domingo, 24 de marzo de 2013

La Moura galaica y la Mairi vasca

Otra de las denominaciones de los cromlechs en el País Vasco es mairubaratzak, compuesto en donde el segundo elemento designa la huerta (eira), el jardín, pero también el cementerio. Del primer elemento nos ocuparemos a continuación.

Fernando Alonso Romero recoge en Las mouras constructoras de megalitos la idea del Conde de Quirós de relacionar la etimología de nuestros mouros con una supuesta base céltica *mrvos, "muerto":

"En Galicia a esas mouras y mouros se les considera tradicionalmente anteriores a los romanos (Risco, V. 1927, 8). Este término se utiliza con el mismo sentido que la palabra muerto, es decir, un ser que ya no pertenece a la comunidad de los cristianos vivos. Etimológicamente, según Millán González Pardo, tiene un origen muy significativo pues es una palabra relacionada con el céltico *mrvos, afín, aunque diferente en la forma, con el término indoeuropeo que produjo el latín mortuus (*mr-tuos) o el indio antiguo mrtáh o el griego brotós (*mr-tós). De dicha base céltica, al igual que del mismo origen, deriva la palabra irlandesa marb, la britónica marw, y la restituida del galo *marvos. De ella procede también directamente la voz que utilizaron los celtas luso-gallegos: maruos = muerto (Millán González-Pardo, 1990, 550)".

En el folklore los mouros y los mairuak o mairiak vascos aparecen a menudo como seres ancestrales, muertos que habitan los megalitos de un paisaje no muy diferente del que recreó Tolkien en sus Quebradas de los Túmulos. No digo nada nuevo, y hay suficientes pruebas en este sentido: empezando por la vieja historia de Orcabella que puede leerse en el trabajo de Alonso Romero, y terminando por el mairubaratzak vasco, que los relaciona con sepulturas.

No comparto la propuesta etimológica de Isidoro Millán, pero sí voy a ensayar, como él, una etimología que intente esclarecer la relación de estos míticos seres con los muertos.

Podemos partir del galés maur, "grande": las variantes por las que se conoce la montaña de Penman Maur / Mor / More... se consideran "distorted dialects of the word major" (English Etymology, de G.W. Lemon). También podemos acudir al inglés more, al francés maire, al provenzal mairo (Simonet: Glosario), al mozárabe máir (Simonet: Glosario); todas estas formas provienen del latín maior(em), aunque es posible también que fuesen todas ellas, incluida la latina, formas hermanas descendientes de una anterior.

En latín el término en plural maiores se empleaba para designar a los antepasados, a los ancestros, en definitiva, a los muertos. El vasco mairu, que en este contexto podríamos traducir como "ancestros", puede ser un préstamo del latín, tal vez a través del gascón mairo. Los megalitos vascos llamados mairubaratzak serían, entonces, los cementerios de los antepasados, o lo que aquí designamos como Eira dos Mouros.

Nuestros mouros, además de aparecer en el folklore como muertos, muy a menudo se muestran como gigantes de enorme fuerza, y es que maiorem en latín tiene la acepción de grande en tamaño, poderoso. El carácter dual de los mouros, que son gigantes y antepasados, refuerza la propuesta que los relaciona etimológicamente con el latín maiorem, que tenía ambas acepciones. Cuando menos podría sugerirse un término paleoeuropeo *MAWR, "grande", del cual surgirían todas estas formas, la latina, la céltica, etc., y bajo la que también se encuadraría la antroponimia en -mor / -marus / -maros.

La evolución desde el latín maior(em) hasta el gallego mouro / moura, "antepasado, poderoso", pasa por la consabida pérdida de esa i epentética. Del estadio atestigüado, no supuesto, maor se obtiene por cierre de la segunda vocal la variante maur, o bien moor, con asimilación vocálica. Sobre estas bases maur y moor operó, en todo el ámbito celtoatlántico, la confusión con los resultados homónimos o muy similares provenientes del latín maurum, "moro, oscuro".

Ya Leandro Carré Alvarellos (Las leyendas tradicionales gallegas, 1977) apuntaba a este respecto: "Bien sabido es que por una corrupción o mezcla debida al parecido de los môres (gigantes) y moros o mouros, y siendo estos más conocidos por las duras y encarnizadas luchas sostenidas contra los últimos en nuestra tierra, suele darse el nombre de mouros a los antiguos y mitológicos gigantes, que, según creencia popular habitaban en el interior de los montes". Estando implícita en su afirmación la etimología a partir del latín maiorem, "grande, gigante".

