sábado, 16 de noviembre de 2013

Las piedras que fingen

El folklore popular nos ha transmitido la creencia de que algunas piedras, principalmente los menhires, están habitadas por un espíritu. En consonancia con esto, la documentación medieval ya recogía, para prohibirla, la costumbre pagana de rendir culto a determinadas piedras, consideradas ídolos o simulacros ficticios de algo, puede que de antiguos dioses, puede que de nosotros mismos. En numerosos textos medievales se describe la pervivencia del culto pagano a falsos ídolos de piedra, siendo particularmente interesante el documento que relata la cristianización que realizó, en la Bretaña francesa, San Sansón, grabando una cruz sobre un idolum o simulacrum, que era, finalmente, un menhir: "signum crucis, quod sanctus Samson sua manu cum quodam ferro in lapide stante sculpsit" (véase para la equivalencia simulacrum = lapide stante / menhir: d'Arbois de Jubainville: Le culte des menhir dans le monde celtique, 1906).

Se sabe que el dios más importante de los galos, Mercurio, era venerado en forma de menhir o marco: "Deum maxime Mercurium colunt, hujus sunt plurima simulacra" (Cesar, De Bello Gallico). Así, el testimonio de Cesar nos acerca al carácter simulácrico de los menhires. Un subtipo de menhir era el denominado herma, de ahí la interpretatio romana de considerar Mercurios (Hermes) a los simulacros galos.


Pilar cuadrangular o herma galo-romano del museo de Quimper.

Creo que por todo ello resulta relevante y revelante desarrollar un pequeño detalle etimológico que encaja con esta cualidad idoliforme y simulácrica de los menhires: teóricamente, el latín fictum, el nombre con el que se conocía a los hitos o mojones, a las pedrafitas o menhires, tanto puede provenir de figere, "fijar", como de fingere, "fingir, simular, figurar, tallar, esculpir". En el segundo caso, fictum es sinónimo de ídolo, simulacro, imago, escultura, talla. Por otra parte, intuyo que ese fingimiento o capacidad de simbolizar y representar del ídolo o ficto, puede acabar deviniendo falsedad.

En el ámbito lingüístico itálico encuentro varios casos, aunque no son mayoría, en que la secuencia petram fictam se interpreta o es traducida como "piedra tallada" (de fingere): uno es el actual topónimo Pietratagliata, denominado antiguamente Petram Fictam; otro, la traducción que realiza un estudioso italiano de la frase Petram fictam = rupe scolpita; otro autor defiende que el nombre de lugar Pietrafitta "sta per petra ficta (per manu hominis), cio è un menhir", recalcando el hecho de que son piedras talladas por la mano del hombre. Aunque a veces no lo parezca, por su tosquedad, todos los menhires están tallados.

¿Qué fingen las piedras? Antiguamente se distinguía, si se quería ser preciso, entre simulacro e ídolo (ficto): simulacro era una imagen semejante, que imitaba algo existente en la naturaleza, e ídolo, un soporte en blanco que podía ser utilizado por la gente para albergar cualquier contenido que el observador o el grupo pudiese desear. Por eso, para la teoría semiótica de Ockham el ídolo (ficto) era una imagen mental, la cara significado del signo lingüístico Es la misma distinción lingüística que Peirce establece entre los tipos de signos denominados iconos y símbolos, los iconos se parecen a lo que representan, los símbolos no; en ellos hay una convención arbitraria, una especie de acuerdo previo que determina su significado. Los símbolos y los ídolos son, por lo tanto, convencionales, resultado de un pacto social que es necesario respetar para mantener su validez. Los símbolos / ídolos son la esencia del lenguaje humano; en este caso, con la particularidad añadida de que el código es de piedra.

 Marco do Salto, Irís, Cabanas. (C) Ángel Facio, 2013.

