sábado, 29 de octubre de 2016

El caldero de Labrada

En la Edad Media la ordalía o juicio de Dios podía ejecutarse mediante la prueba caldaria, o del aqua fervens. El presunto culpable introducía su brazo en un caldero con agua hirviendo, y según evolucionara la quemadura en los tres días siguientes, así se consideraría culpable o inocente. Según se cree, los juicios ordálicos son de origen germano, si bien en los propios códigos legislativos germanos se los considera pruebas vulgares, lo que abre la posibilidad de que se fundamentaran en costumbres y supersticiones previas imbricadas en la mentalidad popular.

Podemos seguir con facilidad la evolución de la ordalía por la prueba caldaria hasta la representación cristiana del caldero infernal donde se cocinan los cuerpos de los difuntos pecadores, esperando, tal vez, salir incólumes del último juicio de Dios. Se trataría más bien, desde este punto de vista, de la escenificación de un purgatorio, no de un infierno.

Escena de la prueba caldaria de Santa María de Labrada, Guitiriz. (C) Dolores González de la Peña

Y hacia atrás en el tiempo, la ordalía por el caldero con agua hirviendo se puede rastrear, tal vez, en la iconografía y escenas representadas en la diadema de Moñes y en el caldero de Gundestrup, en los que extraños personajes teriomorfos que preludian a los demonios de Labrada, portan calderos para sumergir en ellos a los guerreros como enjuiciamiento final de su valía y honor. El purgatorio existe, y es celta.

No olvides rezar por las almiñas esta Víspera de Difuntos.

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