jueves, 15 de marzo de 2012

El nemeton de Vilar de Perdizes

En principio, las perdices de la toponimia están todas bajo sospecha de ocultar otra personalidad bajo su inocente apariencia. Esto es así, como se han encargado de explicar varios autores, porque las aves, salvo raras excepciones, al no estar adscritas a un lugar permanentemente no tienen capacidad de originar toponimia, a no ser en algún caso especial en que no es tanto la propia ave sino el lugar de cría, si es habitual, el que motiva el nombre de lugar: Niñodaguia en Ourense (nido de águila).

Así, Galmés de Fuentes señala acerca de los topónimos asturianos Perdiz y Perdices que "tampoco sirven para designar accidentes geográficos las supuestas perdices de la toponimia, cuya extraordinaria movilidad conoce todo cazador, por lo que no sirven para caracterizar un lugar preciso" ("Toponimia asturiana y asociación etimológica", 1985). Este autor propone considerarlos topónimos derivados del latín petra, como Pedriz y Pedrizas, en los que se habría operado una transposición de consonantes, lo que parece una explicación muy razonable.En otro autor, Almeida Fernandes (Toponímia Portuguesa, 1997), se encuentran parecidas objeciones a la hipótesis de Pedro Machado sobre el topónimo luso Perdiz: "Como é que a ave, só ela, iria causar e conservar, o nome dun local?". Y propone como alternativa el poco fiable nombre de posesor Pêro Diz como origen del topónimo Perdiz (en singular), manteniendo en cambio para Vilar de Perdizes (en plural) la hipótesis de Machado, es decir, su relación directa con estas aves.

Una tercera opción que se expondrá ahora es la posible relación de Perdiz o Perdices / Perdizes con la toponimia del tipo Paraíso, frecuente en el noroeste peninsular.

El topónimo Paraíso y sus derivados (Paraísa, Paraisal) se encuentra en la documentación medieval bajo la forma latina paradisum, y según Cabeza Quiles (Toponimia de Galicia, 2008) "é un descendente semiculto do latín paradisum e este do grego παράδεισος, 'parque, paraíso', pero na acepción iránica de 'parque ou finca fechada', en alusión a grandes espazos murados".

  1. En la documentación del Monasterio de Sobrado: "per fluuium de Barcha et per arenam de Paradiso et per brion de Susano et per fluuius Malus" (año 1165), "arenam Paradisi" (en otros documentos de la misma época) Fuente: CODOLGA. Se trata de la donación de una propiedad próxima a Serantes (Ferrol). Sus límites se establecen mencionando varios lugares todavía fácilmente ubicables, como Brión o San Román de Doniños, y entre ellos este lugar de "arena de Paradiso", que podría corresponderse con el actual Perdiz, situado a medio camino de Santa María de Brión y A Graña.
  2. En la del Monasterio de Caaveiro: "vilar de Paradiso" (año 1235) Fuente: CODOLGA.
  3. En la de Oseira: "domnus Dominicus quondam abbas Vallis Paradisi" (año 1269) Fuente: CODOLGA.
La evolución de la forma paradisum a Paraíso es una de las vías posibles, con caída de la -d- intervocálica; la otra, con caída de la vocal pretónica, es la que originaría *Pardiso, y por apócope *Pardís / *Pardiz, forma de la que procederían, por etimología popular, los Perdiz y Perdizes de la toponimia.

Respecto a su concreto significado, Cabeza Quiles en mi opinión se queda algo corto al limitar la acepción a meras 'fincas fechadas' a modo de huertas, sobre todo cuando tenemos constancia de la existencia prerromana de nemetos consagrados a divinidades de la naturaleza, tan similares a los pairidaeza iranios o a los pardez armenios, espacios naturales recreados, jardines o parques sagrados. En este sentido, pienso que el término paradisum pudo haber sustituido a los prerromanos nemeton o lucus, y que tanto las formas toponímicas Paraíso como *Par(a)dis(o) --> Perdiz / Perdizes indican la presencia de antiguos nemetos.

