sábado, 2 de marzo de 2013

La flor del agua: una antigua descripción del ritual hídrico del culto a las fuentes

Todos los trabajos etnográficos de Fernando Alonso Romero son excepcionales, y en particular dos son mis favoritos, Las mouras constructuras de megalitos y el que dedica a la flor del agua que recogen las mozas en la mañana de San Juan: La flor del agua, el saúco y el rocío en las tradiciones hídricas de la Europa céltica, Anuario Brigantino, 2006.

A finales del siglo XIX Marcial Valladares recoge un romance popular gallego en Vilancosta, que podríamos titular "Mañanciña de San Juan", o "Collendo n'a flor d'a auga". Valladares todavía escribe el gallego a la antigua, y nos advierte de que j, ge y gi se pronuncian como en francés. El romance se publicó en 1884 en el volumen IV de la Biblioteca de tradiciones populares españolas, dedicado al folk-lore de Galicia, y a cargo de Doña Emilia Pardo Bazán y otros escritores gallegos. El director de la obra, Antonio Machado y Álvarez, pensaba (aunque al final incluya una rectificación) que era una reminiscencia de la flor de loto, pero otros expertos identificaron a lo largo de estos años el motivo de la flor, que en otros lugares también aparece como "nata del agua" o "agua cimera", como una referencia a la superficie del agua, a lo más granado del agua, o bien a la luz del sol o de la luna reflejándose en el agua, etc.

Es un tema misterioso que nos conecta con el cambio de estación. Vicente Risco dijo que "a fror da auga é un dos misterios máis extranos e máis poéticos da noite de San Xoan". Se trata de una costumbe pagana que se ejecutaba en el solsticio de invierno y que por diversos ajustes en el calendario, que nunca fui capaz de entender, ha pasado a caer en San Juan. Con el estudio de Alonso Romero parece que esa flor del agua va revelándose como la superficie del agua, o tal vez el rocío que de madrugada cubre los campos, una bella metáfora del rocío como flor hecha de agua.

Y efectivamente, como nos dice el profesor, hace mucho tiempo el ritual transcurría durante el solsticio de invierno, como se refleja en este testimonio que ofrece Henry Meilan y que completa su estudio. En él aparece el uso documentado más antiguo del motivo de la flor del agua. Figura en latín, como "florem aquae", y va introducida por el inciso "ut dicunt" (como dicen ellos, el pueblo) que nos indica que se trata de una denominación popular, aunque latinizada por el autor del documento:

"Intempesta nocte surgunt nonnulli ut primi aquatum ducant suum pecus, quo abibant (ut dicunt) florem aquae sancti illius diei, rati fore ut hac ratione melius se habeant per integrum annum, in cujus aquae honorem serta fontibus imponunt" (Fêter Nöel ou pas? Une controverse dans la Eglise Neuchâteloise du XVI siècle, Henry Meilan, 1974).

La descripción del ritual nos habla de que en el solsticio de invierno, un día santo para el pueblo, se llevaba a media noche al ganado a abrebar a flor de agua para que se encontrase bien el año entero; el ritual se completaba imponiendo una corona de flores a las fuentes.

La primera gran diferencia con el ritual que se describe en nuestros romances es que antiguamente iba destinado al ganado. Además, en la tradición peninsular la explicación que se da a la costumbre de dejar un ramo en la fuente es bien distinta: "la primera moza que conseguía coger la flor del agua colocaba en la fuente una rama en señal de que ya se había llevado esa mágica flor, para que la joven que viniera tras ella viera la fuente enramada y tuviera que dirigirse a otro manantial" (del estudio de Alonso Romero).

Las tradiciones evolucionan de forma independiente en todas partes. Desde por lo menos 1923 en Neuchâtel se celebra el 12 de septiembre la Fête des fontaines de la siguiente forma: "les fontaines sont enguirlandées et dans leurs bassins on fait flotter des luminaires".
 
Fuente adornada con flores y velitas flotantes, así como con faroles de colores. (C) Fanny Richard, Neuchâtel, 2011.

Meilan finaliza diciendo que deja a los expertos del folklore europeo la tarea de relacionar esta costumbre navideña de Neuchâtel con las prácticas ancestrales del solsticio de invierno, y la tarea encomendada creo que está más que cumplida por parte del profesor Alonso Romero.

Para este autor, y proporciona elementos de juicio suficientes, el ritual de la flor del agua no es un vestigio de las Fontinalia romanas, "in fontes coronas iaciunt et puteos coronant" (Varrón), que se celebraban el 13 de octubre; ambos serían manifestaciones de una creencia anterior y común con que se honraba a las divinidades de las fuentes. También el dicho popular latino "si aquam hauris, puteum corona!" = si coges el agua, ¡corona la fuente!, tuvo que provenir de esta antigua tradición extendida por la Europa céltica.

Ara luso-romana dedicada al dios Fontanus (Fontus, el manantial), ob aquas inventas. (C) Portugal romano.

Para finalizar, es conveniente resaltar que nuestro Florius amnis, río que Plinio situaba en la actual Galicia, y el río que en el romanche suizo se denominaba Flurye, Florier, Flurié (actual Flourier o Fieuri) son hidrónimos paleoeuropeos. Tal vez la antigua práctica consistía más que nada en llevar a los animales a abrevar a la flor < *FLOR-, "río".