jueves, 29 de enero de 2015

Menhires de Boimorto y Melide

Este fin de semana tuve la oportunidad de contemplar un conjunto único en Galicia, tres perfectísimos menhires en Andabao, Boimorto, acompañada de un grupo de amigos y de los arqueólogos Cristina Vázquez y Xurxo Broz, del Museo da Terra de Melide.


Los tres se sitúan formando no se sabe muy bien si una alineación o un posible cromlech integrado por otros hitos, hoy desaparecidos. Porque hay constancia de la existencia de varios más, uno de ellos anotado como "Pena Longa: restos de dolmen colosal" en el mapa prehistórico de Melide, de Eduardo Álvarez Carballido ("Descripción y mapa prehistórico de la Villa de Mellid y sus alrededores", BRAG, 1907, nº 12).


En el mapa de Carballido se señalan rodeados por un círculo los castros de esta comarca, y salpicados entre ellos varios restos arqueológicos: túmulos o mámoas, monumentos megalíticos, altares naturales y druídicos, peñascos con excavaciones en su parte superior (Pena da Moura de A Muruxosa), piedras abaladoiras, menhires ("Marco do Hospital: menhir en una mámoa"), restos pelásgicos [=ciclópeos]... El mapa se acompaña de una lista en la que se identifican los lugares. El tremendo despliegue de restos que identificó Carballido en su mapa motivó que Bouza-Brey se pronunciase con mucha precaución sobre ellos: "desbotando a priori aqueles, aos que, sinalados n'el cos nomes de cromlechs, menhires, altares e restos pelásgicos, temos que ollar con moita prevenzón" ("Depósito inédito dos primeiros tempos do bronce", BRAG, Nº 187). Tras la visita, la prevención desaparece; Carballido no exageraba, y hasta es posible que se quedara corto en su investigación, teniendo en cuenta que todavía están apareciendo más, como el colosal menhir de Melide, descubierto hace poco enterrado en un finca. Se encuentra en el lugar de O Casal - Campos, cerca del Castro de Santa María de Campos (Abeancos). Sus casi cinco metros de longitud, con metro y medio bajo tierra, lo convierten en el menhir gallego más alto hasta la fecha.

Menhir de O Casal, Abeancos.

Una aproximación a la toponimia de la comarca pone de relieve que se trataba de un importantísimo núcleo del megalitismo: Parafita (Melide), Mercurín y Monte das Medorras (Boimorto), Marmoiral (Dormeá). Asimismo, en Campo da Lanza (Os Ánxeles), encontramos otro topónimo motivado tal vez por la existencia de un menhir o chanto hincado, como una lanza en la tierra.

El segundo menhir descubierto en la Terra de Melide, aunque también podría tratarse del soporte de un megalito hoy desaparecido. Se localiza en A Ponte Nova, San Xoán de Arcediago (Santiso).

Bibliografía: "¿Novos chantos megalíticos na terra de Melide? Aproximación o seu estudo e difusión", Vázquez Neira e Broz Rodríguez, Boletín do Centro de Estudios Melidenses Museo da Terra de Melide, nº 25, 2012, pg 7-24.

sábado, 24 de enero de 2015

Cerponzóns, Anllóns: hidrónimos y serpientes

En los libros de los augures romanos se conservaban en secreto los verdaderos nombres del río Tíber; uno de ellos, coluber (culebra), se debía evidentemente a su curso sinuoso, como el del cuerpo de una serpiente (Santiago Montero Herrero, El emperador y los ríos).

La ofiolatría fue muy probablemente un culto hídrico al río bajo su forma serpentiforme. En Galicia el topónimo Cerponzóns (Pontevedra) remite a la forma "Serpentiones", documentada en 1019. Asimismo en el Tumbo de Samos aparece un "rivulum Serpentina" documentado en 1074. En la base de datos de Toponimia de Galicia se recogen como hidrónimos derivados de la base *SERP-, "culebra, río sinuoso": Rego das Serpes (Barreiros, Lugo), Río da Xerpe (Betanzos, Coruña), Fonte da Xerpe (Cambre, Coruña) y Val da Serpe (Manzaneda, Ourense).