Porque uno de estos nemetos se encuentra en el lugar que ocupa el altar al aire libre de Pena Escrita en Vilar de Perdizes, desde el cual se contempla un encuadre maravilloso de la eternidad en la figura del monte Larouco recortada contra el horizonte al fondo de la llanura. Larouco, deo maximo, dios supremo, como se encarga de puntualizar una de las aras encontrada en las proximidades.

Altar de Pena Escrita en Vilar de Perdizes. Nemeton con su preceptivo y único árbol en el paisaje sagrado con el monte Larouco al fondo. (C) Ángel Facio.
A pesar de que el nemeton celta todavía se suele identificar únicamente con un bosque, esas "sacris silvarum quas nimidas vocant" son, antes que selvas en el sentido actual de bosques, paisajes montañosos y agrestes, del latín silva, "montaña". El nemeton o el lucus es, por lo tanto, la naturaleza en estado puro, y es también, precisamente por ello, un paisaje sagrado que permite al ser humano trascender y experimentar algo mágico e indefinible que sólo puede transmitirse con un símil, el contacto con la eternidad, o si se prefiere, con la divinidad, que es lo mismo. Por supuesto que es en este contexto en el que habrá que entender el culto que los celtas rendían a los ríos, las fuentes, las piedras, los árboles, las cuevas y las montañas, idéntico al que se producía hasta hace no mucho en otras zonas de Europa (Bradley, An Archaeology of Natural Places, 2000).

domingo, 4 de marzo de 2012

Gringo viejo

El gringo viejo Ambrose Bierce.

En el diccionario de castellano de Terreros y Pando de 1787 se define la palabra gringo diciendo que "gringos llaman en Málaga a los extranjeros que tienen cierta especie de acento que los priva de una locución fácil y natural castellana, y en Madrid dan el mismo y por la misma causa con particularidad a los irlandeses".

Entre los gitanos irlandeses existe la casta de los gryengroes (gry-engro = [señores] de los caballos), que según algunos autores se dedicaba específicamente a la trata de caballos, y según otros eran caballeros, aristócratas, o ambas cosas: "so many of the gryengroes (horse-dealers), who form the aristocracy of the Romany race, have left England for America", "the gryengroes, or horse-dealers, of the class described in Borrow's books have been greatly depleted, particularly by emigration to the Western continent".

En esa emigración a América de los gitanos gryengros irlandeses es donde radica la clave del origen del término gringo, y su utilización por los colonos españoles establecidos en México para designar principalmente a los irlandeses, y luego por extensión a todo colono procedente de las Islas Británicas (gringuería). Se trataría, por lo tanto, de un préstamo del caló o romaní irlandés al español de América; de allí pasaría a España con los significados tardíos de "extranjero" e "inglés".

Aún así hay quien sugiere que la vieja canción irlandesa que cantaban los emigrantes, "Green grow the rushes in our emerald island", podría ser el origen del término gringo; de nuevo con Irlanda en el horizonte de la explicación. Aunque normalmente la explicación que se viene aceptando es la de Corominas, que remite el origen de gringo al español griego, en su acepción de "lengua ininteligible".

miércoles, 29 de febrero de 2012

El engañoso topónimo Castaño

No es la primera vez que escucho o leo argumentos que ponen en duda la aparente transparencia de este topónimo. La primera vez fue sobre el Puerto de los Castaños de Cáceres; varias personas del lugar me dijeron que nadie recordaba allí ningún castaño, si bien pudo haberlos y conservarse el topónimo por tradición. En un estudio que relaciona toponimia y flora podemos leer que "al norte de Huesca aparece el fitotopónimo Barranco Castañera [...] donde no aparece polen de castaño [...]; en el sur del territorio oscense se emplaza el vocablo Barranco del Castaño [...], donde tampoco aparece polen de castaño, lo cual es bastante lógico pues se trata de un lugar salobre" (AF Carrillo López et al., Toponimia y biogeografía histórica de plantas leñosas ibéricas).