Cuestiones probatorias aparte, como la del crecepelo denominado indistintamente en la Edad Media "cabello mauro" y "pilo maore" (Asín Palacios), encontramos otros antepasados míticos gigantescos en el folklore irlandés, los Fomorios o Fomoraigh, que etimológicamente también podrían relacionarse con nuestros mouros, pues moraigh en gaélico es un derivado de mór, "magnífico, grande, noble". El sentido de noble, aristócrata o jefe se conserva atenuado en muchos derivados de maiorem: en el francés maire, "alcalde", en el galaico-portugés meirinho (maiorinus), en el inglés major, etc.

Del carácter aristocrático de estos seres tal vez no tan mitológicos proviene la idea de que esta casta, que el imaginario popular suponía enterrada en los dólmenes o habitando castros y fortalezas, poseía grandes tesoros y riquezas. En el folklore peninsular y en el de la Basse Navarre "les Mairiak sont des hommes durs et avaricieux. Ces deux derniers adjectifs reviennent fréquemment dans les réponses. Partout les Mairiak, répétons-le, sont tenus pour riches, avares et égoïstes" (Reicher y Lafon, "Des personnages mal connus du folklore basque: les Mairiak", Revue de l'histoire des religions, 1940). Y efectivamente, en una época en que las desigualdades sociales eran mayores que ahora, la élite de los maire, de los nobles y poderosos, tenía que ser muy dura de corazón, más rica, avara y egoísta que en la actualidad. Xente cativa, que decimos por aquí.

En euskera maindi y maide son variantes empleadas para denotar a los mairiak y a sus construcciones: Maide Korralia (curro de mouros). Es sumamente interesante que un término similar reaparezca en el dominio lingüístico anglosajón en los nombres de algunos de sus megalitos: The Merry Maidens, The Nine Maidens. Lo que me sugiere que hubo una reinterpretación o falsa etimología del antiguo maire / maide, "ancestro, noble", por el inglés maiden, "doncella", debido a la superposición de lenguas.

No obstante, el carácter femenino de las constructoras de megalitos, presentadas como Viejas o Cailleach en el folklore, y que no son otra cosa que versiones de la Madre Tierra, obliga a tener muy en cuenta también la posibilidad de que el vasco Mairi sea un préstamo del gascón maire, "madre", a su vez del latín matrem. Hipótesis que enlazaría con el antiquísmo culto a las Matres, que nos llevaría de nuevo a nuestros ancestros, pero de otra forma.
Estela megalítica de Guernsey conocida como La Gran' Mère du Chimquière o La Abuela del Cementerio.

sábado, 16 de marzo de 2013

Suárez

Soares, Suárez y Juárez son apellidos de origen galaico-portugués; no podía ser de otro modo, puesto que como apellido su mayor número de ocurrencias se produce en Portugal. Por otra parte, el étimo que vamos a proponer, solarem, "casa solariega", sólo ha podido experimentar la pérdida de -l- intervocálica en esta zona de la península.

En el Du Cange en línea se ofrecen varias acepciones para solarium. La primera, "piso superior de una casa", no se registra en los documentos galaicos, pues aquí la voz sobrado se ocupa de designar ese referente; es la acepción hispana de solaris o solarium, "locus idoneus solarium aedificando" = lugar idóneo para edificar un solario (en el sentido de la primera acepción).

La documentación medieval está plagada de referencias a so(l)ares, una forma de heredades que entronca con la propiedad feudal (v. Elucidário das palavras... de Joaquim de Santa Rosa de Viterbo):

-usque feriat in casale de Suare et illas alternas hereditates que contramutamus (CODOLGA, año 935)
-et inde ad illas rodas et inde ad Penam Soar et inde per cacumina montium (CODOLGA, año 1134)
-omnia ista sunt casalia regalia et soaria sancte Marie lucensis (CODOLGA, año 1160)
-damus vobis ipsum nostrum soarem de Villa Vetera que fuit nostra casa (CODOLGA, año 1189)
-cartam uenditionis de una leira que iacet ad fontem Solarii (CODOLGA, a. 1200)
-ibi totam meam hereditatem quam habeo in villa Sueyro (CODOLGA, año 1220)
-aprestamos suarengos (CODOLGA, documentación de Lourenzá, sin fecha)

De estas y otras ocurrencias se deduce que el topónimo solar(ium) evoluciona a suar / soar / sueyro (suero sería la versión castellana del préstamo galaico-portugués).