Pedrafita do Monte Curuto. (C) O Embigo do Becho: Espectacular achado en Cerponzóns.

En mi opinión el serpentiforme grabado en el milenario menhir de Cerponzóns sería un emblema heráldico del nombre del río-serpiente del lugar, Serpentione, actual río Rons. Para ello sería necesario presumir, dada la antigüedad del grabado, anterior a la romanización de la Península, que la base hidronímica *SERP-, "culebra, río sinuoso", era paleoeuropea, no exclusivamente latina.

Moralejo Laso había considerado que el nombre del río Anllóns (Bergantiños, Coruña) podía provenir de *angulones, aumentativo del latín angulum, "ángulo", en referencia a los meandros del río: "de *ang(u)lones "rincones, meandros", por alusión a los que forma en su curso bajo y desembocadura". Perfilando algo más su idea diremos que su *angulones podría ser en realidad un derivado de anguis, "serpiente, culebra, río sinuoso". Asimismo, Angrois (Santiago de Compostela, Coruña) podría compartir la misma etimología *angulones pero con otra solución que comprende g´l > gr, como en regula > regra, y caída de la nasal intervocálica (Angrões, 1396 - Corpus Xelmírez).

lunes, 5 de enero de 2015

Dos soportes, no in situ, del dolmen de Pena da Aguia

Desde que Don Federico Maciñeira fotografió el dolmen de Pena da Aguia en Cedeira a principios del siglo XX ("Túmulos prehistóricos. Inventario descriptivo de los doscientos ochenta y seis túmulos [...] del Cabo Ortegal", BRAG, XXIII, 1942) algunos hemos intentado infructuosamente localizar sus restos a pesar de que en la bibliografía en general (Villoch, Ramil y López Loureiro) se clasifique entre los megalitos desaparecidos.

Don Federico explicaba que "fué destruido a fines del siglo XIX por los campesinos, en el consabido afán de extraerle los supuestos tesoros encantados que según la tradición contenía, y más tarde llevaron de allí hasta los grandes lajones que lo cubrían, a fin de utilizarlos, así como algunos de los soportes". Lo cierto es que el dolmen fue destruido, pero no totalmente, y la prueba es que Maciñeira lo fotografía en un estado bastante aceptable tras su parcial desmantelamiento.


A partir del texto de Maciñeira sabemos que algunos de los soportes fueron reutilizados por los paisanos, presumiblemente como cierres de sus fincas; siendo esta una de las aplicaciones más frecuentes. Hoy hemos dado otra vuelta por Pena da Aguia y, ante la imposibilidad de penetrar el espeso arbolado de la cima, cogimos por el tramo del camino de San Andrés que desemboca en la carretera que lleva a Candales. Allí localizamos dos de los soportes del megalito en medio de un muro de piedras menudas que forma un cierre. Cabe destacar, también, la reutilización de uno de los soportes como panel viario que acoge la flecha roja indicadora del camino.


Suponemos que los restos de la cámara o del túmulo no han de estar muy lejos ya que la cima de Pena da Aguia con su necrópolis está prácticamente junto a este camino, y además el peso de los soportes no permitiría trasladarlos a mucha distancia.

Ubicación: por la carretera que pasa por Candales en dirección a San Roque de Reboredo, y como a unos 400 metros antes del llegar al pueblo de Candales, se coge a la derecha un camino de tierra que sale del punto 43°39'50.8"N 8°00'29.4"W, siguiendo por ese camino unos 50 metros se encuentran los dos soportes encastrados en un muro a la derecha.