Si no hubo castaños y hasta era imposible en algunos casos su crecimiento por la salobridad del terreno... ¿cómo es que se llaman Castaño?

Como es sabido, la frase latina "capu(t) stagnum" evoluciona a toponimia del tipo Cabestany o se mantiene como en Cabezo del Estaño, conservando la -p- sonorizada en -b-, pero de momento no está estudiada su posible evolución a Castaño y similares, es decir, no está demostrado que esa -b- intervocálica haya podido perderse.

La prueba de que esto ha sido así, no en todos los casos de toponimia Castaño, pero sí en muchos de ellos, se encuentra en los nombres que recibió el lago Aretino, que se documenta como "stagno Arretino" en Valerio Maximo, y figura en textos medievales como "ad Castagnum Aretinum" o "Castagno Aretino". Poco más puede añadirse: puesto que no cabe la transformación de un stagno en un castagno ha de inferirse que este último es un compuesto opaco procedente de "caput stagnum", y que estamos ante el mismo fenómeno que produjo muchos de los Caballo y Cabalo de la toponimia y todos los Cabovalle, que fueron "caput vallis".

viernes, 24 de febrero de 2012

Los otros celtas

"Poco a poco empieza a prohibirse a los gitanos que trabajen el hierro, que hagan herraduras, que fabriquen calderos y sartenes, que habiten en los sitios en que hay minas o arrastres de pajuelas de oro" (Francisco Quindalé, Diccionario gitano, 1867, pg. 22).

Pero ellos, siguiendo esa profesión inherente a su esencia, la metalurgia, continúan dedicándose a la venta de ferralla y al cobre, en ocasiones de forma nada respetuosa con la propiedad ajena, hay que decirlo, aunque... donde las dan, las toman.
Ellos son los petulengros = "señores de las herraduras" (según Borrow, La Biblia en España), los herreros o blacksmiths que aparecen en la narrativa irlandesa, los ferreiros y mouros que pueblan el paisaje gallego repleto de túmulos que en el imaginario colectivo esconden sus fornos y forxas, como la Forxa do Ferreiro (A Loba, Serra do Galiñeiro - Aranga).

Son los otros, los jentillak (paganos) o mairuak (moros) de los vascos, la oscura mourindade invisible del folklore celto-atlántico que atesora y custodia los metales en un universo paralelo y subterráneo.

"Es rarísima la casa de un gitano que no tiene un piso subterráneo [...] las habitaciones profundas o cavadas en la tierra contienen los obradores, talleres y fraguas. Evidentemente hay una tendencia en los gitanos a la vida subterránea [...] la explicación más sencilla me parece estar en la industria y las costumbres de los gitanos, raza de herreros y estañadores [...]" (José María Samper, Viajes de un colombiano en Europa, 1862, pg. 441).

Son los calós, del romaní kal-, "negro", raíz kel- que según Pokorny designa objetos con manchas, tiznados.

Clanes nómadas que se desplazan en carromatos, los carpenta gallorum de Floro (carromatos de galos o calós) entre los que destacaba el petorritum por sus cuatro ruedas (petora es cuatro en galo por los mismos motivos lingüísticos que el caló panche es cinco; evolución kw > p), pista que nos obliga a dudar de si Borrow estaría en lo cierto con su etimología de petulengru, ¡qué sonoridad celta tiene la palabra!
Petorrito de tinkers irlandeses, hoy denominados travellers.

Respecto a los tinkers, gitanos irlandeses, es muy curioso que el Observatorio Europeo del Racismo y la Xenofobia recomiende no llamarles así, ni tampoco gitanos, sino travellers; se trata de un eufemismo que esconde una prevención más. La recomendación parte del demostrado carácter céltico de estas gentes, hecho que para los expertos y el Observatorio es incompatible a todas luces con ser gitano. Se trata, pues, de una muestra más de que la esencia de la celticidad se concibe como ariana y rubicunda en contra de todas las evidencias que nos muestran a unas gentes morenas o tiznadas (mouros).

