esperable sería este comportamiento, pero no se produce (salvo excepciones que tienen otra explicación en la que no vamos a entrar). La ergatividad sintáctica, según los teóricos, es una rareza tipológica. De hecho el euskera no tiene ergatividad sintáctica. Esta asimetría lo que demuestra es que no hay equivalencia de funciones S y P en las lenguas ergativas, en ningún plano, y que no son procedentes afirmaciones como que las lenguas ergativas tratan igual, identifican o confunden ambas funciones. Algo falla en el planteamiento de la ergatividad.

El ergativo en las Glosas Emilianenses


Los dos testimonios oracionales más antiguos de la lengua vasca se encuentran glosando parte de estas dos secuencias latinas pasivas:

1. [Gaudeamus…] quia uos incolomes inueniri meruimur = içioq dugu
2. [Timeo] ne… nos precipitemur ingeena = guec ajutu eç dugu

En este documento hay otras glosas en romance que traducen estructuras pasivas latinas, pero lo que diferencia las glosas euskeras de las glosas romances es que las euskeras glosan estructuras pasivas latinas con un P animado, mientras que las estructuras latinas pasivas con P inanimado se glosan en romance. Fijémonos en los dos ejemplos anteriores:

1. [Nos alegramos…] porque se nos ha permitido encontraros salvos (literalmente: nosotros hemos sido permitidos por alguien encontraros salvos, con un P animado, nosotros, aunque sin A expreso pero implícito).
2. [Temo…] que nosotros seamos precipitados al infierno por alguien, también con un P animado, nosotros, y con un A no expresado pero implícito.

Aunque son sólo dos casos no cabe azar en esta distribución complementaria. La elección condicionada de una lengua ergativa como el euskera para glosar estructuras pasivas latinas con P animado y A animado implícito tiene mucho que decir sobre cuestiones como ergatividad y causatividad, íntimamente relacionadas según muchos autores.

En principio esta elección podría ser sintomática de cierta equivalencia pasividad-ergatividad, teoría que fue de las primeras que se usaron para intentar comprender las poco frecuentes lenguas ergativas. Un poco más adelante veremos que no es sostenible.

Primero fijémonos en que el P de la pasiva latina (nosotros) pasa a tener marca de ergatividad en la glosa vasca “guec-P ajutu eç dugu” (glosa 2). Según la idea tradicional esta función marcada de la biactancial euskera sería A (recordemos que la marca indicaría agente). A todas luces no es posible defender que ese nosotros, “guec”, sea un agente en la biactancial euskera de la glosa, aunque en euskera actual sí lo sea. No se está diciendo que nosotros hacemos algo, sino que alguien nos hace algo a nosotros (P) o alguien hace que nosotros... (causatividad). Y esto es incuestionable porque sabemos el significado exacto de la oración gracias al texto en latín.

***Guec es forma pronominal = nosotros, con marca de ergativo plural, y dugu es un auxiliar que contiene la siguiente información: la oración es biactancial, un actante es nosotros y otro una tercera persona del singular. Por tanto no es glosa aplicable, como se ha dicho alguna vez, a “non nobis sufficit” (esto no nos basta, monoactancial con un nobis dativo, no P). Lo mismo en la primera glosa, donde incluso se ha argumentado que “içioq dugu” estaba por “gaudeamus”: el tipo de auxiliar implica una biactancial que no satisface la monoactancial gaudeamus, y está sin duda por meruimur (nosotros hemos sido permitidos por alguien), pues dugu supone un nosotros y una 3ª persona del singular. En este sentido defiendo la idea mayoritaria de identificar las glosas con meruimur y precipitemur. Cabe señalar que para el caso de meruimur además hay la misma llamada en el texto y en la glosa, de forma que no es posible negar lo evidente. Y para el caso de precipitemur la glosa euskera se encuentra próxima y parece que explicando la romance “nos non kaigamus” (precipitemur): como se puede observar la frase romance no consigue marcar satisfactoriamente “nos” como P, y se hace necesaria la precisión de la glosa euskera, entendiendo “guec” como P, en consonancia con la función que desempeña en latín. Además ambas glosas, la romance y la euskera, repiten el mismo error de considerar negativo el texto latino debido a la presencia de la partícula “ne” que es malinterpretada como negativa: timeo ne, ¿cómo es posible que teman no precipitarse al infierno?, se trata de un error frecuente que no tengo en cuenta en esta presentación, la romance usa non y la euskera eç, pero pasémoslo por alto para la comprensión del significado.

Guiándonos por la equivalencia entre la oración latina y la glosa vasca podemos afirmar que el euskera en contextos biactanciales con ambos actantes animados marcaba aquel actante que se concebía como no agente (paciente) de la acción, y que había un agente último que no se especificaba o permanecía implícito. Este sistema de marcas no era aplicable a los casos de biactanciales con pacientes inanimados, lo sabemos porque estos casos se glosan en romance. Por el carácter inanimado de uno de los actantes se identificaba su función P fácilmente, incluso podríamos aventurar que la construcción euskera causativa no sería pertinente o necesaria en estos casos, no existía probablemente en el s. X.

