martes, 25 de septiembre de 2012

Calzadas romanas y vías de ferrocarril

Debido a la orografía del terreno, desde Narbona hasta Salses la carretera moderna se ha superpuesto casi totalmente al camino romano, y cuando no ha sido así es el más exigente trazado del ferrocarril el que ha ocupado la vía romana" (Moreno Gallo, La ingeniería en los caminos romanos).

Me pregunto si en el accidentado noroeste peninsular pudo haberse producido la misma reutilización de las infraestructuras viarias romanas para el trazado del ferrocarril; lo que explicaría la escasez de hallazgos de vías romanas en el norte de Galicia y Asturias, estarían ahí, pero debajo de las vías, ocultas en el lugar más evidente. Seguiremos sin AVE, sí, pero circulando por viejas traviesas que descansan en firmes calzadas milenarias.

Otro indicio cierto de reutilización o de intención de reutilización del trazado viario romano es el extraño concurso que creó la Real Academia de la Historia en 1858, un premio que se desarrolló durante varias anualidades, que prestaba especial atención a la documentación de las vías romanas y en el que participaron varios ingenieros. El premio se entregaba a aquellas personas que enviasen un mínimo de 100 km documentados de calzada, pues "la red viaria era un modelo idóneo para programar el trazado del futuro ferrocarril español" (Álvarez Sanchís, en la obra conjunta 250 Años de arqueología y patrimonio, RAH, 2003). Creo que no solo interesaba la red viaria romana como modelo para programar el trazado de nuestro ferrocarril; recuperando las antiguas calzadas se podía ahorrar parte del trabajo de ingeniería (trincheras, plataformas), ya que estas obras civiles romanas resisten el paso de los milenios sin inmutarse. Así se explica que entre las condiciones para concurrir al premio se exigiese el "diseño del perfil longitudinal de la vía, que determine el movimiento de ascensión y descensión de la misma; y si no, se procurará acotarla de 100 m en 100 m, con relación a un plano horizontal inferior a ella. El plano se traerá en escala de 1/100.000" (de Rodríguez Morales, Calzadas romanas, propaganda o utilidad).

Puesto que hubo, como se ha señalado en la cita de Moreno Gallo, aprovechamiento y reutilización de las infraestructuras romanas para el ferrocarril, el ancho de vía vendrá impuesto por la calzada previa sobre la que se asienta: dentro de los márgenes de esa plataforma habrá que situar los raíles a una distancia tal que no se vea condicionada la estabilidad del tren.

De todas formas ¿quién no ha escuchado la historia del ancho de vía y los carros de los romanos? Hasta en la web del AVE Madrid-Málaga puede leerse esa extraña leyenda urbana que parte del ancho de las calzadas romanas, suficientes para el paso de dos carros: "de tanto pasar carros, se crearon unos surcos en las calzadas que llegaban a tener una considerable profundidad, creando así una especie de carriles. Esto propiciaba que aquellos carros que no tuvieran el ancho normal encontraran muchas dificultades para circular, rompiéndose fácilmente sus ruedas. Las calzadas romanas han llegado hasta nuestros días puesto que dio [sic] origen a los caminos, y éstos a su vez se convirtieron en carreteras y vías de tren. En el fondo el tren no es más que la carreta tirada por bueyes actualizada". Todo esto es delirante, y además parece una de esas míticas redacciones de Guillermo Brown.


  (C) Instituto Geográfico Nacional. La Coruña, por Francisco Coello, 1865.

En el mapa de Francisco Coello se puede ir siguiendo la línea que indica posiblemente el proyecto de trazado del ferrocarril en Galicia, que parte del límite con Lugo, junto a un tramo señalado como "vestigios de la calzada romana", rematando en Montefurado, donde los indicios de la calzada y otras obras de ingeniería romanas son más que patentes. Resta determinar si todo este itinerario proyectado, y el realizado, siguió aquel " modelo idóneo para programar el trazado del futuro ferrocarril español" que era la red viaria romana. La pinta es que sí.