El dolmen de Pena da Aguia no es el que se conoce como mámoa de Candales, que está cerca. En naranja, el camino a San Andrés (según el Wikiloc) en el punto en que se une a la carretera a Candales. Ahí se sitúa la altura de Pena da Aguia, de donde se bajaron los soportes al camino para delimitar una finca. La ubicación aproximada de los mismos la marco con la flecha amarilla. Toponimia inmediata a la zona: Os Corgos, Cruz de Malde, A Vella do Vintueiro.

domingo, 28 de diciembre de 2014

Gatelo, el Breogán godo

Fernando Pereira, en O príncipe Gatelo, fundador de Brigancia: un "precursor" de Breogán, rastrea los orígenes de la leyenda de Gatelo en la historiografía escocesa y trata ampliamente de su influencia en la temprana historiografía gallega. Asimismo, establece evidentes paralelismos entre las figuras del Gatelo escocés y el Breogán irlandés. A él remito a los lectores para los pormenores y detalles de las dos historias fundacionales de Escocia e Irlanda.

El autor se plantea, e intenta responder, una pregunta muy interesante: ¿por qué los celtistas decimonónicos gallegos no utilizan a Gatelo y sí a Breogán en sus argumentaciones acerca del poblamiento de Irlanda por gentes celtas procedentes de Galicia?, ¿qué sucedió con Gatelo, que siendo bien conocido por los historiadores gallegos anteriores al s. XIX, incluso mucho antes que Breogán, cayó en el olvido?

En mi opinión, este desprecio, que no olvido, de la figura de Gatelo, el que fue héroe epónimo de los goidelos escoceses, se debe a dos motivos:
  1. el primero, que se les atribuía una filiación étnica gótica a los goidelos ("¿de dónde provienen los nombres escotos 'Gaiothel' y 'Gaiothealg', si no de los gallegos de España, si no de los godos?", Camdem, Britannia, 1590).
  2. el segundo y más importante es la aplicación política de esta evidencia: la utilidad que se le vio al goticismo escocés o teutonismo racial fue conseguir la firma del Act of Union entre Escocia e Inglaterra, ya que las dos supuestamente eran naciones góticas de origen escítico, un mismo pueblo.
Hasta da pereza formularlo, pero el ilustre ancestro godo tan de moda en el pasado estaba ya acaparado por las monarquías de las grandes naciones-estado, no nos servía como seña identitaria, ni nos servía el modelo gótico escocés, que unía más que separaba. Inutilizados los gotizantes Gatelo y Brigo, quedaba Breogán, la versión irlandesa de Brigo, todavía aparentemente libre de goticismo.

-"De Scandzae insulae gremio Gothos dixisse egressos cum Berich suo rege, tribus tantis navibus vectos ad citerioris Oceani ripam" (Jordanes, De Getarum sive Gothorum origine, s. VI) = los godos salieron de la isla de Scandza con su rey Berich, en tres naves, dirigiéndose hacia la costa del océano.
-"Id est Scythicum, per omnem Maeotidis ambitum" (Jordanes, De getarum sive Gothorum origine) = Escítico, es decir, todo el ámbito de la laguna Meótida.

Resultan interesantes las coincidencias con el Lebor gabála Érenn, en el que Bregoin llega a España también procedente de "Scithia" en la "Gaethlaigib Meotecda" (laguna Meótida), y, según las versiones, a bordo de tres o cuatro barcos. La filiación gótica de los goidelos también se pone de manifiesto en el Lebor gabála Érenn: "Magóg, is uada ataid fir na Sceithia - na Gaith, .i. Gaidil" = Magog, de él proceden los hombres de Escitia y los godos, esto es, los Gaedil.

viernes, 26 de diciembre de 2014

La divinidad montaña

Casaubon y Escalígero ya notaron que el nombre del dios romano Heliogabalo era una interpretatio grecolatina de Alahgabal, "deum montis", pues en lengua árabe o siria alah / elah = divinidad + gabal / gebal / jebel = montaña. Autores recientes coinciden con esta idea al expresar que en el nombre original del dios no había ninguna referencia al sol, sino que se produjo un deslizamiento del arameico 'LH', "dios", al griego HELIOS" (Millar, apud Simon Swain, en Apologetics in the Roman Empire).