Hoy en euskera “guec ajutu eç dugu”, independientemente del significado que se le atribuya al verbo ajutu, se entiende como que nosotros somos el agente, cuando queda claro por el equivalente latino que su función era P. Estamos, por tanto, ante una construcción desaparecida. Su existencia únicamente era posible si aún no se había formado el valor actual de las construcciones ergativas en las que se entiende el caso marcado como A. Es decir, dado que esta estructura en el siglo X no podía sustentar dos valores (principio de distintividad), debemos deducir de su mera existencia que el caso ergativo con valor A aún no existía. La extensión de las marcas a todos los casos de biactanciales y un cambio en la función son fenómenos posteriores que habrá que explicar; son, a su vez, causa de la desaparición de la primitiva estructura causativa, pues según el principio de distintividad a una estructura sólo le corresponde un valor.

La precisión de la glosa “guec ajutu eç dugu” tiene un valor causativo: alguien ayuda o provoca que nosotros… Hay, pues, relación entre la ergatividad y la causatividad tal como apunta la GGT: los verbos ergativos son lo contrario que en la hipótesis tradicional, construcciones con un único actante que no es agente de la acción y padece el proceso sin que se mencione el causante real (Mendikoetxea). Aunque aclarando que no son construcciones con un único participante, tienen o tenían dos actantes (dugu supone dos) estando implícito el A y presente el P con marca.

Parece que en la base de la estructura ergativa del euskera hay una estructura causativa (Alguien hizo que nos arrojásemos) que comienza marcando el P animado para distinguirlo del A animado causativo. La marca de P pudo adquirir el valor agentivo actual cuando la acción verbal empieza a ser vista asumiendo la parte de responsabilidad de P, sin achacarla totalmente a ese A implícito que parece mera fórmula de impersonalización o de “externalización” de la acción. Podríamos aventurar un proceso como el siguiente: el actante marcado se convierte en A, la marca de A se extiende por analogía a todo el paradigma para las biactanciales, y el valor P del actante marcado desaparece. En los auxiliares la concordancia sigue reflejándose pero invertida: dugu se entiende como nosotros (A) + lo (P) cuando antes era a nosotros (P) + él (A). Otra forma de explicar el cambio de funciones sería considerar un paso intermedio “tematización”: el actante marcado P pasa a considerarse TEMA desde un punto de vista sintáctico extraoracional; su situación extraoracional posibilita el cambio de función.

En conclusión, es conveniente una actualización del concepto de ergatividad: es muy probable que el mecanismo desencadenante de la ergatividad (tal como supone la GGT) haya sido la causatividad. A lo que habrá que añadir: en contextos biactanciales con ambos actantes animados, lo que sugiere un sistema neutro previo (funciones sin marca) y una clasificación arcaica en animados / inanimados capaces de desempeñar unívocamente los papeles de A y P.


BIBLIOGRAFÍA

-Aznar Martínez E, Las glosas emilianenses en euskera, Revista idiomas, 2004, en http://centros6.pntic.mec.es/eoi.alfonso.x.el.sabio/REVISTAPG7.pdf
[contiene recopilación bibliográfica de los estudios previos sobre las glosas, así como una nueva propuesta]
-Leemens M, The transitive-ergative interplay and the conception of the world, d. 1995, en http://www.univ-lille3.fr/silex/equipe/lemmens/docspdf/abort.PDF
[emplea la concepción de ergatividad que seguimos aquí en relación con las construcciones causativas, despista un poco la nomenclatura de las funciones causativas-ergativas INSTIGADOR y MEDIO]
-Mendikoetxea A, Construcciones inacusativas y pasivas, en Bosque I y Demonte V, Gramática descriptiva de la lengua española, Madrid, 1999
[similar aproximación a la defendida en este artículo]
-Menéndez Pidal R, Glosas Emilianenses, en Orígenes del español, Madrid, 1968
-Villar F, Ergatividad, acusatividad y género en la familia lingüística indoeuropea, Universidad de Salamanca, 1983
[excelente aproximación a la concepción clásica de la ergatividad, importante selección de bibliografía y contenidos útiles para establecer posibles vínculos entre este concepto sintáctico y la categoría animación]
-Zubiri I, Gramática didáctica del euskera, Bilbao, 2000

martes, 19 de septiembre de 2023

Eyu, o pronome de primeira persoa do singular de Ferreira de Alcântara

Nunha das conversas gravadas en Ferreira de Alcântara (Cáceres) para o proxecto FRONTESPO, escóitase varias veces ó longo da mesma o uso do pronome persoal de primeira persoa do singular eyu (cognado equivalente do galego-portugués eu, astur-leonés you, castelán yo).

A conversa é ben interesante, ademáis, para notar como se levou a cabo o proceso de imposición lingüística do castelán nos pobos fronteirizos españois que aínda conservaban a lingua portuguesa como lingua materna. Neste proceso de aniquilación fora esencial a labor dos mestres do pasado franquista como don Roberto: Herrera de Alcántara 01. Sesión 4. Juicios sociolingüísticos (1ª p).

Como sinala Xosé Henrique Costas no seu último traballo, o gloticidio xa é un feito irreversible; na maioría das aldeas da fronteira vertical entre España e Portugal estímase que se perderán nuns anos todas as falas portuguesas da mesma, por despoboamento das aldeas, polas políticas de estigmatización cultural que se promoveron no pasado e a inacción actual das institucións. Resulta unha excepción o caso de Olivença, que ó ser unha poboación grande e con políticas activas en prol da lingua portugesa (a lingua estúdase na escola e na Universidade Popular) aínda é posible reverter o proceso de perda da lingua ("As falas portuguesas arraianas en España: crónica dun gloticidio consentido", A Trabe de Ouro, nº 123, 2023).