Dos celtas en el campo de exterminio de Belzec (Polonia). Él con su sayo negro, ella con ropa de flores.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Metodología de datación de paleotopónimos

Hace casi seis años publiqué en Celtiberia.net, en forma de ejemplo, lo que podría considerarse con bastante generosidad un esbozo de la metodología a seguir para datar la antigüedad de algunos topónimos paleoeuropeos, fundamentalmente hidrónimos o talasónimos, aunque también sería posible su aplicación a la datación de orónimos.

Se trata de una metodología multidisciplinar en la que colaboran a partes iguales dos ciencias, la lingüística y la geología, y en la práctica viene a ser como una excavación arqueológica de los topónimos, que pasan a situarse en un estrato geológico como si se tratara de útiles olduvaienses. Los topónimos datados mediante esta metodología integrarían, en mi opinión, los auténticos topónimos fósiles, sólo explicables por reflejar inequívocamente un paleopaisaje fósil reconstruido con el auxilio de la geología. La dificultad del método estriba principalmente en establecer esa relación inequívoca entre toponimia y paleopaisaje, al trabajar con bases paleoeuropeas que no son todavía exactas.

El caso que publiqué en su momento analizaba los pormenores del topónimo ferrolano Almufeira (actualización del 27-04-05), situado cerca de la laguna de Doniños. En líneas generales el modus operandi de excavación de un topónimo es el siguiente:

1. Se comienza con la elección de una zona que haya sufrido alteraciones orográficas, estudiada por expertos geólogos, con sus dataciones, etc. Las transformaciones sufridas en el relieve o la hidrografía han de ser imperceptibles para la población actual, es decir, únicamente sabemos que se han producido tales procesos por las investigaciones geológicas, pero nosotros, el común de los mortales, no vemos indicios que nos lleven a suponer que la orografía fuese distinta en tiempos remotos. Tal vez el folclore de la zona también corrobore dicha alteración (leyendas de ciudades anegadas).

Playas fósiles que aparecen en una excavación arqueológica, terrazas de ríos, líneas de paleocostas (hoy en seco, tierra adentro, o bien sumergidas pero cuyos vestigios podrían manifestarse en la talasonimia costera), llanuras que estuvieron ocupadas por lagunas, cerros testigo... Que las poblaciones actuales ignoren que la fisonomía del paisaje que habitan se debe a alteraciones en su configuración pretérita es la garantía principal de que los topónimos que lo nombran son tan antiguos como el río que por él discurrió, del cual no queda vestigio aparente alguno. Si, por el contrario, quedase a la vista por ejemplo un cauce seco, no habría forma de garantizar la antigüedad del topónimo; podría haberse nombrado ayer mismo por vez primera, pues todos los grupos poblacionales a través de distintas épocas saben distinguir o identificar perfectamente qué es un cauce seco. Este es el fallo principal que veo al intento de Benozzo de aplicar una metodología similar sobre los topónimos relacionados con las morrenas glaciares (Algúns nomes totémicos da paissagem, 2011): es imposible garantizar que la toponimia derivada de lava, "avalancha, morrena glaciar", date del Pleistoceno-Holoceno. En cualquier momento se pudo dar el nombre lav- a estos característicos ríos de piedra visibles todavía en la Europa que sufrió las glaciaciones, ¿por qué en el Holoceno?

2. La parte lingüística de la investigación consiste en rastrear la toponimia del área en busca de posibles topónimos motivados por el paleopaisaje reconstruido, que encajen en él. Fundamentalmente serán bases opacas, no transparentes (incomprensibles para los habitantes), pertenecientes a la hidronimia y oronimia paleoeuropeas. Estas bases se transmiten de generación en generación por la tendencia a la conservación de la toponimia a pesar de la transformación que se opera en el paisaje, que ya no es reflejo del nombre que se le dio. Dicho sea de paso, aunque sea evidente hay que resaltar que esta transmisión generacional de topónimos que remiten a paleopaisajes es, a su vez, garantía de la continuidad poblacional, de su continuitas, y garantía de la existencia de lenguaje.