Como nombre propio se registran dos casos en la base de datos del CODOLGA: Solarius Lucidi (año 936) y Solarius Guttiherriz (año 941), que también evolucionan de la misma forma, con pérdida de -l- intervocálica, Soarius, Suero en versión castellana.

Si el origen del apellido se forma a partir del topónimo con el añadido del morfema derivativo -ici, Soares o Suárez, en última instancia sería lo que pertenece al solar, al suelo, a la propiedad vinculada a la tierra, a las casas solariegas o solares, que son el origen de varios linajes. De la misma opinión es António de Morais Silva: "estes soares tinhão foraes, privilegios do Senhor Solarego, que tinha nelles jurisdiccões, e os Solaregos sujeição, e obrigações reaes, pessoaes, etc. Daqui o appelido Soares" (Diccionario da lingua portugueza).

En Galicia aparece como topónimo en A Eira de Suárez (Arzúa), A Braña de Suárez (Vedra), O Tarreo de Suárez (Arteixo)...

sábado, 9 de marzo de 2013

La garra de oso de As Fádegas

En el nº 12 del Boletín del Instituto de Estudios Vigueses de 2006 Costas Goberna y de la Peña Santos daban cuenta de una curiosa noticia que encontró en La Voz del Tecla de 1914 Xoán Martínez do Tamuxe: unos buscadores de tesoros que seguían las instrucciones de un Ciprianillo -donde se afirmaba que "de la parte de allá del río Vilar, y dentro de una roca, marcada con un barco y dos ancletas, se encontraba un valiosísimo tesoro"- hicieron volar la piedra provistos de pólvora y barrenas. Con esta noticia se explicaba el misterioso deterioro de la parte central del casco de la embarcación del petroglifo de Oia.

 Barco de Pedornes, Oia. (C) Onnega 2007 para Celtiberia.net.


Recientemente, en As Fádegas (Ribadeo), el colectivo Mariñapatrimonio ha encontrado unos petroglifos podomorfos (As Pisadas do Encanto) y unas cazoletas al final de la senda de pisadas. Para el catedrático de Historia de la USC, Marco García Quintela, en este enclave se estaría representando "una sucesión de pisadas humanas que se acaban transformando en rastros animales" (Astrónomos de la Edad de Bronce, Silvia R., El País, 5 de marzo de 2013). En particular el profesor se inclina por la posibilidad de que sean huellas de oso: "en la parte superior de las cazoletas están claramente talladas cinco garras [...]. Podrían ser de oso, pero también de otro animal".

Posible cazoleta con forma de huella de oso en As Fádegas, As Pisadas do Encanto. (C) Mariñapatrimonio.

La extremada rareza tipológica de esta cazoleta, que no se parece en nada a los petroglifos de coviñas, de forma semiesférica o cóncava y superficie muy pulida, me hace sospechar que sea una consecuencia más de la lectura de los Ciprianillos, que fomentaban la búsqueda y el expolio de los tesoros ocultos por los gentiles. ¿Y por qué se les habría ocurrido a aquellas mentes calenturientas piquetear la roca en busca del oro escondido precisamente en As Fádegas? Muy probablemente porque aquí, antes de haberse descubierto ahora los petroglifos podomorfos, ya existía una leyenda local sobre el Encanto que habitaba el lugar; una leyenda que, a su vez, estaría motivada por los podomorfos, visibles hasta que con el paso del tiempo se depositó sobre ellos esa capa de sedimentos que ha vuelto a retirar hace poco la riada.

En estos falsos grimorios se incluían listas de lugares con tesoros por el simple hecho de que en ellos hubiese un petroglifo, considerado una señal utilizada por los mouros para marcar su escondite: "En el medio de la cruz de Gañado está una lanza de oro y dos alabardas debajo de una piedra que tiene rascado un pie de caballo" (Gran libro de San Cipriano).

Si acabase por demostrarse, no obstante, que estas cazoletas de As Fádegas son representación de huellas de animales, convendría repasar a los agrimensores romanos: Terminus sive petra naturalis, si branca ursi habuerit, lucum significat = Si en un cipo divisorio o en una piedra natural se representara una garra de oso, significa (el comienzo de) un bosque (Alicia M. Canto, La piedra escrita de Diana en Cenicientos, Madrid, y la frontera oriental de Lusitania, 2007, Celtiberia.net). Y aunque la profesora Canto traduce aquí lucus por un simple "bosque", no olvida a lo largo de su artículo recordarnos el carácter sagrado de estos bosques. 