Á perda da identidade colectiva, da historia, da cultura e da autoestima das poboacións que implican os procesos de colonialismo cultural, hai que engadir a perda de datos lingüísticos importantísimos para reconstruír con exactitude a evolución diacrónica das linguas románicas peninsulares; se ben é unha consecuencia menor en comparación coas primeiras, que afectan directamente ás persoas.

Polo que respecta á orixe do pronome castelán da primeira persoa do singular yo, todo indica que se trata dunha monoptongación de -ou > -o da forma astur-leonesa occidental you, procedente da diptongación en do é aberto tónico de éo < latín ego. De se tratar dunha diptongación propia do castelán, onde o é aberto tónico evolúe sempre a teríamos *yeo, non documentada, que é a que presupuña Pidal para tirar dela yo. En castelán, porén, yo semella ser un leonesismo, según indica García Arias (Gramática histórica de la lengua asturiana, 2003).

Nas linguas do tronco galego-portugués a evolución dende o latín vulgar éo < ego é moito máis sinxela, ó no experimentar diptongación o é aberto tónico. Podemos simplificala indicando que a vogal final pechouse para, por contraste, manter o timbre aberto da primeira, eu, creándose un diptongo.

Ata aquí non tiñamos constancia de máis formas galego-portuguesas para o pronome da primeira persoa do singular. Mais no ferrereño de Ferreira de Alcántara (Cáceres), caracterizado polo seu arcaismo, documéntase a forma eyu / eyo, que claramente remite ó éo do latín vulgar, cunha solución única en toda a Romania na que se integra unha iode antihiática, como en cea (galego) / ceia (portugués) ou feo (galego) / feio (portugués).

Falas mozárabes do suroeste peninsular, teóricamente moribundas ó redor do século XII.
(C) Menéndez Pidal: Orígenes del español, 1968.

O feito de se saír esta forma eyu / eyo, do paradigma pronominal do galego-portugués lévanos a pensar se o arcaísmo do ferrereño non terá que ver cunha posible orixe mozárabe da lingua. O mozárabe falouse na zona ata ben entrado o século XII, e nela o pronome de primeira persoa do singular era eo, e ben puido adquirir a partir deste século a mal chamada iode antihiática presente en eyu / eyo, co obxectivo de manter a separación entre as vocais. Extinguiuse o mozárabe no século XII? Cecais leve varios séculos moribundo e verdadeiramente estea a se extinguir agora mesmo cos últimos falantes de ferrereño.

Segundo Maria da Conceição Vilhena (1) "o falar de Herrera [...] não apresenta quaisquer particularidades que o aproximem do falar português mais próximo, o de Malpica do Tejo"; amais a investigadora atopara que Ferreira xa aparecía mencionada no ano 1297 no Tratado de Alcañices (2). Logo se non presenta afindades co portugués veciño, e a poboación xa existía ó redor do século XII, a probabilidade de que o ferrereño sexa vestixio dunha lingua mozárabe, afín ó galego-portugués antigo, é moi elevada.

(1) En Juan M. Carrasco González: "Hablas y dialectos portugueses o galaico-portugueses en Extremadura (Parte II y última: Otras hablas fronterizas; Conclusiones)", Anuario de Estudios Filológicos, 1997.

(2) En Juan M. Carrasco González: "Documentación antigua sobre las localidades de habla portuguesa Herrera de Alcántara y Cedillo", Revista de Estudios Extremeños, 2017.

martes, 27 de diciembre de 2022

O Cadramón

 

O Cadramón. (C) M. Camba Gayoso, 2022.

O Cadramón é un orónimo híbrido celtolatino. Semella un aumentativo en -ón, mais é un superlativo céltico en -amo, declinado en caso acusativo (*Cádramo - *Cadramónem) o que promove o desprazamento acentual, como no caso de Segísamo (nominativo) - Segisamónem (acusativo) que vimos de ver na entrada Sésamo e Sesmonde

A base é o latín quadrum, estudado por Hubschmid ("Problèmes d'etymologie et de sémantique comparée. Roum. codru, alban. kodër et quelques représentants du lat. quadrum, quadra dans les langues romanes de l'Occident" (Nouvelle revue d'onomastique, 1985, nº 5-6, pgs. 120-141). No seu traballo expón as evolucións fonéticas dos derivados de quadrum na Romania, con diversas solucións do vocalismo wa e do grupo consonántico dr. Os significados que comprende o étimo quadrum van dende o codru rumano na súa acepción de "pedazo ou corteza de pan, corrosco" (v. latín quadra panis), ó que nós engadíramos as correspondencias galegas cadrozo, carozo e carolo, ata a acepción oronímica relativa ás elevacións do terreo, rumano codru, "outeiro", que debe porse en relación co noso orónimo "Monte Quadro" (orónimo histórico gallego - ano 1197, Toxosoutos: CODOLGA), ou Pedra do Cadro (orónimo de Muros), e cuxa existencia equilibra a tese de Hubschmid nos extremos da Romania.

O topónimo O Cadramón, segundo a nosa proposta, que ven sendo a de Hubschmid, sería "a montañísima", a "montaña descomunal". É por isto que aínda o sustantivo "cadramón" figura nos dicionarios como xenérico que designa un "animal ou persoa grande e deforme", contrafeita polo seu tamaño descomunal semellante ó dunha montaña.