Su carácter ctónico, y no celeste, se pone de manifiesto en el sobrenombre de la divinidad, Ammudates, ammûd = "pilar, columna", en lengua hebrea. Alagabalo Ammudati es la divinidad montaña, el pilar o soporte cósmico, el Atlas del mito griego que sostiene las columnas que separan el cielo de la tierra, las patas de Jo-mo-glan-ma (> Chomolangma, nombre nativo del Everest = Vaca Divina) que sostienen la bóveda celeste (Kempson, en Everest: The Unfinished Adventure, 1937, pg. 285), el dios bíblico que habita en la montaña y que fue probablemente la misma montaña.

Conocemos la representación de la divinidad montaña Elah Gabal como betilo cónico, a la cual se le rendía culto en el templo de Emesa, gracias a las emisiones de algunas monedas con su efigie. Su figura recuerda a la de los kudurru mesopotámicos que, a pesar de ser considerados simples marcos o piedras de término, son representaciones de la montaña cósmica, pues siempre aparecen rodeados de su inseparable serpiente.

(C) British Museum. La serpiente rodea el betilo, todo él es la montaña cósmica o divina que contine el universo estratificado: arriba, el sol, la luna y las estrellas. Es muy improbable que los kudurru hayan sido piedras de término, ya que únicamente se han encontrado en el interior de templos. El hecho de que el texto cuneiforme llegue hasta su base también impide imaginarlos hincados en el suelo.

En muchas concepciones cosmogónicas aparece la montaña rodeada de la serpiente cósmica, probablemente un emblema del río o del océano celeste: así en la concepción árabe la Montaña de Qâf fue rodeada por Alá con una serpiente, en la mitología nórdica Jormundgander es una serpiente que rodea toda la tierra, y según el folklore gallego en el Pico Sacro habitaba el dragón o serpiente llamado Ilicino. No vamos a olvidarnos de la famosa representación plasmada en A Pedra da Serpe, que no es otra cosa que la divinidad montaña con su serpiente cósmica, hoy cristianizadas con un cruceiro que representa el triunfo de un dios celeste sobre las antiguas divinidades ctónicas ligadas a la tierra.

Pedra da Serpe de Gondomil. (C) Alfredo Erías.

No ha desaparecido el culto a Nuestra Señora de la Montaña, transformada ahora en advocación mariana. También sobrevive su vieja representación oculta bajo el manto estrellado de la Virgen: a sus pies, y a modo de humilde pedestal, siempre aparecen la montaña cósmica como orbe, y la serpiente, las viejas deidades ctónicas aniquiladas por los nuevos dioses celestes.

Pedestal de la Virgen en San Nicolás de Cis, Oza dos Ríos.

domingo, 14 de diciembre de 2014

La gallina de los pitos de oro - las Pléyades

Según Risco, aunque no era corriente, el cúmulo de estrellas de las Pléyades recibió en Galicia el nombre de A Pita cos Pitos, como en gran parte de Europa (p. ej. en Francia, Poussinière).

Varios autores, entre ellos Cuevillas y Alonso Romero, han intentado establecer una relación entre este nombre popular de las Pléyades y el abundante folklore sobre la aparición, en la mañana de San Juan, de una gallina con siete pollitos, a veces calificados como "de oro", cuya presencia es siempre indicativa de la existencia de un tesoro, de riqueza.

El número de pollitos que conforman la nidada de la gallina del folklore galaico-astur, aunque variable, generalmente coincide con el número de estrellas visibles a simple vista en el cúmulo de las Pléyades; aunque ahora se vean seis, en la antigüedad se veían siete, y el hecho de que una haya cambiado de magnitud haciéndose invisible al ojo humano ha quedado reflejado en varias leyendas de carácter cósmico: 

1. Eratóstenes de Cirene lo explicaba diciendo que de las siete hijas de Atlante, seis se habían unido a dioses, y una a un mortal, por lo que era invisible.