Es difícil tratar de dilucidar si la toponimia del tipo Pedrafita proviene del participio fictum, "ídolo, efigie, piedra tallada, símbolo", tal y como indican el folklore, las tradiciones conservadas hasta la actualidad, y el carácter de signo territorial de los marcos o si, como se cree, proviene del latín fixam --> fictam, "fija, clavada".
  1. "Et inde ad Petra Ficta et inde ad Montem Miserum" (año 572, Braga)
  2. "Et inde per Petras fixas que ab antiquo fuerunt constructe" (año 877, Mondoñedo) 
  3. "Per petras fictas qui ab antiquo pro termino fuerunt constitutas" (año 911, Braga)
  4. "Invenimus petra alviata ficta pro terminum" (año 950, Celanova)
  5. "Venimus per signas et patronos fictos" (año 950, Celanova) 
  6. "Et muliones fictiles per summo autario" (año 950, Celanova)
  7. "Per forno, forca et fita" (año 1032, Celanova)
  8. "Petras mobiles uel fictas" (año 1089, Lourenzá); "Petras mobiles uel fictiles" (año 1077, Lourenzá)

Ficto de Trobajo del Camino, Museo de León. Inscripción: PRIVATU.

Del examen de la selección anterior se desprende la preferencia por el término fictum (de fingere), el hecho de que estos fictos eran artificiales, construidos por la mano del hombre (de fingere), y que servían como símbolos de demarcación territorial (de fingere). Todo lo cual avala la propuesta que estamos defendiendo. A pesar de ello, no cabe negar que se produjo un cruce o influencia del participio fixum (de figere), que no acabó de cuajar, pues toda la toponimia románica tiende a reflejar la forma primitiva: Pedrafita, Piedrahita, Pierrefitte.

Chamorro

Tal y como había señalado el Padre Sarmiento ("de clamore?") y apunta Cabeza Quiles para el monte Chamor de Silleda, el Chamorro de Ferrol podría provenir del latín clamor, "rogativa, petición, impetración", más exactamente, como señala el diccionario de Figueirido: "Procissão, por votos antigos, quasi sempre de freguesia para freguesia".

Peña de la Aparición, en el interior de la ermita.

Muy pocos ferrolanos saben que en la ermita de Nuestra Señora de Chamorro se oculta esta maravillosa piedra abaladoira cristianizada. Exactamente las piedras abaladoiras son piedras oraculares danzantes (cfr. el topónimo próximo A Bailadora), utilizadas en primitivos rituales de impetración. "Cando a abaladoira sona, ou chove ou trona" (refrán de Laxe).

La piedra de Chamorro fue considerada una manifestación de la divinidad, y lo sigue siendo, aunque transmutado su carácter pagano en cristiano: se dice que en su superficie la Virgen dejó impresas o en relieve las huellas de casi todas las partes de su cuerpo, sus ojos, su barbilla, sus rodillas, un hombro..., y sobre ella se han grabado varias cruces. En esta piedra que finge ser piedra se esconde la imagen de la primitiva deidad del santuario.
  
Los ojos de la diosa pagana son esas dos manchas más oscuras que se perciben en la zona inferior de la piedra.

Sobre los antiquísimos rituales que tenían lugar junto a esta tipología de piedras móviles, Fernando Alonso Romero es del parecer de que "no es difícil ver en estos testimonios [del folklore] la posibilidad de que en el Promontorio Sagrado los navegantes propiciaran a los espíritus que se albergaban en las piedras de ese lugar para que se manifestaran de forma positiva y los elementos atmosféricos les fueran favorables" (Cultos y creencias en torno a los megalitos del área atlántica europea, pg. 217). De acuerdo con lo expuesto por el profesor, recordemos que la Patrona de la ermita de Chamorro es Nuestra Señora del Nordés de los Navegantes, la Madre del Viento. Favorable al viento náutico propicio para el retorno de las rutas celtoatlánticas.