Salientamos que o feito de se engadir un sufixo celta a unha base latina (*Quadramone) é un fenómeno característico das linguas pidgin ou crioulas, formadas en contextos coloniais pola combinación de dúas linguas sen que ningunha delas prevaleza, o que nos proporciona indicios do que puido ser a lingua galega na súa orixe.

sábado, 24 de septiembre de 2022

Riquiño, dígovolo eu

"Y a presença d'un probe alí estorbaba; por eso entre suspiros repetía:
¡Ai, quen fora riquiño un soyo día!". (Rosalía de Castro, Cantares Gallegos, ed. 1872).


Na recollida do léxico para formar un dicionario, para o asunto que nos vai ocupar, teñen que terse en conta tres normas e unha excepción:
  1. Existe a convención de que os diminutivos non se recollen, porque, do contrario, o dicionario aumentaría considerablemente o volumen de entradas innecesarias. Xa que, logo, estes derivados teñen o mesmo significado (mais en pequeno) que o termo en positivo, sería un desperdicio de tempo e espazo. Neste caso, o "riquiño" do exemplo dos versos de Rosalía, ó ser claramente un diminutivo de "rico" como oposto a "pobre", non ten entrada nos dicionarios.
    1. Excepción: recóllense aqueles diminutivos lexicalizados, é dicir, diminutivos que, procedentes dun positivo, acadaron acepcións especiais moi específicas que non se atopan exactamente no termo do que proveñen.
  2. Para rexistrar nun dicionario un termo, neste caso, un nome, ten que darse ou tivo que darse o seu uso na lingua falada ou escrita. Isto é unha regra de Perogrullo, pero é así: non se poden incluír entradas (palabras) cuxo uso non estea difundido nunha lingua.
  3. Pódense rexistrar préstamos doutras linguas se o seu uso está normalizado na lingua que o recibe, e con máis razón se o termo adaptouse á lingua receptora.
Con respecto á polémica resposta, negativa, do 7 de setembro por parte da RAG a un usuario que preguntaba sobre a pertinencia da inclusión do diminutivo "riquiño" no seu Dicionario, vemos que os académicos encargados de levar as redes sociais (Twitter), descoñecen as tres regras anteditas, maila excepción da primeira. 


Se atendemos á parte en que din que non se pode meter "riquiño" no Dicionario porque é un diminutivo galeguizado do castelán "rico", coa acepción de "niño bonito y a la vez gracioso, encantador", respostamos que podería entrar no Dicionario, como préstamo galeguizado procedente do castelán. Non hai obstáculo algún para admitiren préstamos nos dicionarios, calquera que sexa a súa morfoloxía (non están prohibidos os diminutivos) e lingua de procedencia.

Se atendemos á parte en que din que non se atopa esa acepción de "neno bonito, gracioso e encantador" no galego "rico", respostamos que é certo: non se atopa. Mais que esperaban atopar se "riquiño" é un diminutivo lexicalizado, con acepcións especiais que non ten o seu positivo? Neste sentido, como exemplo, podemos fornecer o caso de "cova", "cavidade natural ou artificial no terreo", e o seu diminutivo "coviña", que se se trata dunha cova pequena non tería entrada no Dicionario, mais se con esta palabra designamos un "petróglifo en forma de pequeno oco hemiesférico gravado nunha rocha", sí debería de ter entrada no Dicionario (por certo, tampouco a ten). Se, por descoñecemento, os académicos fosen buscar na entrada "cova" algunha acepción relacionada cós petróglifos non a atoparían, como non atoparon en "rico" nada relacionado cos nenos ou persoas encantadoras: xa estamos a dicir que os diminutivos lexicalizados crean novos significados que non teñen os seus correspondentes positivos.

Mais... é riquiño un préstamo galeguizado procedente do castelán? Outra labor que hai que desenvolver antes de respostar inmediatamente, sen pensar, ós usuarios das redes sociais, ou antes de tomar unha decisión ó respecto da inclusión ou non dun termo no Dicionario, é investigar o uso da palabra. Pola nosa conta, aínda que non nos paguen por elo, molestámonos en procurar o uso de "riquiño" na nosa lingua, que xa ven dende 1879, e non só era aplicable ós nenos ou persoas "riquiñas", senón a calquera cousa que resultase especialmente entrañable ou curriña. Como unha paisaxe:



"Nobres varóns das Mariñas,
daquela terra sin par,
daqueles prados de ouro,
daquel tan longo froital,
daquelas fontes correntes
bálsamo do ceo e o chan,
daquel xardín tan frourido,
daquel sempre verde val
máis vello que o mesmo Brigo
e máis riquiño que o pan"
(José Rumbo Otero: "Os mariñáns de Betanzos", composición publicada íntegramente no xornal El Gallego, 24-8-1879).

Na autoridade* de José Rumbo Otero temos a xénese da acepción especial do diminutivo "riquiño": un verde val é "máis riquiño que o pan". De onde se desprende que foi un dos semas da palabra galega "rico", ligado ó sabor agradable dos alimentos, o que serviu para formar a deriva semántica gastronómica que levou á creación do diminutivo lexicalizado propio do galego "riquiño"; que debería de ter entrada no Dicionario da RAG, xunto con "coviña".

*Autoridade = autor que afianza o uso. O recurso ás autoridades é fundamental para constituír o léxico e formar as acepcións que integran os dicionarios.

jueves, 7 de julio de 2022

Laia, Santaballa e Salaia: tres topónimos e un só verdadeiro

Aldeas de Laia, Santaballa e Salaia á beira do río Laia (Palas de Rei - Lugo).