2. La cosmogonía finlandesa transmitida en el Kalevala comienza con la puesta de seis huevos de oro y uno de hierro en un nido apoyado en la rodilla de Luonnotar, la única parte del cuerpo de la diosa que emerge del océano celeste. En otro mito europeo las siete Pléyades se sitúan también en la rodilla de un dios: ante genua Tauri, ante la rodilla de la constelación de Tauro, que, recordémoslo, es el dios griego Zeus transformado en un toro que nada en el océano celeste, por lo que solo emergen de él ciertas partes de su cuerpo mientras que otras permanecen sumergidas y ocultas.

El testimonio de Risco, que recoge el nombre A Pita cos Pitos para las Pléyades, parece insuficiente para demostrar que la gallina con los siete pollitos del folklore galaico-astur sea un trasunto del cúmulo de estrellas. Asimismo, tampoco parece suficiente para establecer la identidad entre ambas pitas la coincidencia numérica entre las estrellas visibles y los pollitos de la nidada, ya que estos en las variantes de la leyenda a veces son doce, o incluso cien.

Vamos aproximándonos algo más gracias a la comparación con el mito recogido en el Kalevala, donde se pone de manifiesto que los siete huevos, seis de oro y uno de hierro, son una referencia incuestionable a las Pléyades. El mitologema comparado nos sirve para establecer la cualidad estelar del huevo de oro, y a partir de ello abrir la posibilidad de que nuestros pollitos de oro también sean estrellas que integran el mismo mito cosmogónico.

Todo lo cual seguiría siendo insuficiente si no fuese porque en Les évangiles des quenouilles (Evangelios del filandón, s. XV) se explica como una bendición astral, como un regalo de los dioses celestes, el aumento de la riqueza. Los tesoros, que en nuestros relatos vienen anunciados por la aparición de la gallina y su nidada, aquí se doblan por la bendición de la estrella Poussinière, esto es, la gallina clueca con sus pollitos, nombre que reciben las Pléyades en Francia:

"Cellui qui souvent benist le soleil, la lune et les etoiles, ses biens lui multiplieron au double.
Glose. Jossine Tost-Preste dist que qui à son couchier salueroit l'estoile pouchinière, il ne seroit possible se perdre aucun de ses pouchins et se multiplieroient doublement"

Destaca Alonso Romero que la gallina y sus polluelos aparecen con frecuencia en fuentes, arroyos y manantiales, "lo que nos obliga a interesarnos por las razones de este vínculo hídrico que, sin duda, no es fruto de la casualidad [...] En el castro de La Atalaya, en Goyán (Pontevedra) se dice que hay un tesoro y una gallina con polluelos de oro que cruzan un río por un túnel que llega hasta Portugal" (La gallina y los polluelos de oro, Anuario Brigantino, 2002). En mi opinión, el vínculo hídrico viene dado por la antigua concepción europea del cosmos como inmenso océano o río (Erídano) del que emergen los dioses (Tauro, Luonnotar), por lo que en el folklore o proyección terrestre del cúmulo de estrellas conocido como A Pita cos Pitos, se tenderá a situar a sus protagonistas en un hábitat acuático idéntico al que ocupan en el cielo.

No se pueden revelar del todo los grandes misterios, así que seguiremos preguntándonos otras cosas, como quién es la Moura que peina sus rubios cabellos y se muestra con frecuencia junto a A Pita cos Pitos.

Emisión filatélica finlandesa del Kalevala representando a Luonnatar flotando en el océano.

