domingo, 15 de noviembre de 2015

El martillo del Nubeiro

En Xoibán, concello de Vilalba, se cuenta que "en certa ocasión caeu alí un nubeiro, con figura de home, en coiro e cun martelo na man" (informante: Santiago Castro, de Igrexa, Xoibán, recogido en Xeografía mítica da provincia de Lugo (I). Cen lugares con lenda, de Xoán Ramiro Cuba Rodríguez y Antonio Reigosa Carreiras).

Esta descripción del Nubeiro o Tronante, el "genio de la treboada" (Diccionario de Eladio Rodríguez), como hombre desnudo sosteniendo un martillo nos recordará inevitablemente a la de la divinidad galaica que se custodia en la iglesia de Vilar de Perdizes (Portugal) conocido como dios Larouco. Larouco se considera un trasunto del dios galo Sucellus, y será este aspecto el que vayamos a matizar ya que existen, en mi opinión, otras divinidades portadoras de martillo más adecuadas.


Hace poco, releyendo la descripción del dios Thor de los sami, en la obra Lapponia, de Scheffer, ya noté las similitudes entre el dios Larouco galaico y Thor, la divinidad que provoca el fuego, el rayo, golpeando su martillo de sílex (pedernal) contra el hierro (eslabón). O si se prefiere, con el romano Júpiter. En la ilustración de la obra de Scheffer, Thor u Horagalles aparece sosteniendo un martillo y los fragmentos de sílex se incrustan en su cabeza. Asimismo, Larouco parece sujetar en su mano izquierda un eslabón para hacer fuego, mientras que su maza, en la derecha, tendría que estar hecha de pedernal. En cualquier caso, el paralelismo entre Júpiter - Thor / Horagalles - Larouco es incuestionable; son divinidades celestes que provocan el fuego del rayo y las tormentas. De ahí el refrán portugués "trovão do Larouco, tudo é pouco".

Lo sorprendente es que su recuerdo se haya transmitido en el profundo folklore de Galicia durante miles de años hasta la actualidad; miles de años durante los cuales el dios celeste del rayo, el Nubeiro, ha viajado en el tiempo por medio de la segura transmisión oral, y ha llegado incólume hasta aquí, ahora, desnudo, caído del cielo sosteniendo todavía su martillo en medio de una treboada en Xoibán.