No caso do trío toponímico de Palas de Rei, Laia - Santaballa - Salaia, o desenvolvemento do mesmo explícase a partir do probable hidrónimo paleoeuropeo que dá nome ó río Laia, o cal segundo Nicandro Ares, viría, como Laias (doc. "laginas" no ano 830), da base céltica lágena, "laxe", tratada por Corominas ("Toponimia do concello de Palas de Rei", Lvcensia, 27, 2003). Nós preguntámonos se lágina non será, mellor, unha forma céltica ou paleoeuropea derivada da base hidronímica *LAKUS, "lago".

O río dá nome ó lugar de Laia e ó de Salaia, que Ares explica pola anteposición do sustantivo de orixe xermánica sala, "hall": Sala Laia > Sa(la)laia > Salaia. Dedúcese do uso do paréntese por parte do autor que houbo perda dunha das sílabas "la" por haploloxía. O investigador, ó tempo, explica que o Seaia bergantiñán podería ter a mesma orixe, xa que o seguinte paso evolutivo desta cadea é a caída normal do -l- intervocálico: Saaia > Seaia. O certo é que o sustantivo sala ten unha evolución normal e ben coñecida con perda normativa do -l- intervocálico (sala > saa > sa), polo que recorrer á haploloxía semella un tanto rebuscado. Mais así evita ter que explicar a caída do primeiro -l- e o mantemento do segundo: Sa(l)alaia. Todo apunta a que non foi sala o termo anteposto.

No paso do latín ás linguas románicas algunhas, como o sardo, usaron outros demostrativos como presentadores do sustantivo: ipsa lingua > sa limba (a lingua) en sardo. Aquí tamén se usou ipsa e ipso, mais sen acadar un uso xeralizado como ille / illa / illud, puideron quedar fosilizados na toponimia: "pertransintque flumen per ipsas lagenas medianas" (doc. do ano 841 - fonte: CODOLGA). Supomos, pois, unha frase nominal con presentador *ipsa lagina > Salaia, tal e como pensaba Alarcos Llorach (apud García Arias) que sucedera có topónimo asturiano Salime (de *ipsa limine, "o linde"). Non deixa de sorprender que Salime teña os correspondentes galegos saimeira / seimeira, con perda do -l- intervocálico. Aínda que certamente amosan especialización para referirse ós saltos de auga, non deixan porén de indicar o linde ou desnivel orográfico que xera o propio salto.

Á terceira forma, Santaballa, chégase dende Salaia. Unha vez perdido ou olvidado o significado orixinal de Salaia, có cristianismo pasou a reinterpretarse o topónimo como haxiotopónimo, proporcionándoselle unha falsa etimoloxía cristiana ó nome de lugar, por sonsonete: Salaia < *Santa Eulalia, punto de partida do Santaballa actual.

sábado, 25 de julio de 2020

Man: "vaca estéril = muller estéril / macho / home"

Cando o ser humán comezou a conceptualizar o mundo mediante a linguaxe fíxoo, en grande medida, en termos gandeiros, desde un esquema mental de gandeiro, ou cecáis de considerarse gando el mesmo. A percepción das cores relevantes xurdiu da observación das cores das capas bovinas; os termos relativos ó clan e ós seus asentamentos recibiron os nomes dos currais do gando (Bruce Lincoln, "Indo-Iranian *gautra", The Journal of Indo-European Studies, 1975, V.3, nº 2, pg. 161-172); incluso a categorización da diferenza sexual do ser humán estableceuse a partir de termos tomados do eido gandeiro (Szemerényi en 1977 dixo que "the IE term for 'woman, wife', *gwen-, was to be analysed as *gw-en-, a derivative of *gwu-, 'cow'"); etc.

Pénsase que son meramente as diferenzas sexuais as que se reflicten na categoría gramatical do xénero. Nos estudos gramaticais románicos deféndese ademáis a existencia dun xénero / sexo marcado, que ven sendo o xénero / sexo feminino; segundo os lingüistas dito xénero non pode usarse para nomear o conxunto dos dous, por ter cualidades específicas que o impiden. Dito así, queda no ar precisar cales son esas cualidades, do contrario poderíamos pensar que se debe únicamente ó capricho de que os homes non queren ser chamados cos mesmos termos que designan ás mulleres. 

Que ten que ver a maniña, "vaca estéril", do galego-portugués e doutras linguas peninsulares co man, "home"xermánico? Marcos-Marín intenta unha aproximación no seu traballo "Etymology and Semantics: apropos Spanish mañerio, mañeria" (Historical Semantics - Historical Word-Formation, ed. Jacek Fisiak, 1985) sen ter en conta a premisa que deixamos anotada ó principio, que a conceptualización do mundo pola linguaxe foi feita por gandeiros, e desde esquemas mentais e culturais propios das sociedades prehistóricas de cazadores-pastores. Szemerényi xa o dixo da vaca-femia-muller, e nós agora diremos da vaca estéril-macho-home.

Nesta cadea de deriva semántica vaca estéril-muller estéril-macho-home vese que efectivamente non se trata dunha distinción sexual ou xenital, ou non só sexual-xenital, xa que a categoría manna é un conxunto que engloba tanto machos como femias. Trátase só de que para ser unha manna o distintivo é non ter fillos, non parir. Evidentemente ningún macho ten crías, para telas é preciso ser femia, aínda que non todas as femias as teñen, e non as teñen todo o tempo: cando dan de mamar non as teñen, non están preñadas, nin cando chegan á menopausia ou aínda non acadaron a pubertade. Así pois, a categorización manna (o conxunto do sexo masculino e varios subconxuntos do feminino) é máis ampla ca oposta da vaca bellada ou preñada, moito máis restrinxida (limítase a un subconxunto dentro do sexo feminino, a femia fecunda).