En el caso que nos ocupa, la garra de oso de As Fádegas podría estar señalando un lucus consagrado a su Encanto, divinidad femenina de la naturaleza trasunto de la Diana romana. Una xana.

En cuanto a los podomorfos y la leyenda del Encanto: las huellas fosilizadas (icnitas), bien sean animales o humanas, así como algunas figuras que aparecen en la piedra por meteorización, se asocian constantemente a hierofanías o manifestaciones de la divinidad, y aparecen en la mitología de todos los tiempos y lugares. Para saber más sobre el tema recomiendo The folklore of footprints in stone: from classical antiquity to the present, de Mayor y Sarjeant, o Principles of ichnoarchaeology, de Andrea Baucon y otros.

Pegadas de Roldán, San Vitorio (Aranga). (C) Ángel Facio para Celtiberia.net, 2007.

domingo, 3 de marzo de 2013

La magia de las ligaturas medievales y las figuras de cordel

No existe juego popular que fascine más a los antropólogos que el juego universal que aquí llamábamos de la cuna y la cama, o la cuna y la sepultura, o algo así; para ser más exactos no conozco a nadie que recuerde su nombre, aunque es mundialmente conocido fuera por su apelativo inglés, cat's cradle (cunas de gato). Con un cordel unido por los extremos se van tejiendo con la ayuda de las manos y los dedos diversas figuras geométricas (la cama, la cuna, el ataúd, el violín, la pata de gallo...) que otra persona coge y transforma en nuevas figuras.

Entre los etnólogos existe la recomendación de que no es en absoluto necesario saber la lengua del lugar que se visite, lo único imprescindible para emprender la expedición es llevar un cordel con el que hacer figuras.

Sobrevive algún tabú en relación con este juego: por ejemplo a los niños esquimales se les prohibía jugarlo en la creencia de que, de mayores, sus dedos podrían quedar enredados en la línea del arpón; en otros lugares solo las parejas casadas pueden jugarlo, pues el juego ata, y no es deseable forzar la unión que aún no se ha producido. El juego conserva parte de su carácter mágico, y las figuras que se construyen sirven de base para relatar mitos del pasado. A veces es fuente de inspiración artística, pues las figuras se convierten en motivo pictórico y se consideran lugares imaginarios o soñados de los que puede extraerse cierto conocimiento.

Representación pictórica de un lugar imaginario realizado primero con el cordel y las manos. Wandjuk Marika, 1948 (The string figures of Yirrkala).

En Europa durante la Edad Media existía una prohibición supersticiosa en relación con cierto tipo de ataduras, que por entonces aún no eran consideradas un juego; estaba completamente prohibido por la Iglesia realizar ligaturas, ligamentos, evidentemente con cordel, pues con ellas se ataba a las almas doblegándolas. "Non liceat [...] ligaturas facere, quod est colligatio animarum".

Franco Maside y Pereira Menaut en "Notas arqueolóxico-epigráficas en torno á morte na Callaecia antiga" analizan el carácter funerario del motivo en aspa de las estelas galaico-romanas (Troitosende, Cabeço da Mina) y de los ídolos neolíticos (Dombate); en mi opinión, si bien es muy cierto que se trata de un tema estrechamente relacionado con el mundo funerario, el motivo en aspa podría ser la representación de las ligaturas con las que los vivos pretendían inmovilizar, doblegar, atar al difunto, víctimas del miedo ancestral a los muertos. Un caso más dentro del ámbito celtoatlático, en el cual aparecen con frecuencia en el registro arqueológico cráneos claveteados o aprisionados bajo enormes piedras.

Estela de Troitosonde. Franco Maside, para Celtiberia.net

En este sentido, se trataría de un trasunto de la siguiente costumbre que se registraba en Galicia hasta hace relativamente poco con los niños que tardaban más de lo habitual en echar a andar. Eran llevados por sus madres a San Matías, cerca de Lugo, para que "lles cortase a solta". Los ofrecían al santo, "y el día de la fiesta les llevan atadas las piernas con cordones de lana. En esta forma entran en la capilla y se dirigen al altar mayor, en cuyo presbiterio hay dos hombres: uno pone el Santo al niño y el otro le corta el cordón que ata sus piernecitas" (Jesús Rodríguez López, Supersticiones de Galicia, Madrid, Imprenta de Ricardo Rojas, 1910).