El caso de Almufeira, posible hidrónimo (talasónimo) de la base ALM- de Krahe situado hoy en seco en un lugar donde hubo hace 5000 años una pequeña bahía, podría ser un ejemplo de la pervivencia del nombre, que se mantiene por inercia a pesar de que el objeto que designaba ha desaparecido.

Figura 1. Topónimo Almufeira, "bahía", en el paleopaisaje de hace 5000 años, y su relación con el topónimo As Ribas.

Figura 2. Topónimos Almufeira, "bahía", y As Ribas en el paisaje actual. Ambos significados, uno reconstruido y otro todavía transparente, no se corresponden con el paisaje actual, y sí con el anterior.

3. La observación de discordancias entre el significado de la toponimia y la configuración del paisaje actual, o, lo que es lo mismo, la concordancia de la toponimia con un estadio anterior, proporciona un momento ante quem que fija la fecha del topónimo. Gracias a los estudios geológicos sobre las formaciones de dunas y lagunas en las costas atlánticas de Galicia sabemos que durante la transgresión Flandriense, hace unos 5000 años, la costa tenía el perfil de la Figura 1, momento que parece adecuado para que el lugar reciba el nombre de Almufeira, "bahía". Más tarde no se justificaría la elección del nombre, Almufeira, puesto que con el transcurso del tiempo el paisaje se fue transformando, cerrando la bahía hasta aparecer como en la actualidad. De esta forma, poblaciones posteriores no pudieron nombrar como "bahía" algo que ya no lo era. Así de sencillo.

4. En auxilio de esta metodología deberían participar las técnicas complementarias de los estudios geológicos y arqueológicos, como la palinología, que terminarían por completar el paleopaisaje y aclarar la relación entre él y su toponimia.

Otro intento de datación aplicando esta metodología multidisciplinar es el caso de Borrazás que publiqué hace poco en este blog, aunque para considerar definitiva la explicación del topónimo que expuse en él habría que realizar una cata y encontrar, que no sé si es posible dada la acidez del suelo gallego que descompone todo tipo de materias orgánicas, evidencias de que fue un estero donde crecía la borraza.

Para evitar gastos y esfuerzos inútiles es recomendable partir de zonas ya prospectadas, con estudios de paleopaisajes concluidos y comprobar si la toponimia paleoeuropea y los significados reconstruidos para ella se ajustan a ese paleopaisaje imperceptible para el observador moderno (entendiendo moderno en un sentido amplio). Yendo a un caso concreto cuyo paleopaisaje está bien estudiado y reconstruido me pregunto ¿por qué sobre Ibeas de Juarros de camino hacia el yacimiento de Atapuerca aparecen dos posibles hidrónimos testigo de las antiguas terrazas del Arlanzón: Bayón Álvaro y Valicencia?

domingo, 19 de febrero de 2012

Celtas en la onomástica

"E tomó a Santa Bayra, que yaze çerca de Galicia"
(Crónica del moro Rasis)

La evolución toponímica del grupo fónico KELT- > SANT- o CENT- se atestigua en por lo menos dos casos:

1. El caso de Celtiberia > Santa Bayra, que formó un hagiotopónimo falso hoy en día sin ubicar. Otro hagiotopónimo proveniente de la misma base podría ser el documentado como Sanctus Tiberius, Sentiberi o Santiberi, en Languedoc.

