En principio, las perdices de la toponimia están todas bajo sospecha de ocultar otra personalidad bajo su inocente apariencia. Esto es así, como se han encargado de explicar varios autores, porque las aves, salvo raras excepciones, al no estar adscritas a un lugar permanentemente no tienen capacidad de originar toponimia, a no ser en algún caso especial en que no es tanto la propia ave sino el lugar de cría, si es habitual, el que motiva el nombre de lugar: Niñodaguia en Ourense (nido de águila).
Así, Galmés de Fuentes señala acerca de los topónimos asturianos Perdiz y Perdices que "tampoco sirven para designar accidentes geográficos las supuestas perdices de la toponimia, cuya extraordinaria movilidad conoce todo cazador, por lo que no sirven para caracterizar un lugar preciso" ("Toponimia asturiana y asociación etimológica", 1985). Este autor propone considerarlos topónimos derivados del latín petra, como Pedriz y Pedrizas, en los que se habría operado una transposición de consonantes, lo que parece una explicación muy razonable.En otro autor, Almeida Fernandes (Toponímia Portuguesa, 1997), se encuentran parecidas objeciones a la hipótesis de Pedro Machado sobre el topónimo luso Perdiz: "Como é que a ave, só ela, iria causar e conservar, o nome dun local?". Y propone como alternativa el poco fiable nombre de posesor Pêro Diz como origen del topónimo Perdiz (en singular), manteniendo en cambio para Vilar de Perdizes (en plural) la hipótesis de Machado, es decir, su relación directa con estas aves.
Una tercera opción que se expondrá ahora es la posible relación de Perdiz o Perdices / Perdizes con la toponimia del tipo Paraíso, frecuente en el noroeste peninsular.
El topónimo Paraíso y sus derivados (Paraísa, Paraisal) se encuentra en la documentación medieval bajo la forma latina paradisum, y según Cabeza Quiles (Toponimia de Galicia, 2008) "é un descendente semiculto do latín paradisum e este do grego παράδεισος, 'parque, paraíso', pero na acepción iránica de 'parque ou finca fechada', en alusión a grandes espazos murados".
- En la documentación del Monasterio de Sobrado: "per fluuium de Barcha et per arenam de Paradiso et per brion de Susano et per fluuius Malus" (año 1165), "arenam Paradisi" (en otros documentos de la misma época) Fuente: CODOLGA. Se trata de la donación de una propiedad próxima a Serantes (Ferrol). Sus límites se establecen mencionando varios lugares todavía fácilmente ubicables, como Brión o San Román de Doniños, y entre ellos este lugar de "arena de Paradiso", que podría corresponderse con el actual Perdiz, situado a medio camino de Santa María de Brión y A Graña.
- En la del Monasterio de Caaveiro: "vilar de Paradiso" (año 1235) Fuente: CODOLGA.
- En la de Oseira: "domnus Dominicus quondam abbas Vallis Paradisi" (año 1269) Fuente: CODOLGA.
Respecto a su concreto significado, Cabeza Quiles en mi opinión se queda algo corto al limitar la acepción a meras 'fincas fechadas' a modo de huertas, sobre todo cuando tenemos constancia de la existencia prerromana de nemetos consagrados a divinidades de la naturaleza, tan similares a los pairidaeza iranios o a los pardez armenios, espacios naturales recreados, jardines o parques sagrados. En este sentido, pienso que el término paradisum pudo haber sustituido a los prerromanos nemeton o lucus, y que tanto las formas toponímicas Paraíso como *Par(a)dis(o) --> Perdiz / Perdizes indican la presencia de antiguos nemetos.
Porque uno de estos nemetos se encuentra en el lugar que ocupa el altar al aire libre de Pena Escrita en Vilar de Perdizes, desde el cual se contempla un encuadre maravilloso de la eternidad en la figura del monte Larouco recortada contra el horizonte al fondo de la llanura. Larouco, deo maximo, dios supremo, como se encarga de puntualizar una de las aras encontrada en las proximidades.
Altar de Pena Escrita en Vilar de Perdizes. Nemeton con su preceptivo y único árbol en el paisaje sagrado con el monte Larouco al fondo. (C) Ángel Facio.
A pesar de que el nemeton celta todavía se suele identificar únicamente con un bosque, esas "sacris silvarum quas nimidas vocant" son, antes que selvas en el sentido actual de bosques, paisajes montañosos y agrestes, del latín silva, "montaña". El nemeton o el lucus es, por lo tanto, la naturaleza en estado puro, y es también, precisamente por ello, un paisaje sagrado que permite al ser humano trascender y experimentar algo mágico e indefinible que sólo puede transmitirse con un símil, el contacto con la eternidad, o si se prefiere, con la divinidad, que es lo mismo. Por supuesto que es en este contexto en el que habrá que entender el culto que los celtas rendían a los ríos, las fuentes, las piedras, los árboles, las cuevas y las montañas, idéntico al que se producía hasta hace no mucho en otras zonas de Europa (Bradley, An Archaeology of Natural Places, 2000).