Por mi parte, como el francés de la entrada anterior, quedo a la espera de que algún experto en el folklore europeo (por ejemplo Fernando Alonso Romero) dedique un estudio definitivo al misterioso juego de las figuras de cordel, a ser posible en relación con la práctica mágica de las ligaturas.

Mientras tanto, nos quedamos con esta antigua poesía de Polo de Medina (s. XVII), que nos habla de un hombre tan desgraciado, con tan mala suerte y tan pobre, que ni para cama tenía; dormía en una de las figuras de cuerda del juego infantil:

El juego de los muchachos
la cama me representa,
pues si en qué duermo preguntan,
les respondo que en tabletas.
En la cama de cordeles,
(o la parrilla de cuerdas),
assándome de calor,
sin ser Lorenzo, me tuestan.

El nombre castellano parrilla de cuerdas conecta definitivamente la etimología del cradle inglés con el latín craticula, "parrilla (entramado), retícula", por alusión a la red en que se colocaba al niño. Por otro lado cama de cordeles, es sinónimo de hamaca, una de las figuras que se tejen en el juego.

Interior de una alcoba bretona. Sobre el lecho de los padres se colgaba la cuna, sujeta por una craticula o redecilla. (C) Ángel Facio, 2008.

sábado, 2 de marzo de 2013

La flor del agua: una antigua descripción del ritual hídrico del culto a las fuentes

Todos los trabajos etnográficos de Fernando Alonso Romero son excepcionales, y en particular dos son mis favoritos, Las mouras constructuras de megalitos y el que dedica a la flor del agua que recogen las mozas en la mañana de San Juan: La flor del agua, el saúco y el rocío en las tradiciones hídricas de la Europa céltica, Anuario Brigantino, 2006.

A finales del siglo XIX Marcial Valladares recoge un romance popular gallego en Vilancosta, que podríamos titular "Mañanciña de San Juan", o "Collendo n'a flor d'a auga". Valladares todavía escribe el gallego a la antigua, y nos advierte de que j, ge y gi se pronuncian como en francés. El romance se publicó en 1884 en el volumen IV de la Biblioteca de tradiciones populares españolas, dedicado al folk-lore de Galicia, y a cargo de Doña Emilia Pardo Bazán y otros escritores gallegos. El director de la obra, Antonio Machado y Álvarez, pensaba (aunque al final incluya una rectificación) que era una reminiscencia de la flor de loto, pero otros expertos identificaron a lo largo de estos años el motivo de la flor, que en otros lugares también aparece como "nata del agua" o "agua cimera", como una referencia a la superficie del agua, a lo más granado del agua, o bien a la luz del sol o de la luna reflejándose en el agua, etc.

Es un tema misterioso que nos conecta con el cambio de estación. Vicente Risco dijo que "a fror da auga é un dos misterios máis extranos e máis poéticos da noite de San Xoan". Se trata de una costumbe pagana que se ejecutaba en el solsticio de invierno y que por diversos ajustes en el calendario, que nunca fui capaz de entender, ha pasado a caer en San Juan. Con el estudio de Alonso Romero parece que esa flor del agua va revelándose como la superficie del agua, o tal vez el rocío que de madrugada cubre los campos, una bella metáfora del rocío como flor hecha de agua.

Y efectivamente, como nos dice el profesor, hace mucho tiempo el ritual transcurría durante el solsticio de invierno, como se refleja en este testimonio que ofrece Henry Meilan y que completa su estudio. En él aparece el uso documentado más antiguo del motivo de la flor del agua. Figura en latín, como "florem aquae", y va introducida por el inciso "ut dicunt" (como dicen ellos, el pueblo) que nos indica que se trata de una denominación popular, aunque latinizada por el autor del documento:

"Intempesta nocte surgunt nonnulli ut primi aquatum ducant suum pecus, quo abibant (ut dicunt) florem aquae sancti illius diei, rati fore ut hac ratione melius se habeant per integrum annum, in cujus aquae honorem serta fontibus imponunt" (Fêter Nöel ou pas? Une controverse dans la Eglise Neuchâteloise du XVI siècle, Henry Meilan, 1974).

La descripción del ritual nos habla de que en el solsticio de invierno, un día santo para el pueblo, se llevaba a media noche al ganado a abrebar la flor de agua para que se encontrase bien el año entero; el ritual se completaba imponiendo una corona de flores a las fuentes.