En este sentido, dice Paul Sébillot en su impagable Le folklore de France (Le ciel et la terre, 1904, pg. 407), que "golpeando una de las siete cazoletas o coviñas grabadas en el dolmen de Roch enn-Aud (Quiberon) se puede obtener un viento favorable para el regreso al país natal de un marino embarcado en un navío".

sábado, 9 de noviembre de 2013

Rochel, Rochela, Arrochela

Rochel es el nombre de una calle de Ferrol que en la actualidad está completamente urbanizada. Hasta hace unos 20 años todavía se conservaba una antigua huerta, aunque creo que ya había desaparecido el lavadero que menciona este documento rescatado por Montero Aróstegui: "el propio año [de 1736 se construyó] otro lavadero á las inmediaciones de la Puerta Nueva y contiguo á la muralla de la huerta que llaman de Rochel". Este lavadero todavía estaba en uso hace 40 años, aunque, que yo recuerde, solo era utilizado por una señora muy mayor que se llamaba Juanita, que todavía prefería hacer la colada al modo antiguo, poniendo la ropa enjabonada a clarear al sol unas horas, antes de enjuagarla con agua.

La etimología del topónimo, así como la de la mayoría de Rochelas y Arrochelas esparcidas por la geografía gallega, me parece relacionada con el latín ruptella > rochela, en consonancia con la condición de ser terrenos dedicados al cultivo, tierras ruptas. En otros ámbitos del romance peninsular este étimo latino origina toponimia como Rodilla o Rodiella, y en el nuestro, siguiendo su evolución natural, Arrotea / Rotea.

"usque in aqua que discurrit per caput de ruptelas Argirizi" (año 906: Coimbra. Fuente: CODOLGA).

En el caso de los Arrochela galaico-portugueses, habrá que partir de arruptella, cuyo prefijo sentido como artículo femenino a, con frecuencia es segmentado en A Rochela (cfr. el famoso Agrela --> A Grela). Aunque no habría que descartar la propuesta del Elucidário del Padre Santa Rosa de Viterbo, donde se menciona un arcaico abrutella que nos lleva hacia el opuesto abruptella, "abrupta", que viene bien para el carácter de fortalezas inexpugnables de algunos lugares nombrados con este topónimo, como el de La Rochelle (Francia) y A Rocha Forte o A Ruchela (Santiago de Compostela), para los que habría que suponer una "[turrem / rupem / petram / arcem] abruptam" > arrocha, y luego A Rocha o La Rochelle por fenómenos de etimología popular o fonética sintáctica.

En el Du Cange, rocha = castro,castillo, fortaleza.

Respecto a la etimología de rocha a partir del latín abrupta, además de la adecuación fonética y semántica tenemos algún indicio en la continuidad entre el topónimo italiano Villa Rocca y su forma medieval "Curtis Rupte". La evolución del grupo latino -pt- hacia la africada palatal sorda "ch", impropia del gallego-portugués, puede orientar el origen de nuestro rocha como préstamo de una lengua vecina.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

A peeira dos lobos: la leyenda detrás del cuento de Caperucita Roja

Para mis sobrinos, Sabela y Jorge

Dicen que Caperucita podría ser de Lobeira, una aldea de Guimarães, en Portugal.

Esta es la leyenda que se contaba en Lobeira sobre una niña que fue capitana de lobos. Una historia como esta le sirvió a Perrault y a los hermanos Grimm para escribir Caperucita Roja, aunque ellos se inventaron algunas cosas, y otras las pusieron al revés.


En Lobeira vivía hace mucho tiempo la familia Mendes-Macedo, que tenía 7 hijas. Cuando sucedía que un matrimonio tenía 7 niñas, la más pequeña quedaba fadada, destinada a ser peeira dos lobos. Tendría que caminar junto a los lobos, vivir con ellos en su cubil, comer carne cruda, hablar con ellos en su lengua lobuna, y ser la jefa de la manada, durante 7 años.

La menor de los Mendes-Macedo no podría evitar ser capitana de lobos a no ser que su hermana mayor la amadrinase, pero su hermana no pudo, o no quiso. La leyenda no aclara este aspecto.

Cierto día, una desconocida que la niña se encontró en el camino le puso una cesta en el brazo. Pero no era una cestita como la del cuento de Perrault y los Grimm, no tenía requesón, ni pastel, ni una jarrita de miel para su abuelita enferma. En la leyenda de Lobeira no aparece ninguna abuelita.