NOTA 28/11/21: "As galiñas de auga aniñan nas zuchadas ou cachopeiras dos amieiros dos ríos. Estas son as galiñas que chaman dos encantos, porque rodeadas de pitos se ven salir ás veces das pías das fontes nas veiras dos prados" Francisco María de la Iglesia, Costumbres, manuscrito dixitalizado dispoñible na Biblioteca Galiciana.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Las travesuras de Periquillo: la calavera de calabaza


En La familia cristiana: biblioteca de novelas morales dedicada a la juventud, 1871, encontramos la descripción de una calavera de calabaza que el travieso Periquillo colocaba en la encrucijada donde se detenía la comitiva fúnebre para rezar el responso al difunto.



Esta costumbre también se recoge en la selección de Contos galegos de tradición oral, de Camiño Noia Campos, con el título "A alma do defunto". La informante narra la historia en 1999, remontándola a "nos tempos de antes, xa hai tempo": "[...] cando iban no camiño viron unha calavera, así alí nun sitio dunha revolta [...] a xente de alí xa sabía que eso fora posto pra un mozo que tiña medo e que era un cabazo cunha vela. Pero o cura non sabía nada [...] e cheghou alí ó sitio donde a viu e mandou parar co cadávere e dixo: "Aquí vou rezar un padrenuestro, que aquí vimos onte unha calavera que debía querer algho".

En la Calabria Extremeña (Badajoz) las calabazas de peregrino "eran las que usaban los "pantasmas" (fantasmas) para ponerse en la cabeza y asustar a la gente. Los "pantasmas" eran personas que tapadas y disfrazadas de blanco, salían de noche a deshora, para asustar a la gente, normalmente llevaban una calabaza agujereada en la cabeza y con una vela. Esto, que atemorizaba bastante a la gente, duró hasta la guerra civil" (MA Álvaro Sevilla, "El uso de la calabaza del peregrino (lacenaria siceraria) en España", Revista de Folklore, 1999).

Esta misma tradición la he oído en el pueblo extremeño de Casas de Millán referida a tiempos anteriores a la guerra: la Marimanta, vestida con una sábana blanca y llevando sobre la cabeza una calabaza con una vela en su interior, salía de noche con intenciones turbias, se decía que a robar; también he recogido la opinión de que podía ser gente que se disfrazaba para acudir secretamente al encuentro nocturno e ilícito con su amante (véase la coincidencia con el caso andaluz en "Historia, folklore y literatura en El diablo está en Cantillana, de Luis Vélez de Guevara", de EJ Rodríguez Baltanás: con la falsa amenaza del fantasma, al disuadir a la gente de transitar tal o cual calle, se pretendería ocultar, según la creencia popular, una relación ilícita que tendría lugar en ese barrio).

El disfraz de fantasma que se describe en 1858 en la novela histórica El Condestable de Castilla, de Torrijos, constaba de, además de la sábana, "una especie de calavera con dos agujeros redondos por ojos, otro triangular por nariz y por boca una abertura desmesuradamente larga", tras la cual ardía una tétrica luz.

Contraportada del Calabazas y cabezas, de Joaquín Asensio de Alcántara y Teodoro de Mena, Barcelona, 1865. (C) Biblioteca Nacional de España. En el centro y abajo, una calabaza del tipo lacenaria siceraria está tallada en forma de rostro, la parte más estrecha sirviendo de cuerpo. Sobre ella se sitúan otras tres calabazas trabajadas en forma de busto humano, tan perfectas que casi pasan desapercibidas insertadas en el cuello de las ropas que visten los maniquíes.

En Palacios de Sil "por Tolos Santos, cuando las castañas, había una costume que yera vaciar las calabazas ya poner nel.las furacos como pa los güechos ya pa la boca. En vaciando la calabaza asina, poníase una vela dientro ya con eso que paecía una calavera con l.luz... peru güei esti vezu perdíuse yá dafeitu" (González-Quevedo, La fiesta en Palacios de Sil).

En Navia (Asturias) la calaviera era una "calabaza vaciada y perforada con las formas de ojos, nariz y boca, en cuyo interior se coloca una vela con la intención de asustar a los niños. Esta tradición era típica del inicio del otoño" (Vocabulariu de Santa Marina y Vigu - Navia, Trinidad Larré Méndez del Río).