La primera gran diferencia con el ritual que se describe en nuestros romances es que antiguamente iba destinado al ganado. Además, en la tradición peninsular la explicación que se da a la costumbre de dejar un ramo en la fuente es bien distinta: "la primera moza que conseguía coger la flor del agua colocaba en la fuente una rama en señal de que ya se había llevado esa mágica flor, para que la joven que viniera tras ella viera la fuente enramada y tuviera que dirigirse a otro manantial" (del estudio de Alonso Romero).

Las tradiciones evolucionan de forma independiente en todas partes. Desde por lo menos 1923 en Neuchâtel se celebra el 12 de septiembre la Fête des fontaines de la siguiente forma: "les fontaines sont enguirlandées et dans leurs bassins on fait flotter des luminaires".


Fuente adornada con flores y velitas flotante, así como con faroles de colores. (C) Fanny Richard, Neuchâtel, 2011.

Meilan finaliza diciendo que deja a los expertos del folklore europeo la tarea de relacionar esta costumbre navideña de Neuchâtel con las prácticas ancestrales del solsticio de invierno, y la tarea encomendada creo que está más que cumplida por parte del profesor Alonso Romero.

Para este autor, y proporciona elementos de juicio suficientes, el ritual de la flor del agua no es un vestigio de las Fontinalia romanas, "in fontes coronas iaciunt et puteos coronant" (Varrón), que se celebraban el 13 de octubre; ambos serían manifestaciones de una creencia anterior y común con que se honraba a las divinidades de las fuentes. También el dicho popular latino "si aquam hauris, puteum corona!" = si coges el agua, ¡corona la fuente!, tuvo que provenir de esta antigua tradición extendida por la Europa céltica.

Ara luso-romana dedicada al dios Fontanus (Fontus, el manantial), ob aquas inventas. (C) Portugal romano.

martes, 26 de febrero de 2013

Callaecia, a Terra

Después del estudio sobre el topónimo Galicia, Gallaecia y sus etimologías, realizado por otro de nuestros ilustres y queridos difuntiños amantes de los ríos, el profesor Moralejo, añadir algo nuevo es, más que pretencioso, prácticamente imposible.

Pero se da la circunstancia de que en el estudio sobre los juegos populares del condado escocés de Argyll que mencionaba en la entrada anterior, se utiliza el término cailleach con dos significados, "terreno acotado para el juego" y "Vieja", esa entidad ctónica femenina informe que habita las leyendas gaélicas y, por lo que se ve, está muy presente en los juegos infantiles de los escotos. Equivale a nuestra poco conocida Vella, a la que Fernando Alonso Romero le dedica el precursor Las mouras constructoras de megalitos, es la Vieya asturiana que magistralmente estudia Cristobo de Milio Carrín en su imprescindible La creación del mundo y otros mitos asturianos. La Vieya, para el que no lo sepa aún, y sintetizo de la reseña que le dedica Blanco Martín y de lo que recuerdo de la lectura, es una deidad femenina que controla los fenómenos atmosféricos, y que ha creado con su enorme fuerza la orografía de la tierra que habitamos; se ha creado a sí misma, pues es la Madre Tierra, de la que todo y todos procedemos.

Cailleach es, por lo tanto, la Vieja Tierra, a Terra.

El propio Maclagan, autor de The games & diversions of Argyleshire, llama la atención sobre el hecho de que los niños escoceses usen el mismo término para designar a la Vieja y al terreno de juego, y lo considera una broma infantil. Sospechemos siempre de estas explicaciones trapalleiras, sobre todo si con ellas se trata de justificar algún aspecto de la compleja y ancestral ritualidad del juego tradicional, infantil y popular. Los juegos y tradiciones populares son el refugio de antiguas creencias cristalizadas. Acabamos de ver que Cailleach, la Vieja, no es otra que la Vieja Tierra, la divinidad ctónica, el gran campo de juego donde transcurre el juego de la vida. Por esto mismo, no se trata de una broma infantil de los niños escoceses el hecho de que su cailleach sea al mismo tiempo la Vieja y el campo acotado para el juego, esa tierra en miniatura que demarcan para, sobre ella, realizar la simulación de la vida, que es el juego.

En nuestros juegos infantiles la cailleach se desdobla en los elementos casa y madre. Recordemos: la casa era donde no te podía pasar nada, donde estabas protegido y no te podían atrapar, y la madre gobernaba el juego aunque no participaba, era un papel importante pero aburrido. En algún juego en particular, como la mariola o la chapa, el campo que se dibuja contiene una casilla llamada tierra.