La cesta que le entregó la desconocida era una cesta mágica. Justo en el preciso momento en que se desprendió de la cesta y se la colocó en el brazo a la niña, la misteriosa señora dejó de ser peeira y le tocó el turno a la pequeña Mendes-Macedo, que se dirigió al bosque con la cestita a encontrarse con los lobos.

En el monte cerrado de árboles la niña compartió su vida con los lobos y los gobernó. Allí fue bastante feliz. Se llevaba especialmente bien con uno de los lobos, que era su favorito y se llamaba Simón. De él se contaron muchas historias en el valle: en una de ellas la pequeña Mendes-Macedo le ordena a Simón que guíe y proteja a un viajero perdido en la sierra, y Simón cumple con su encargo, acompañando al hombre hasta un lugar conocido donde pudiese proseguir su camino sin volver a perderse. En el cuento de los hermanos Grimm sucede al revés: aparece un leñador que salva a la niña del lobo feroz, en cambio en la leyenda de Lobeira es la niña la que salva a un hombre con la ayuda del lobo, que no es tan feroz. Aquí los Grimm le dieron la vuelta a la verdadera historia.


El lobo Simón. (C) Dolores González de la Peña, 2014.

La moraleja que se puede extraer de la leyenda de Lobeira es que no siempre el bosque y los lobos, lo desconocido, es malo, y a veces lo conocido y lo familiar no es tan bueno como podría parecer. Justo lo contrario de la moraleja del cuento de Caperucita Roja.

A peeira dos lobos: F. Martins Sarmento, Revista de Guimarães, 1898 - versión de Dolores González de la Peña.

domingo, 27 de octubre de 2013

O Rossio, O Rocío, O Resío

O Rossio, antiguamente ressio, el microtopónimo conocido más que nada por dar nombre a la famosa plaza (rossio) lisboeta, es un tema bien estudiado. Existe un artículo disponible en la red en el que su autor, en una misión sobre el terreno encomedanda por el Instituto de Alta Cultura de Lisboa, narra su viaje por la geografía portuguesa a la búsqueda y levantamiento arqueotoponímico de los rossios lusitanos: Robert Ricard, Recherches sur la toponymie urbaine du Portugal et de l'Espagne, Bulletin Hispanique, 1954. La etimología que propone de forma provisional, en ausencia de otra mejor, y siguiendo a Leite de Vasconcelos, es el latín residuum, "(terreno) residuo, sobrante", sin descartar que haya habido una interferencia con roça, "acción de rozar o limpiar de vegetación un terreno". Lo más interesante de este artículo es que en él se establece sin fisuras argumentales la casi total identidad semántica entre rossio y ejido; ambos fueron espacios liminales, situados a las afueras, y comunales. Lo que hoy llamaríamos descampados.

De una búsqueda en la base de datos del CODOLGA extraigo los siguientes ejemplos que parecen apoyar la idea inicial de Leite de Vasconcelos. O Resío, transformado por etimología popular en O Rossio / O Rocío, podría haber sido, por lo que se deduce de los casos siguientes, un terreno residuo de una herencia o reparto de tierras:

  • exitum uel ressitum (870: Santillana del Mar)
  • de illas ambas lareas cum suos ressius (1071: Braga) 
  • libere pascantur in omnibus cautis, & residuis (1125: Tui. Cfr. con el siguiente)
  • peccudes libere pascantur, tam in cunctis cautis quam etiam in ressiis (1142: Tui) 
  • aliam hereditatem de Bouza de forno et totos resios de ipsa uilla, que pertinent ad quinionem predicte Maioris Menendi (1260: San Clodio)
No obstante, no perdamos de vista el hallazgo de Ricard, que emparenta semánticamente, no etimológicamente, a ejido y ressio. Teniendo en cuenta el primer ejemplo mencionado arriba (Santillana del Mar), documentado en coordinación con exitum, podríamos aventurar que sí hubo un vínculo etimológico entre ressio y exitum que pasa por la prefijación re- añadida a exitum. Este mecanismo de la prefijación aparece hasta la saciedad en la documentación medieval para formar el antónimo en este tipo de fórmulas, "accesum, vel reccesum" (816 Lugo), "gressum uel regressum" (871 Liébana), "cum gressibus et regressibus" (1083 Coimbra), y tal vez en el ejemplo de Santillana del Mar se trate del mismo fenómeno, "exitum uel ressitum".