El método de construir una linterna de calabaza iluminada con una vela, para cazar zorzales de noche, se describe por primera vez en 1869 en la revista El Museo Universal, Madrid, nº 2, pg. 15, en la historia titulada "La cerca del diablo y el pozo del condenado", de José M. Gutiérrez de Alba.

Pero si por ahora no resulta posible retrotraer con seguridad la costumbre de la talla calabazas a un época remota, por falta de testimonios, y no por falta de calabazas, sí resulta posible establecer un remoto origen, cuando menos geograficamente centrado en Hispania y Galia, para el Halloween y su procesión de difuntos.

El nombre que lleva la calabaza tallada en forma de calavera en USA, jack-o-lantern, fue, antes que nombre propio de la cucurbitácea, el nombre que recibían los fuegos fatuos o exhalaciones fosforescentes, también conocidos como feu follet, friars lantern, etc. (Halloween Nation, Lesley Pratt Bannatyne). Los fuegos fatuos fueron considerados como procesiones de difuntos, lo que nos lleva directamente al antiquísimo tema peninsular de la Compaña, Hueste Antigua o Estantigua.

Según testimonio de Guillermo de Auvernia en el siglo XIII la procesión de difuntos se denominaba "vulgari gallicano Hellequin [ > Halloween] et vulgari hispanico exercitus antiquus" = en galicano Hellequini y en hispánico ejército antiguo o hueste antigua. Para ver con algo más de detalle la relación entre la Compaña y el Halloween / Halewijn / Hellequin / Herlechini / Arlequín... véase mi trabajo El traje de Arlequín). La etimología Hallows' Eve para Halloween ha de ser una interpretación erudita; en mi opinión está muy claro que nombre y contenido enlazan con el folklore de la cacería salvaje, la Compaña, la Estántiga.

El gigante con la maza que encabeza la procesión de difuntos que conocemos por Guillermo de Auvernia avisa al monje de que se detenga, que no avance ("stat, nec progredioris ultra"), es la misma advertencia que el barquero Caronte dirige a Eneas cuando se asoma a la Estigia en su descenso al infierno: "comprime gressum, umbrarum locus est = detén tu marcha, este es el reino de las sombras (Eneida, VI, 389-390).

En la obra de Rafael López Loureiro (p. ej. As caveiras de colondros e o tempo de Samaín) se recogen variadas muestras de la costumbre de la talla de calaveras de calabaza, y también nota que "o culto ás ánimas, cecáis o máis importante dos galegos en opinión do mestre Vicente Risco, ofrece un corpus folclórico similar na área das caveiras talladas e iluminadas. Mesmamente a Santa Compaña está presente no Somontano co nome de As Lumbretas". Loureiro parece tratarlos como corpus independientes que coinciden por azar o superposición, pero acabamos de ver que la procesión de ánimas, la Santa Compaña, es lo mismo que Halloween, como Todos los Santos es Samhain.

La posible conexión con las Feralia romanas, que me ha sugerido Giorgio Di Francesco, se muestra más que probable con los versos de Ovidio en los Fastos: su identificación entre Luciferi y el nombre del festival dedicado a los difuntos, feralia lucem, junto con el nombre que todavía reciben las linternas en Italia (ferale), se explica por el hecho de que en estas fechas se ofrecían (fero) luces como ofrenda a las ánimas vagantes de los difuntos. Las lucernas sepulcrales.

Lucerna en forma de cabeza de Sileno. "Por su aspecto formidable cualquiera creería que era una de las larvas o lemures que según se creía erraban alrededor de los sepulcros" (Observationes ad Vetervm Lvcernae sepvlcrales, Bartolio, 1702).


 Lucerna en forma de larva (Observationes ad Vetervm Lvcernae sepvlcrales, Bartolio, 1702).