Así as cousas, non é correto falar desde un punto de vista diacrónico da neutralización da categoría gramatical do xénero (sexo) nas linguas do noso ámbito mediante o uso do masculino xenérico, que se define entón como un archimorfema capaz de englobar os dous significados gramaticais de masculino e femenino expresando un concepto novo, neutral para o sexo. Non o é porque resulta evidente que o xénero masculino conserva esa capacidade de  expresar indeterminación para o sexo ó proceder dunha categorización anterior, prehistórica, na que o feito de ser macho ou femia era irrelevante, pois só se precisaba separar ós seres que non parían (mannamanada) dos que sí o facían. Esta categoría baseada na capacidade de xestación e parto antecede a distinción sexual, aínda que despois esta última acabe solapándose con ela.


Curros de As Bestas e do Paridoiro (Labrada - Abadín), que reflicten a categorización gandeira baseada na diferencia xestante / non xestante da que estamos a falar.


O Vaqueiro, Maniños - Fene. Curro do Vaqueiro, separado dos terreos adicados ó resto da manna > Maniños. (C) Dolores González de la Peña, 2019.

sábado, 30 de noviembre de 2019

"Ferir en los moros": ¿verbo fero o ferio?

En la documentación medieval gallega el verbo latino fero, "llevar", se especializa en contextos de deslinde como sinónimo de "enfilar" para indicar por dónde pasaba o a dónde se dirigía directamente la demarcación territorial imaginaria. Hay innumerables ejemplos que muestran cómo las formas personales de fero pasan a conjugarse como las de ferio, "herir", aunque son fácilmente distinguibles de éstas por ir acompañadas normalmente de la preposición in, que introduce el lugar de destino. Algunos ejemplos tomados del CODOLGA:

año 757, Lugo: "vadit ad illa vereda que venit de Rovera pro ad villam de Castro. et feret in villa de Azumara"

año 886, Ourense: "et inde ad Sanctum Ciprianum de Periola; et ferit per cacumina montis Cuminalis"

año 935, Pombeiro: "que ferunt in fonte Abolino"

año 964, Pombeiro: "medietate integra, usque in aqua de Arenas; siue in Uillares, que est super Uilla Mironi usque fert in aqua de Peduca"

año 1277, Toxos Outos: "ao canto da riba que chaman de sobrelos castineyros do agro do Pereyro, et dessi como uay ferir et enfiar a dereyto aa ameyxeeyra que esta sobrela pereyra alua"

Según el Padre Santa Rosa de Viterbo (Elucidário, 1798): "Ferir: partir, demarcar, entestar [...] He trivial nas demarcações antigas".

María del Pilar Álvarez Maurín (Diplomática Astur-Leonesa, 1994, pg. 140) indica que "el verbo fero significaba en latín 'llevar, dirigir, encaminar'. Meyer Lübke encuentra en el antiguo portugués la expresión ferit en terra de, que se utiliza para indicar un límite". No hay ninguna duda, por lo tanto, acerca del origen de la fórmula a partir del verbo fero, un verbo de movimiento.

Al ignorar la existencia de un arcaico ferir procedente del verbo latino polirrizo fero, fers, tuli, latum, "dirigirse, enfilar", la expresión "ferir en los moros" ha sido objeto de un pequeño debate filológico erróneamente planteado sobre la función sintáctica de su complemento.

Folgar Fariña (1) negaba la función locativa de la expresión "ferir en los moros" considerando a "en los moros" un complemento directo (lastimar, herir a los moros = herirlos); la preposición "en" sólo se utilizaría, según el autor, para indicar una Aktionsart durativa. En cambio, reconoce una función locativa para otra ocurrencia, "los mares que fieren en las riberas dAffrica". Siempre operando desde la etimología de ferir como procedente del verbo transitivo latino ferio, "lastimar, herir", la función locativa se explicaría según Folgar por la deriva semántica que se habría producido en ferir (ahora con el sentido de "tocar") al llevar un sujeto inanimado.

García-Miguel (2), que considera locativos estos complementos, explica por qué incluye ferir en su estudio aunque "no es ni verbo de movimiento ni verbo de localización". Evidencia, así, que no está pensando en el ferir procedente de fero, que sí es verbo de movimiento, sino en el procedente de ferio, "herir, lastimar".

"Caualgó a muy grand priessa, et fue ferir en los moros llamando Sanctiago"

Para nosotros, en cambio, la fórmula no es más que la que aparece en los documentos galaicos de delimitación con el verbo fero seguido de locativo: "vai ferir no lameiro do Lodeiro". El sentido es siempre el mismo, "enfilar, dirigirse directamente a un punto situado delante". Podemos también asegurar una acepción militar arcaica, "dirigir las tropas contra el enemigo", que se rige por la misma preposición in.

No es correcto, por lo tanto, incluir en el mismo lema el verbo ferir con el sentido de "limitar, lindar, confinar y enfrentar" y el verbo ferir transitivo con el sentido de "causar daño a alguien" (p. ej. Leandro Carré Alvarellos: Diccionario galego-castelán, 1951).