Desde este punto de vista, en el ámbito galaico-portugués eixido y enxido (campo a la salida) tendrían como antónimos por prefijación a los ressio, recío, rossio y rocío (campo a la entrada).

"E os que trouxeren mercadorias [...] as levaram aa praça ou açougue do dito lugar, ou nos resyos e saydas delle" (Foral de Óvoa).

Tampoco es que haya una gran diferencia entre ambos conceptos, por eso una de estas palabras ha ido perdiendo terreno en el país vecino a favor de la otra, sobre todo a medida que se iba imponiendo la urbanización y conversión de los ressios en plazas de uso público.

La evolución desde *rexitum a ressio implica la no palatalización del grupo "xi", así como caída de la -d- intervocálica procedente de -t- latina, igual que se ha producido en el extremeño Lejío. Según Leite de Vasconcelos, también existió la forma rexio (con prepalatal fricativa sorda) en la zona del Miño: "neste rexio que serve de estrumeira", s. XVII.

En Galicia existen por lo menos 4 topónimos O Rocío (en Ames, Santiago, Brión y Tomiño), unos 20 topónimos O Resío, 3 Eixido (Cangas, Vilardevós y Parada de Sil) y unos 70 Enxido, según el incompleto inventario Toponimia de Galicia. 

domingo, 20 de octubre de 2013

"The Thing" de Dombate

Uno de los motivos más extraños de la decoración de los megalitos europeos es "the Thing", la Cosa, el objeto grabado en la cámara del dolmen de Dombate (Cabana de Bergantiños). "The Thing" fue el nombre que le dio Shee, y "the Thing" le quedó, a Cousa. La cosa esa que parece una cafetera italiana flotando en diversas posiciones sobre líneas ondulantes.

"The Thing", tomada de dolmensedemaisfamilia.blogspot.com

Mapa y guía por los ríos y territorios del más allá, pintado en negro y rojo, como las pinturas de Dombate o Antelas, en el interior de un sarcófago egipcio ("El libro de los dos caminos", British Museum). (C) Ángel Facio.

"Ela [a Moura] hache levar por debaixo da terra, onde se apartan dous camiños: segundo collas por un ou por outro así chegas á trabe de ouro ou á de alquitrán" (Risco, "A trabe de ouro e a trabe de alquitrán").

Para este viaje al Alén celtoatlántico no se necesitan alforjas, sino un peine, para ofrecerle a la Moura.

 Pectiniforme sobre ídolo (Anta pintada de Antelas, Portugal). (C) Ángel Facio.

Otra recomendación importante es que no hay que intentar coger la viga de oro, pues al hacerlo se activaría un mecanismo que haría explotar todo.

 Equilibrista pasando sobre la trabe de ouro, o tal vez, sobre la grade de ouro. Anta do Picoto do Vasco (Portugal). (C) Anxo Martínez.

sábado, 19 de octubre de 2013

Los hidrónimos Mendo y Miodelo

A Don Edelmiro Bascuas y al profesor Moralejo (Corgo), dos ilustres expertos en la hidronimia de Galicia

El río Mendo se documenta en el año 964 como Minuete. JJ Moralejo en su artículo Mandeo, Mendo y Miodelo, propuso esta inusual forma como base prelatina (*MINUET, "menor, pequeño") de la cual, mediante sufijación, procedería también Miodelo (*MINUETELLO). De este modo, tendríamos una clásica pareja de hidrónimos vinculados, en la que el afluente o un río próximo de menor categoría aparece en diminutivo (Sar-Sarela).