Si existe relación etimológica entre cailleach y Callaecia, que podría ser, ha de ser necesariamente esta. Nuestro territorio, nuestra tierra, nuestro campo de juego, a terriña, el terruño, el microcosmos como macrocosmos. No hay nada más importante para el ser humano que su tierra, que para él es la única Tierra.

 Ceann Caillí, Punta de la Tierra / Cabeza de la Vieja. Acantilados de Moher, Irlanda. (C) Wikipédia.

lunes, 25 de febrero de 2013

Campos de juego - campos de batalla

Ya hemos dedicado alguna entrada de este blog a los topónimos motivados por la ¿falsa? creencia popular de que en aquellos lugares, todos ellos con evidentes restos arqueológicos, se entretenían nuestros antepasados o razas extintas jugando o bailando: Juego de la Pelota, Bolera de los Moros, Chorea Gigantum (baile en corro de los gigantes), Pena Escorregadoira, etc.

El frecuentísimo topónimo irlandés Fullacht Fiadh nos es conocido por los mapas de la Ordnance Survey, que meten más la pata que los de la Wikipedia con la toponimia gallega. En estos mapas, aunque cada vez más precisos, tienden a escribirse a la inglesa los nombres gaélicos, de forma que, por poner el ejemplo más increíble, unas Sliabh Grian [eslíb grin], que en gaélico son "colinas orientadas al sol", se transformarían en unas mangas verdes, como las de la composición musical Green Sleeves [grin eslíbs]. Quiero decir con esto, que intentar reconstruir el verdadero topónimo que nos ha llegado a través del pálido reflejo de la Ordnance Survey es bastante complicado. Ni siquiera con el auxilio de las prospecciones arqueológicas que se han realizado en estos sitios, pues los expertos no se ponen de acuerdo en si se utilizaban como saunas o baños, lugar de celebración de una suerte de parrilladas comunales, o como escondite (folach) de los guerreros Fianna.

En The games & diversions of Argyleshire de Robert Craigh Maclagan se describe el juego del escondite escocés, que se denomina Falach Fead o Folach Fead, cuya pronunciación coincide con la de los Fullacht Fiadh desperdigados por varios puntos de los mapas de Irlanda de la Ordnance. Antes de comenzarlo, es indispensable trazar un campo circular o cailleach, un espacio marcado donde se desarrolla el juego. Es posible que al paisano irlandés que viese estas construcciones circulares le pareciesen campos de juego, por ejemplo para jugar al escondite, de ahí la denominación.

Campo del Juego del Escondite o Folach Fead de Dromberg.

Pero también es posible que los cromlechs fuesen realmente campos de juego. En fin, como nada une más a los hombres que el fútbol, tener el estadio mayor que el vecino, y el equipo de campeones mejor, no me extrañaría nada que esa idea fija que motivó al clan a superarse construyendo un monumento para la posteridad del calibre de Stonehenge fuese el fútbol u otro deporte de pelota, ser los champions league, tener un campo descomunal que dejase al del clan vecino a la altura del betún.

 (C) Alexei Talimonov

En este contexto, Cuchulainn habría sido el primer gran fichaje del Ulster, de ahí su nombre, Setanta (palo para jugar al hurling, camán), Conchobar el primer "míster" conocido, y el Táin Bó Cúailnge, la primera crónica de un partido. Leyéndola, no acabo de decidir si se trata de un encuentro deportivo descrito como una batalla campal, o al revés. Lo mismo sucede con la mítica batalla entre los Tuatha De Danaan y los Fomorios en el campo de Mag (Mag / Macha = majada) Tuireadh, que no se sabe si es un partido de hurling o una guerra, si estamos en un campo de batalla o en un campo de juego. Pero para el caso es lo mismo, pues deporte y guerra fueron de la mano en aquella época: Sport in the Making of Celtic Culture, de Grant Jarvie; Shillelagh: The Irish Fighting Stick, de John W. Hurley.


Tumba de un campeón irlandés, con su espada, pelota y esa especie de palo de golf llamado camán o setanta. Iglesia de Clonca, Donegal.