(1) "El complemento preposicional del tipo "matar en ellos" en la primera Crónica general de España", Actas del I Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española, Vol. 1, 1988, pgs. 347-356.
(2) "Los complementos locativos", Sintaxis histórica de la lengua española, Vol. 1, Tomo 2, 2006 (Primera parte, La frase verbal), pgs. 1253-1338

jueves, 19 de julio de 2018

"La confirmación de los usos lingüísticos a través de Internet. A propósito de la palabra lejío" / Jiménez Cano

Este artículo del profesor Jiménez Cano, publicado en 2016 en Topos Digital, surge de una anécdota durante una sobremesa con sus amigos, todos ellos profesores universitarios. La palabra "lejío" sale en la conversación, provocando la curiosidad sobre su significado y etimología. Sobre la marcha o poco después, el profesor tira de los recursos electrónicos disponibles, encontrándose con mi discreta entrada de 2009 en el blog (El Lejío), que amablemente cita íntegramente en su corpus de forma un tanto desordenada (sin respetar el orden cronológico de todo corpus). 

"Salvo que la curiosidad filológica lleve a alguno de los amigos a indagar y asegurar posteriormente el origen y el significado, lo habitual suele ser que la palabra se vuelva a sumergir en el olvido". Parece que la etimología y, en consecuencia, el significado de la palabra no estaban claras para el filólogo (hispanista). Me resulta francamente sorprendente: aunque ningún hispanista controle absolutamente todas las etimologías románicas, creía que ésta era vox populi.

Resultados filtrados de Google sobre la búsqueda "lejío" significado antes de 2016 (fecha de la publicación del artículo de Jiménez Cano).

El caso es que por las fechas en que el autor comienza su estudio para verificar si es posible confirmar los usos lingüísticos de una palabra mediante los recursos electrónicos, no había mucho en Internet (como se ve en la imagen). En primer lugar, un blog con una entrada de 2013 (posterior a la mía), el diccionario Educalingo (que reduce el término al latín lixivium, "lejía"), luego mi entrada (perfectísima, salvo que no cité por obvio, y estar vivo y lexicalizado el término lejío en Extremadura, ningún diccionario de extremeño, como pudo haber sido el de Viudas Camarasa), y en cuarto lugar otro diccionario, el DIRAE, que sólo recoge, de nuevo, al lejío como pariente de la lejía. Insatisfecho con los resultados, que ponían en evidencia que los blogueros teníamos más razón que un santo y acertábamos más que los lexicógrafos, el profesor corta por lo sano y empieza su investigación de otra forma: "si la indagación comenzara con el uso como fuente de información de los recursos fiables que acarrea Internet". 

No voy a extenderme en más detalles sobre la pertinencia de este tipo de investigaciones así planteadas, que en realidad deberían formularse como una cuestión epistemológica (¿cómo aprendemos a aprender?). Pasaré sólo a las conclusiones, que el autor expone en forma de preguntas:

1. "¿son los nuevos subgéneros hipertextuales fuentes necesarias para la fijación y estandarización de las variables gramaticales y léxicas de la lengua española?"

MI RESPUESTA: sí, en la medida en que resulten fiables y exactos, valoración que depende, como en todo, del criterio y los conocimientos de la persona que los consulta.

2. "¿qué grado de control de la información en red debe tener un profesor de lengua española para discriminar la validez de los usos lingüísticos en aquellos casos en los que no exista todavía una norma gramatical o léxica fijada por el uso general?"

MI RESPUESTA: no ha de tener control sobre la información de la red (véanse posibilidades de ejercer un control de nivel bajo en la respuesta 3), ha de saber manejar los recursos electrónicos disponibles y tener un alto grado de conocimientos en su campo para separar el grano de la paja. En el caso analizado se demuestra finalmente que es correcto dentro de la norma extremeña pronuciar y escribir "lejío".

3.¿Qué grado de fiabilidad puede tener el tipo de información lingüística y metalingüística disponible en la red para las personas interesadas en un mejor conocimiento y en un uso más apropiado de la lengua española?

MI RESPUESTA: la certeza sobre si una información es fiable o no, volvemos a lo que dije antes, depende del criterio, conocimientos, destrezas profesionales, estrategias de aprendizaje, etc. de la persona que realiza la consulta, no de la apariencia más o menos impresionante del recurso consultado (en este caso: humildes blogs / diccionarios electrónicos institucionales). Todo el proceso de comprobación epistemológica expuesto en el artículo constituye un buen ejemplo de cómo validar y confirmar, contrastando, la información obtenida de cualquier fuente.

De todas formas, para aquellos casos en que los criterios y conocimientos del consultante estén en proceso de formación existe la posibilidad de listar webs o sitios recomendados por expertos, o incluso, la posibilidad de homologarse como sitio web recomendado por tal o cual colegio profesional, por sus contenidos educativos.


lunes, 31 de mayo de 2010

La espalda del tiempo

“Si atendemos a los términos que en akadio (asirio) designan el pasado y el futuro haremos un descubrimiento sorprendente. Para designar lo anterior, lo pretérito o pasado el akadio usa formas como pana, pan, pananu(m), pani, panu(m), panatu(m), panitu(m), todas ellas relacionadas con panum que significa “delante” o “cara”. También el término sumerio utilizado para referirse al pasado igi significa “ojo”, “cara” y “delante”. En ambos idiomas el pasado está delante de los ojos del observador, se sitúa ante él. Los términos para designar el futuro hacen referencia a la parte de atrás (espalda), al lado contrario, al revés: en asirio (w)arka, (w)arkanu(m), (w)arki, (w)arku(m), (w)arkitu(m), (w)arkatu(m), y en sumerio, eger, murgu, bar. El pasado era algo que encaraban y el futuro algo que se situaba tras ellos. En el mundo occidental actual la convención es justamente al revés, a nadie se le podrá convencer de que el futuro no se abre ante él y de que el pasado no se encuentra tras él. Mientras que cuando nosotros avanzamos por la línea del tiempo nos dirigimos al futuro, ellos se dirigían al pasado” (Walking backwards into the future, Stefan M. Maul).