Los más antiguos testimonios del hidrónimo Miodelo (Bergondo) sugieren, sin embargo, otra procedencia: la forma más arcaica es Meedelo (1268), que enlaza con la evolución mejor documentada de los topónimos portugueses de origen hidronímico Mindelo (Vila do Conde) y Medelo (Braga). Estos están atestiguados como Amenitello, Aminitello, Minitello, Menidello, Amiidelo, Ameendelo, Amiadelo, Meedelo... mostrando sin duda que estamos ante la base *AMENO de Don Edelmiro (punto 148 de su Estudios de hidronimia paleoeuropea gallega). Yo aún diría más, estamos ante una variante de la base AMNE, "río", que aquí recibe una vocal epentética de apoyo y sufijación derivativa, -etum (amenetum), -ellum (amenetellum) y -arium (amenarium), y dibuja un intrincado paisaje fluvial transmutado aparentemente en alisos (amieiros, abeneiros, ameneiros), o en montículos (medas) por fonética sintáctica (cfr. los siguientes ejemplos).

"et pervenit in Galletia riba Ameneda rivulo subtus Monte Cervario" (año 787. Fuente: CODOLGA).
"discurrente ad aquam de Ameneda" (año 1160. Fuente: CODOLGA).

En el caso de Miodelo como Amenetello > Meedelo, y luego, por disimilación vocálica, Miodelo, tendríamos pérdida de la nasal intervocálica. En el caso del próximo Mendo, documentado la mayor parte de las veces como Menede / Menete (en caso genitivo), se ha desplazado la vacilante nasalización desde el estadio *Meẽde a la actual posición implosiva o final de sílaba, como en el portugués Ameendelo.

Como quería el profesor Moralejo, puede que el Miodelo < (A)menetellum y el Mendo, si es que proviene de (A)menetum, sean después de todo una clásica pareja de hidrónimos tipo Sar - Sarela, Miño - Miñotelo, Ave - Avicella (actual Vizela), etc.

Uno puede entretenerse ahora buscando toponimia de la familia de los ríos Mendo y Miodelo. Existe un Miudelo en Cangas, una Fonte dos Mendellos en Bande, una Lagoa de Amendo en Ribeira, pero el que se lleva la palma es O Remendo de Monfero; el re- prefijado (apócope de rei, "río") transforma al hidrónimo en una colcha de patchwork.

Respecto a las formas derivadas con sufijo -arius, y que aún conservan la a- inicial (ameneiro, abeneiro y amieiro), resulta interesante fijarse en la distribución de las mismas, que ya había presentado Bascuas en el apartado que dedica a los nombres del aliso en el noroeste, hecho que está ligado a la conservación / pérdida de la nasal:


 Toponimia AMENEIR* según la base de datos de Toponimia de Galicia.


Toponimia ABENEIR* según la base de datos de Toponimia de Galicia.

Toponimia AMIEIR* según la base de datos de Toponimia de Galicia.

Como decía Don Edelmiro, "la nasal de ameneiro se pierde fonéticamente en amieiro. Esto no es problema; el problema está precisamente en su conservación". Con los mapas a la vista, la conservación / pérdida de la nasal es un fenómeno con distribución complementaria; ocupa zonas netamente diferenciadas que no se solapan. La explicación que se me ocurre para el enigma que plantea el autor parte, como es lógico, de la pérdida de la -n- intervocálica en gallego-portugués, que genera la nasalización de la vocal siguiente (ameẽiro). En las zonas que ocupa la toponimia AMIEIR* la nasalización vocálica acaba por desaparecer sin dejar huella alguna, mientras que en la zona AMENEIR* la intensa nasalización vocálica de ameẽiro genera una nueva consonante nasal (ameneiro). Aunque pueda parecer extraña esta recuperación, sabemos que se trata de una nueva consonante nasal porque el hablante no sabe muy bien donde ubicarla, y a veces la coloca desplazada a la posición implosiva (Ameẽdo > Amenedo / Amendo). Podemos concluir sugiriendo que la provincia de A Coruña fue el último reducto de las vocales nasales del gallego.