Respecto a la etimología de camán, es necesario resaltar que el bastón de los pastores (del cual se apropió la Iglesia para usarlo como báculo) se denominaba cambuta o cambuca, supongo que porque era curvo por arriba (celta *kambo = curvo), mientras que su extremo terminaba en pico o iba armado con una punta. El Instituto Pontificio parece estar de acuerdo en el parentesco entre camán y cambuta, por cierto que sus comentarios de la Biblia se editaron en la romana Piazza della Pilotta. Según las narraciones irlandesas, los camán de los héroes de estirpe real solían adornarse con filigranas de oro, justamente como varios "báculos" que han aparecido por toda Irlanda.

 Cambuta de Lismore, en el centro.

En la Bretaña francesa, y emparentado de todas las formas posibles con el hurling, existe el lacrosse o jeu de crosse (crosse = bastón de pastor, báculo); pero aquí se denomina horell a la bola que se lanza, impelida por un bastón curvado por su extremo (bazhig kamm = bastón curvo), mientras que en Irlanda el "horell" es el propio juego.

En Portugal tenemos el jogo da choca o jogo da reca, de la choca (chueca en España) o de la reca (recua en España) porque con él se representaba "a condução de uma vaca ou de uma reca para a corte". Nada es anecdótico en el estudio etnográfico. El motivo por el que se juega o se lucha en el  Táin Bó Cúailgne irlandés está descrito ya desde el principio en su título (El robo del toro de Cúailgne) y es el mismo que aparece en la choca portuguesa: la conducción a casa de la recua de vacas, robada por el clan o equipo contrario. El juego es, parece, la representación de una batalla mítica entre clanes neolíticos de pastores.

Y así es como Pedro de Menezes, el primer conde de Vila Real, se convierte en el Cuchulainn portugués: cuenta la leyenda que mientras jugaba a la choca con otros caballeros fue requerido con urgencia para combatir contra los moros, y armado de su aleu (bastón de lucha, camán, probablemente del latín malleum) dio buena cuenta del enemigo. La vieja etimología que relacionaba Lusitania con lusus (ludere, "jugar") no va tan desencaminada si la completamos con la identidad juego-combate; de "lusum" decía Plinio citando a Varrón, que ha de tener el mismo sentido que en "ludus Troiae" (guerra de Troya).

Siempre podremos darle a esta hipótesis de los cromlechs como palestra un tono más serio añadiendo que el hurling o la choca u otro juego de pelota, tal vez predecesor del fútbol, tuvo un carácter sagrado, como el juego-ritual de pelota mesoamericano en el que se cree que la pelota representaba al sol (por lo menos en Europa, la bola representa la recua de ganado): "these matches and games, played on special, sacred playing fields [está hablando de Tara], were part of a large social and cultural fabric, which infused and united Irish society" (Hurley, pg.88). Podremos adornarla con retórica (cierta) sobre el deporte como elemento identitario y de gran poder socializador, hablar de las olimpiadas griegas, o del atleta como héroe y guerrero. Pero en mi opinión no dejará de ser nada más, y nada menos, que fútbol, el opio del pueblo. Fútbol es fútbol, que decía Boskov.


(C) Claude Serre

Quede para la reflexión el nombre que recibe una estación megalítica del País Vasco, Pilotasoro, "juego de la pelota", que cuenta con un buen número de cromlechs para sus pelotaris. O el del cromlech de Eira das Meigas (Malpica de Bergantiños), llamado también Circo dos Xogos. Gimbutas, sin prueba alguna, pero es que a ella no le hacía falta darlas, afirmaba que los "megalithic henges, characteristic of Old European culture, were apparently built not as monuments to individual power but as community festival centres and meeting places, perhaps also as grounds and courses for sports and games' (La civilización de la diosa).

Los pueblos de pastores neolíticos dejaron sus bastones identitarios grabados profusamente en varios megalitos del noroeste de Francia, siendo el más conocido el caso de la Table des Marchands; en Portugal, se depositaron piezas votivas de pizarra en forma de báculo en las cámaras de los dólmenes. Es incuestionable que los pueblos constructores de los megalitos eran pueblos de pastores, por ello la pervivencia de su principal elemento identitario, el bastón o cayado, durante milenios (que enlaza el megalitismo con la celticidad atlántica) sugiere que la Teoría de la Continuidad desde el Paleolítico, propuesta por Alinei y otros autores, se aproxima bastante a lo que ocurrió en realidad. Los celtas no vinieron de fuera, ya estaban aquí.


Uno de los tres círculos líticos de The Hurlers, Craddok Moor (Cornualles). La tradición dice que son jugadores transformados en piedra, por jugar al hurling en el día del Señor.