Aunque la síntesis de Maul es correcta, sus conclusiones, así como el título del artículo “Caminando hacia atrás al futuro”, son simplistas. Lo que se sitúa ante los ojos del observador sumerio o akadio no es exactamente el pasado como lo entendemos en la actualidad, es la meta o el destino del largo viaje hacia el Dilmun o paraíso, la tierra prometida, o bien, desde un punto de vista desprovisto de connotaciones religiosas, hacia el fin que nos espera a todos, que es el morir o la mar, como decía el poeta. En esta concepción de la línea de tiempo no existe un pasado como tal, sino viajeros que van hacia un punto, unos han salido antes que nosotros, como guías que abren el camino, son nuestros antepasados, son “los que van delante” o “los que fueron primero”, (h)alik pani (1) en akadio, término que unas veces designa al que encabeza las tropas y otras al ancestro. A esa meta final se encamina toda la humanidad, los que salieron primero, los que estamos aquí y los que vengan detrás de nosotros (futuros descendientes).

Espalda o cola y cara o frente, como los de un pelotón de ciclistas. Son dos términos que juegan un destacado papel en el enigmático encuentro de Moisés con Dios. Ambos se encuentran cara a cara (panim el panim, en hebreo, praesens praesentis en la versión latina de la Septuaginta), un poco más adelante Dios responde a una solicitud de Moisés diciéndole que no puede mostrarle la cara (panim), porque nadie que la haya visto está vivo, pero que le mostrará la espalda (ahor). Lo que resulta un comportamiento un tanto absurdo que ha dado lugar a todo tipo de especulaciones. En hebreo panim y ahor tienen como deícticos no sólo valores espaciales, también temporales, los mismos que en sumerio y acadio, de hecho, además el panim hebreo proviene del panum akadio. Así que la lectura del texto puede hacerse de la siguiente forma, el encuentro sucede en un momento temporal calificado de praesens (que en latín es “lo que está inmediatamente delante”, de praesum), Dios no puede mostrarle la meta o el final del camino, porque nadie que la haya visto está vivo (los que han salido antes y han llegado a verla están muertos, como es bien sabido), sólo puede mostrarle las cosas que están por venir o que vendrán detrás (y que también se encaminan hacia ese mismo destino). Distinguiendo de modo muy preciso futuro y destino, como extremos opuestos de la flecha del tiempo.

Otro caso bíblico que puede clarificarse con la acepción temporal de frente y cola es el del rollo de Ezequiel, que estaba escrito "panim we’ahor", porque contenía todo lo que existirá (ahor) y lo que sucederá al final (panim). Algunas costumbres, como la de distinguir a determinados huéspedes permitiéndoles comer “ina pani sarri” nos resultan ambiguas, pues no sabemos si se les concedía el honor de comer delante del rey (valor espacial), o comenzar a comer primero, antes que él (valor temporal). Por otro lado..., lo que traducimos libremente por “los decretos del dios” (2) en realidad son las palabras del que fue delante, del antepasado: "ina pi alik pani "(en la boca del que fue delante).

Así pues, el tiempo fluye desde el futuro y se dirige a un punto final; noción que compartió San Agustín. “¿Pero de dónde viene el tiempo? Sólo puede venir del futuro, pasar por el presente y dirigirse al pretérito (de praetereo, ir más adelante). Por tanto, viene de una situación que todavía no existe, pasa por una situación que no tiene duración, y se dirige a un punto que ha cesado de existir”. Pero también podríamos defender lo contrario, que el tiempo fluye desde el pasado hacia el futuro, la más sorprendente e increíble hipótesis física actual, que nos obliga a suponer que es el pasado el que se convierte en presente, que los que fueron delante vuelven a la vida... ;)

Quedan más vestigios lingüísticos de que el pasado se situaba temporalmente delante del observador, además de los términos mencionados para referirse al pasado como panim (cara) y praetereo (ir delante), tenemos el equivalente gótico del inglés yesterday (ayer), gistra-dagis, que algunos autores lo traducen por "mañana" pero que en realidad era "el día siguiente", "el de delante", es decir, "ayer" (3). Gistran comparte etimología con el latín hesternus (ayer), que también se situaba delante: hay una bonita metáfora de la vida, que es como una nube y que corre hacia adelante, al pasado, a ayer: et tamquam dies transiens hesternus (tamquam dies hesterna quae praeterit, según La Vulgata).

En la lengua aimara (Bolivia, Perú y Chile) el pasado todavía se sitúa delante, y el futuro detrás; para designarlos utilizan mayra (frente, ojo, vista), y q'ipa (detrás, espalda). La explicación que ofrecen los hablantes de esta particularidad es que el futuro no se ve, no está ante la vista, y el pasado sí.

En inglés el deíctico before conserva el sentido original de "delante" en situaciones espaciales, mientras que para las temporales su sentido se ha invertido, cuando el pasado comenzó a imaginarse detrás. Lo mismo que el español ante(s) y anterior, con dos significados opuestos según se usen en situaciones temporales o espaciales.

(1) Assyrian dictionary, Edmund Norris
(2) Human destinity in Emar, Antoon Schoors
(3) The indo-european languages, Anna Giacalone