2. El caso de Celteganus > Santagôes / Santiagões, dos lugares de Portugal, uno en Gondomar y otro en Vila do Conde.

Se afirma que es el de Vila do Conde el que se recoge en los documentos medievales con las siguientes variantes: Celteganes (1038), Celteganus (1048), Zelteganus (1049), Centegãus (1192), Centegaus (1193), Centegaos (1319), Santo Agões (testimonio oral, 1883) - Joaquim da Silveira, "Toponimia lusitana", Revista Lusitana, XXXIII, pg. 239-241.

Entre ellas destacamos las que muestran la evolución KELT- > CENT-; puede que tras el aparente fitotopónimo Centeáns (O Porriño) se encuentre un *CELTEGANUS, como sucedió en el país vecino. También, surge la evidente pregunta, a la vista de la evolución por etimología popular a Santiagões, de si alguno de los múltiples hagiotopónimos Santiago no remitiriá a un posible étimo CELT- como podría ser *CELTIACUS. O de si, incluso, nuestro oscuro patronímico Sánchez no provendrá de un CELTICI, y Sancho de CELTIUS, vía Santius.

Fuente: INE.

En el mapa de distribución por provincias del apellido Sánchez la mayor incidencia se encuentra en Salamanca, Ávila y Cáceres; en esta zona, en gran parte lusitana, también se registra la mayor concentración del antropónimo Celtius y sus derivados.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Seselle y las cacuminales del galaico-portugués

Si el topónimo Castra Caecilia en lugar de situarse en la Vía de la Plata estuviese en Galicia o en Portugal habría evolucionado, con seseo, hacia Seselle (Ares) o Sezelhe (Montalegre), documentado como Sezily en 1258. Esta idea ya había sido enunciada en la Tentativa etymologica-toponymica de Pedro Augusto Ferreira, donde nos informa, sin más explicación, por evidente, de que:

"Zezelhe por Secelhe: de Cecilia [...]; tamén Cecilius deu Silho e Silio, povoações nossas".

Pero todavía se encuentra difundida la idea de Piel de que se trata de un topónimo originado por el nombre de posesor germano Sisildi, compuesto de (h)ildi, "combate", elemento que entraría en la composición de antroponimia femenina y cuya evolución sería ld > ll, palatal lateral. En la base de datos del CODOLGA encontramos a una mujer llamada domna Sesilli en un documento sin fecha (anterior a 1300), y en otra documentación alguna Sesilde y Sisilde.

Sin embargo, la evolución más segura es justamente al revés: un sonido lateral a medio camino de la palatalización (proveniente del grupo l+yod de Caecilia) origina un resultado geminado lateral-cacuminal ld, algo similar a lo que sucede en ciertas áreas del astur-leonés que presentan sonidos cacuminales, a medio camino entre l (forma de articulación) y d (punto de articulación), provenientes de ll geminada y l en posición inicial. Es decir, que tanto Seselle (resultado palatal) como Sisilde (resultado cacuminal) pueden explicarse satisfactoriamente desde Caecilia, lo que resultaría aplicable a otros pares, -elle / -ilde < -ilia, e iría extendiendo el mapa de una antigua isoglosa cacuminal hacia Galicia y Portugal. Los sonidos cacuminales galaico-portugueses son, pues, un resultado esporádico del grupo l+yod (yod segunda) en posición postónica (Caecília > Sesílde); este fenómeno habrá de estar relacionado con la evolución del otro caso de yod segunda, la que se produce en capít(u)lum > cabildo.

Hasta ahora los términos cabildo, espalda, molde... se consideraban transposiciones o metátesis de grupos dl provenientes de t'l o d'l, capit(u)lum, spat(u)lam, mod(u)lum, pero bien podrían ser un resultado natural, cacuminal, equivalente de los palatales esperados *cabillo, *espalla o *molle.

Respecto a estos casos en que las villas u otros asentamientos reciben nombre de mujer, podremos pensar directamente en posesoras que les daban su nombre, o en posesores que concordaban el suyo con el género femenino del sustantivo villa; así se cree que sucedió con Castra Caecilia, cuya fundación se atribuye, tal vez sin más fundamento que éste, a Caecilius Metellus.